La monja Paciencia Melgar, dispuesta a volver a Liberia tras superar el ébola

El religioso cántabro José María Viadero participa en la reapertura del hospital San José de Monrovia, llevada a cabo el pasado lunes

La monja guineana Paciencia Melgar, superviviente del ébola y que trabajó junto al religioso Miguel Pajares, fallecido por el virus, y donó su suero a, entre otros, la auxiliar de enfermería Teresa Romero, ya curada, ha afirmado en Santander que está “en condiciones para trabajar” y ha asegurado que se pondría “contentísima” si le dicen que “mañana” debe volver a Liberia, donde contrajo la enfermedad.

“No es una decisión que depende solo de mí”, ha aclarado Melgar, quien ha recordado que pertenece a la orden Misioneras de la Inmaculada Concepción y, por tanto, son sus superiores los que deben decidir si vuelve o no.

La misionera, que llevaba once años trabajando en Liberia cuando fue infectada el pasado verano con el virus mientras trabajaba en el hospital San José de Monrovia, es una de las participantes este jueves en una mesa redonda sobre el voluntariado hospitalario organizada por el Hospital Santa Clotilde de Santander con motivo del 75 aniversario del centro.

Llamamiento a Europa y a América

Melgar, que aparte de a Romero ha donado su plasma para la curación de otros enfermos, entre ellos el Hermano Manuel García Viejo, fallecido, ha relatado que el ébola era algo que pasaba pero “como que no” hasta que desembarcó en Europa y América.

Ha explicado que, cuando llegó la enfermedad a ambos continentes, fue como “si la tierra se hubiera movido”, una especie de “terremoto”, que hizo que la gente se “despertara” y se haya “sensibilizado” para “salir al encuentro” del ébola y “ayudar” a los países que la padecen.

Aunque esta religiosa reconoce que América y Europa están “haciendo” algo contra el ébola, considera que “se podía hacer más” y ha advertido de que “cuanto antes mejor” porque hay “muchos niños huérfanos” y “mucha gente sigue muriendo”, donde además la enfermedad está afectando a la economía de los países que la padecen.

Acompañada en la rueda de prensa por el superior provincial de la orden de San Juan de Dios, Miguel Angel Varona, la misionera ha opinado que América y Europa deben “abrir la ventana y una puerta” para que estos países que sufren el ébola “tengan una esperanza y un futuro”.

Sobre este asunto, Varona ha reconocido que estos continente han empezado a actuar “cuando les ha afectado”. “Y bienvenido sea”, ha dicho el religioso, que ha defendido que si no hubiera repatriado a principios de agosto al religioso Miguel Pajares, que trabajaba en el mismo hospital que la religiosa, al final habría entrado en España algún infectado con ébola y hubiese cogido “desprevenido” al país y a Europa y habría sido “más grave”.

A su juicio, y a pesar de las “dudas” que generó en parte de la sociedad la repatriación de Pajares, ha opinado que ha supuesto un “antes y un después” ya que hizo que España y Europa se tomaran “en serio” la enfermedad, se prepararan para atenderla y se sensibilizaran.

Si no hubiera sucedido España y Europa habrían perdido un mes para desarrollar mecanismos para enfrentarse contra el ébola, por lo que considera que “indirectamente ha salvado muchas vidas”.

Melgar, que trabajaba en el mismo hospital de la Orden de San Juan de Dios con Pajares no fue, al contrario que éste, repatriada por no ser española y superó la enfermedad en un campo de ébola de Liberia, un lugar donde “vas y no vuelves”, según ha dicho.

Antes estuvo varios días junto a otros enfermos en la casa que la comunidad tenía en Monrovia, donde murieron varios de sus compañeros del hospital y, según confiesa, fue “la experiencia más dura de su vida”.

Ha explicado que en esos primeros días “hubo comunicaciones” desde España que les “prometían” repatriarles y reconoce que “esperaron” durante varios días un avión que “no llegaba” y que cuando lo hice se llevó a dos: a Miguel Pajares y a la hermana Juliana.

Finalmente llegó a Madrid el pasado 25 de septiembre procedente de Liberia después de haber superado la enfermedad, con el objetivo de donar sangre para el religioso Manuel García Viejo, que se encontraba ingresado en el Hospital Carlos III infectado por ébola tras haber sido repatriado a España procedente de Sierra Leona. Sin embargo, el misionero falleció ese mismo jueves.

El suero de la religiosa sirvió para tratar a la auxiliar de enfermería Teresa Romero. Ahora el Gobierno de España le concedió el pasado 21 de noviembre a ella y a la también misionera Helena Wolo, natural de Liberia, por donarlo para tratar a otros pacientes.

Cuestionada por lo sucedido, Melgar “entiende” que no la repatriaran junto a Pajares al no ser española, algo que establece la Ley. “Cuando se hace una ley es para cumplirla”, ha dicho la misionera, quien ha apuntado que, sin embargo, las personas “están por encima” de la ley.

Para concluir la rueda de prensa previa a la mesa redonda, la misionera ha querido llamar a la reflexión planteando al aire la frase: “Hoy no estoy infectada, pero sí afectada. ¿Y tú?”, ha concluido.

Reabre el hospital donde trabajaron Pajares y Melgar

Aunque la intervención de Melgar y Varona se ha centrado en la experiencia de la orden y en la personal con el ébola, han recordado que hay otras enfermedades en Africa, como la malaria, el tifus, infecciones o partos, que están produciendo “tres o cuatro veces” más muertos que los del virus.

Concretamente, Varona ha explicado que ahora, con la ayuda internacional, se están abriendo más recursos en esos países para luchar contra el ébola pero se han preguntado qué hacer con los enfermos que no lo tienen y que padecen otras dolencias que causan más muertes.

Al hilo de esta reflexión, Varona ha anunciado que el hospital de la Orden de San Juan de Dios en Monrovia, cerrado tras el brote de ébola, ha vuelto a reabrir el pasado lunes y tratará a enfermos no infectados por el virus. Se ha comenzado por una sección materno-infantil y se continuará de forma “casi inmediata” por una infantil.

Actualmente, hay tres religiosos de la orden en el hospital, uno de ellos el hermano José María Viadero, natural de Igollo (Camargo), además de voluntarios de distintas organizaciones internacionales. También ha colaborado en la reapertura el Gobierno de Liberia.