Hasta Madrid presume de playa

En playas con banderas azules no hay país que nos ensombrezca. Hablamos de un patrimonio excepcional con un rendimiento económico a la par

En playas con banderas azules no hay país que nos ensombrezca. Hablamos de un patrimonio excepcional con un rendimiento económico a la par.

Piensen en una actividad, campo o disciplina en la que este país haya sido referencia en los últimos 31 años. Luego imaginen que esa jerarquía se convierte en liderazgo absoluto. Los mejores del mundo, y no hablamos de fútbol, por una vez. Lo hacemos de un escenario imprescindible en el tórrido verano que tenemos encima. Las playas. Las nuestras, por calidad y, sobre todo, por cantidad, nos convierten en un espejo para el planeta. Ningún país alcanza el grado sobresaliente del que disfrutamos desde 1987. Esa exclusiva distinción se visualiza a través de la concesión de la denominada bandera azul.

Este año no será una excepción y 696 puntos de nuestro litoral enarbolarán la enseña eminente. Serán doce más que el pasado ejercicio a una distancia muy considerable de países como Francia, Turquía y Grecia, que se mantienen en nuestra estela. El compromiso de los poderes públicos especialmente locales y autonómicos por alcanzar y mantener esos estándares de excelencia ha sido y es realmente ejemplar, pues la exigencia para lograr la certificación no es menor. Hasta Madrid ha logrado su primera bandera azul en 2018 en la Playa de la Virgen de la Nueva en San Martín de Valdeiglesias, que fue izada el pasado jueves. Las cifras son incontestables en torno a este abrumados dominio. Más allá de los 300 días de sol al año que nos predisponen de forma natural a una actividad turística y de ocio determinada, una de cada cinco de las 3.000 playas del país poseen la categoría de excelentes. Con esa magnífica oferta era inevitable que este país sostuviera su oferta turística en buena medida sobre el sol y la playa.

Aunque en los últimos años ha existido una irresponsable corriente de opinión dirigida a relativizar ese modelo como empobrecedor y de beneficios limitados, la realidad es que diversificar los estímulos para atraer al visitante no puede hacerse a costa de socavar un patrimonio excepcional y un motor económico único. Los cinco destinos españoles más demandados por los turistas en un año récord como el pasado fueron de sol y playa: Cataluña, Baleares, Canarias, Andalucía y Comunidad Valenciana. Tenemos un tesoro que preservar y mejorar. No es poco lo que nos jugamos en esa tarea.