El sueño roto de formar una familia

Los padres de Julen siempre desearon tener hijos. Tras la muerte de Oliver, «quisieron dar otro hermanito al pequeño, pero también les salió mal», cuenta la abuela materna

Los vecinos de Totalán se concentraron a las puertas del Ayuntamiento para recordar al pequeño Julen con un minuto de silencio / Foto: Reuters
Los vecinos de Totalán se concentraron a las puertas del Ayuntamiento para recordar al pequeño Julen con un minuto de silencio / Foto: Reuters

Los padres de Julen siempre desearon tener hijos. Tras la muerte de Oliver, «quisieron dar otro hermanito al pequeño, pero también les salió mal», cuenta la abuela materna.

El Vía Crucis de Vicky García y José Roselló llegó ayer a su final, después de 12 días de angustia y de una absoluta esquizofrenia de sentimientos entre la esperanza y el desánimo. El matrimonio malagueño no se ha separado ni un solo día del pozo de Totalán en el que estaba atrapado su hijo Julen de dos años y medio. Tan sólo en una ocasión se acercaron (aconsejados por Juan José Cortés, uno de los principales apoyos de la pareja) a su casa de El Palo, para cambiarse de ropa. Allí, en este humilde barrio de Málaga, han aguantado la respiración durante las semanas de incertidumbre. Un barrio que les ha visto nacer, crecer y sufrir.

Y es que Vicky y José, de 29 años, pertenecen a familias muy conocidas y queridas en esta barriada de pescadores, Las Protegidas, plagada de casas bajas y pequeños bulevares por donde hace unas semanas correteaba Julen con su triciclo, aún apostado en la vivienda familiar. Con el matrimonio, que llevan juntos desde hace 17 años, es decir desde los 12, no solo han llorado por Julen, también lo hicieron en 2017 cuando «los Roselló» perdieron a su hijo mayor Oliver a causa de una cardiopatía que le provocó una muerte súbita cuando el niño de entonces tres años se desplomó cuando paseaba con su madre, su tía y su prima por la playa de Pedregalejo. «No puedo entender que han hecho para merecer esto, con lo que les gustan a ellos los niños. Vicky tiene dos hermanos y José otros dos, querían formar una gran familia», dice Reme, la madre de Vicky.

Aquello marcó el origen de sus desgracias. Entonces, la familia vivía en casa de Mari Carmen, la abuela paterna, en la calle Practicante Fernández Alcolea, que se encuentra a pocos metros de su actual residencia. «Pero la niña se estaba volviendo loca, no aguantaba más así que se mudaron a la casa de la tía Elena –hermana de Remedios­–, que está soltera y tiene una casa más amplia», explica dicho familiar. Elena, con lágrimas en los ojos lo confirma, durante estos dos años ellos vivían en la planta de arriba de la casa y ella en la planta baja. Nos muestra los juguetes del niño, su triciclo, sus pelotas, «hasta cinco, era un gran futbolista, es zurdo y del Real Madrid, daba unos buenos balonazos desde chico», relata.

Julen iba a la Guardería Palotes, próxima a su casa. Allí, la madre de una de sus compañeras nos habla de la desgracia que ha conmocionado al barrio. «Esta era su amiguita, estamos destrozados», nos dice. Candela, la que Reme dice que era la «novieta» de Julen, sigue mirando la puerta de la casa esperando que el niño salga por ella para jugar. José ha sido quien en estos años, tras la fatal muerte de Oliver ha estado más cerca de Vicky, pero no conseguía remontar. «No ha querido recibir ningún tipo de ayuda psicológica», subraya. Es más, el matrimonio no se dio por vencido y pese a que Oliver seguía muy presente, «ambos querían darle otro hermanito», nos explica una de las personas más próximas al matrimonio. «Sus tíos adoraban a los niños y Vicky y José tenían una ilusión, devolver a Julen un hermano que el destino les había arrebatado. Pero también les salió mal. Vicky se quedó embarazada pero se produjo un aborto en un estado avanzado de gestación por una serie de problemas en el feto.

La pobre quedó hundida, no saben si podrán tener más hijos. ¿Qué han hecho ellos para merecer esto? Es una injusticia», relata dicho familiar. Desde 2017, no hay un día que Vicky no haya ido al cementerio a depositar juguetes y flores en la tumba de Oliver, la mayoría de las veces acompañada por su madre Reme y José. Antes, la joven de 29 años trabajaba en programas de ayuda a la dependencia con personas mayores, pero tuvo que dejarlo. Hace cuatro meses comenzó a trabajar en el McDonalds que hay en el centro comercial del Rincón de la Victoria. «Ya ves tú, ganaba cuatro duros la pobre chica, pero parecía más contenta, hasta que se produjo el aborto, qué desgracia», añade la que ha sido su mayor apoyo durante todos estos años. José intentó salir del agujero negro en el que ambos estaban atrapados a través del trabajo, con su tío viajaban por toda la provincia para montar puestos en las ferias. «Es más, el día que murió Oliver él estaba en Sevilla, trabajando.

Su madre le llamó por teléfono para decirle que su hijo estaba malito, no quería decirle que había muerto. Vicky esperó en el hospital con el cuerpo del niño sin vida en brazos durante tres horas para que José pudiera verlo. Fue terrible», relata Mari Carmen, vecina y amiga íntima de la familia. Elena, la tía de Vicky y con la que han compartido vivienda desde aquel fatídico 14 de mayo de 2017, nos cuenta que ella también sufre depresión desde entonces, un mal que ha repercutido en su salud física. «Yo sigo escuchando al Julen como me decía “Enana, enana, vamos a jugar a la pelota’’», el sábado, el día antes de que se fueran al campo a Totalán, le hice la sopa maravilla que tanto le gusta. Estaba dormidito y le dije a José, que para mí es como mi hijo, que se la dejaba hecha por si se despertaba. Al lado tenía una gran bolsa de chucherías que tanto le gustaban y que luego llevaba en las manos cuando cayó al pozo. No sé lo que va a ser de nosotros ahora», confiesa. José, en su WhatsApp, muestra la foto de sus dos hijos, sus niños, a los que llevará siempre en el corazón.