El «trans» que cambió de idea

Walter Heyer se operó para convertirse en mujer y volvió a hacerlo para ser hombre

Walter Heyer se operó para convertirse en mujer y volvió a hacerlo para ser hombre.

«El respiro que me proporcionó convertirme en mujer fue temporal. La ropa y el maquillaje ocultaban a un niño herido por un trauma infantil». Siete décadas de vida llenas de confusión, dolor y alivio entretejidos. Es la historia de Walter Heyer, el estadounidense que se sometió a un cambio de sexo para convertirse en mujer y ocho años después se operó para volver a ser hombre. Se trata de uno de los ponentes del I Congreso Internacional sobre Género, Sexo y Educación, organizado por HazteOir y CitizenGO.

Las dudas le asaltaron a edad temprana. «A mi abuela le gustaba vestirme de niña», explica a LA RAZÓN, el escritor y conferenciante. Corrían los años 40 y, mientras sus padres trabajaban, el pequeño «Walt» quedaba a cargo de aquella mujer que solía ponerle un vestido de chiffon color púrpura. Pero Walt no la culpa de su sufrimiento posterior. «Yo le introduje esa idea. Sólo intentó satisfacer mi curiosidad», y confiesa: «Fui yo mismo, con mis dudas, el que guió a mi abuela a vestirme así».

«Era un secreto entre mi abuela y yo», recuerda. Sus padres no descubrieron lo que sucedía hasta después de dos años y «cuando se enteraron, no me permitieron a ver más a mi abuela». Años después, «sólo me dejaban verla si estaban presentes». Sus padres aportaron a su incertidumbre sexual cuando comenzaron a protegerle excesivamente. Además, según relata el diario «Daily Mail», su hermano adoptado, Fred, abusó sexualmente de Walt.

El estadounidense quiso dejar atrás aquello, y décadas después se casó con una mujer con la que tuvo dos hijos. Sin embargo, nunca dejó de cuestionarse su identidad y a la edad de 42 años, en 1983, decidió someterse a una cirugía de reasignación de género. «No había mucha información en aquella época», aclara, Heyer, que acudió a un especialista que «rápidamente» le diagnosticó «disforia de género». «Este psiquiatra, supuestamente, quería ayudarme. Pero fue él quien decidió que la única manera de hacerlo era someterme a un cambio de sexo».

Reitera que, por la falta de información, se convenció de que «la cirugía era la única salida a mis problemas» y describe este cambio físico como «tremendo». En lo social, debió separarse de su esposa y aguantar las críticas de su entorno, especialmente de sus hijos. Aun así decidió comenzar una vida nueva bajo el nombre de «Laura Jensen».

Tras el cambio, recuerda experimentar una «ligera sensación de euforia». Aunque le costó encontrar trabajo en San Francisco (California), expresa haber «vivido bien» como mujer. Sin embargo, Heyer relata que fue sufriendo un «terrible proceso destructivo». A los seis años de ser reasignado, comenzó a empaparse de estudios psicológicos que le llevaron a entender que «el doctor se había equivocado y que yo no necesitaba realmente esa cirugía». Y entonces, decidió volver a ser hombre.

«Me criticaron más duramente por mi segundo cambio que por el primero», confiesa, a este diario. Según expresa, el colectivo LGTBI+ sintió que les «daba la espalda». Por ello, Walter Heyer manda un mensaje a la comunidad LGTBI+: «Aunque sus intenciones sean buenas, muchos activistas a favor de la aceptación de los transexuales están evitando, en realidad, que personas reciban la ayuda psicológica que necesitan».

En este contexto, la comunidad LGTBI+ considera relevante conocer la diferencia entre transexual, travesti y transgénero. En cualquier caso, hoy Heyer ejerce como consultor para personas que se plantean una reasignación de género.