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La matemática del amor

¿Se puede encontrar la pareja perfecta? Expertos de la Universidad de Florida descubren el «mecanismo» para prevenir e incluso evitar las infidelidades. Para ello, analizan factores como los gustos, el tipo de vida, la satisfacción marital, la condición social y el compromiso, entre otros.

  • Jenny y Chad en el parque McCarren de Nueva York.
    Jenny y Chad en el parque McCarren de Nueva York.

Tiempo de lectura 5 min.

14 de febrero de 2018. 15:00h

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Jorge Alcalde.  14/2/2018

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Sólo Cupido sabe si una pareja va a funcionar. La duración del amor, chistes aparte, es un arcano. Creemos que entendemos bien los resortes del romanticismo y que podemos controlar las emociones hasta el punto de prometer amor eterno. Pero la realidad es tozuda. Y la mayor parte de las uniones se rompen antes de que la muerte separe a los unidos. El amor para siempre es una lotería de la que no todo el mundo puede disfrutar. ¿O sí? ¿Y si hubiera algún patrón científico útil para predecir el éxito de una relación?

A punto de comenzar la mundial celebración del amor romántico por San Valentín, una nueva investigación advierte que es probable que tal algoritmo exista: puede que se hayan identificado predictores claros para alertar de que una pareja está condenada al fracaso. Se trata de un trabajo de la Universidad de Florida y que, por primera vez, objetiviza los factores de riesgo de una unión sentimental.

El estudio ha sido publicado en Journal of Personality and Social Psychology y ha detectado algunos síntomas claros que conducen a una propensión a la infidelidad y a la ruptura. La infidelidad es una de las causas más comunes de extinción de una pareja. Con este nuevo descubrimiento quizás podría prevenirse y quién sabe si evitarse.

Los expertos de la Universidad de Florida han realizado un seguimiento de 233 matrimonios desde que estaban recién casados hasta tres años y medio después del enlace. Durante el estudio se ha documentado toda la información íntima posible: gustos, tipo de vida, satisfacción marital, compromiso y si ha existido alguna infidelidad.

A todos los miembros del estudio se les realizaron tests psicológicos que pretenden determinar el grado de dos variables conocidas entre los expertos en pareja. Uno es el llamado cesamiento de la atención. El otro, el potencial de devaluación de la relación amorosa.

El cesamiento de la atención es la habilidad para retirar la atención a una persona atractiva. Si estamos solos o en búsqueda de pareja, nuestro cerebro se centra en la búsqueda de personas que pueden resultarnos atractivas y, por lo tanto, podrían ser potenciales futuras parejas. Pero si estamos felizmente relacionados con una pareja esta capacidad de atención se desvanece y, aunque estemos rodeados de personas atractivas dejamos de verlas siempre como tales.

El potencial de devaluación de la relación es la tendencia a que el atractivo que sentimos por alguien sea menor que el que siente el resto de la gente. En otras palabras, a ver menos atractiva a una persona que el resto considera atractiva.

Para determinar ambos valores, los científicos utilizaron tests de respuesta ante imágenes de personas atractivas. A los voluntarios se les exponía en diferentes periodos a una sucesión de fotografías y se registraba su grado de atención visual.

Sistemáticamente, las personas que en la primera prueba retiraron antes la vista de una persona atractiva resultaron ser menos propensas a una infidelidad en el futuro.

La medición fue tan precisa que se ha podido incluso generar un valor universal. Los voluntarios que retiraron la vista unos cientos de milésimas de segundo antes que la media resultaron ser un 50 por 100 menos propensos a buscar sexo fuera de la pareja. Al contrario también funciona: cuanto más tiempo se mantiene la mirada, más probabilidad de acabar siendo infiel.

La tendencia a devaluar el atractivo también es un predictor de estabilidad. En este caso, se midió pidiendo a los voluntarios que puntuaran la atracción que sentían por las imágenes expuestas. A menor generosidad en la puntuación, menor tendencia a la infidelidad.

Ambas reacciones, que sirven como predictores del éxito de una pareja, son inconscientes. Por mucho que queramos enmascararlas, es imposible y pueden estar condicionadas en parte por la biología y en parte por la educación durante la infancia. Pero según los expertos, un correcto entrenamiento emocional puede ayudarnos a mejorar nuestra habilidad para prescindir de las tentaciones foráneas.

El estudio analizó otros factores que pueden contribuir a la infidelidad. Sexo, condición social, edad, grado de satisfacción en la pareja... Al contrario de lo esperado, las parejas sexualmente satisfechas tuvieron mayor tendencia a la infidelidad, quizás porque ese factor signifique que esas personas son más abiertas y positivas hacia el sexo.

Con todos esos datos los psicólogos creen que podría establecerse una suerte de algoritmo que determine de manera matemática el futuro de una relación. Quién sabe si con él seremos capaces algún día de encontrar una prueba del algodón de la pareja perfecta y acudamos a la matemática en lugar de a Cupido. De hecho, ya lo hacemos. No son otra cosa que matemáticas los datos que utilizan las webs de búsqueda de pareja para tener éxito. Su grado de fiabilidad depende de la capacidad de hallar los factores que distinguen una pareja muy satisfecha con su relación de las que no están contentas, y de las que directamente se separan. El trabajo de los expertos en algoritmos contratados por estas webs se centra en predecir dos parámetros que determinan la calidad de una relación: la satisfacción y la estabilidad.

El alimento de esos algoritmos son los datos que suministran los usuarios que responden durante unos 20 minutos a cuestionarios de hasta 200 preguntas. ¿Realmente funcionan?

Bajo el título de «Citas online: análisis crítico desde la perspectiva de la psicología», cinco investigadores de otras universidades estadounidenses publicaron en «Psychological Science» una réplica a esta supuesta eficacia de los sitios de citas. El artículo reconocía la capacidad de estos algoritmos para originar y preseleccionar citas con potencial atractivo. Pero presentaba sus dudas en cuanto a la calidad de las relaciones que se obtienen. En el fondo, las matemáticas son más poderosas que nosotros a la hora de cribar posibles parejas, pero solo nuestro corazón y Cupido saben si seremos capaces de mantenerlas en el tiempo.

¿Existe el amor verdadero?

«El amor es un sentimiento que la persona vive con ansia porque conlleva cambios neurofisiológicos». Para Silvia Rodríguez, experta en dependencia emocional, «lo que ha cambiado es lo que incluimos o no dentro de las relaciones». Éstas, cada vez más, se centran en cubrir necesidades personales más allá del sentimiento real. El amor es dar, pero sin perder la identidad ni la integridad.

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