#MeToo: La rebelión contra el acoso sexual llega al Parlamento Europeo

El caso del productor Harvey Westein ha resucitado con fuerza un movimiento contra el acoso sexual nacido hace diez años. No sólo las actrices se han animado a denunciar, incluso asistentes de la Eurocámara han dado la voz de alarma: «Es un hervidero de acoso».

El caso del productor Harvey Westein ha resucitado con fuerza un movimiento contra el acoso sexual nacido hace diez años.

«Todo poder es débil a menos que permanezca unido». La moraleja de la fábula de Esopo fue entendida por varias actrices como la herramienta más eficaz para destapar los abusos sexuales cometidos durante años por el todopoderoso productor de Hollywood Harvey Westein, que consiguió silenciar a golpe de dinero, poder e influencia. «Si todas las mujeres que han sido acosadas o agredidas sexualmente escribieran ‘‘yo también’’ en su estado, podríamos hacer entender a la gente la magnitud del problema», publicó la actriz Alyssa Milano en su cuenta de Twitter, reavivando el movimiento «MeToo» («Yo también», en castellano) contra el acoso sexual que nació hace ya 10 años de mano de la activista Tarana Burke cuando escuchó el testimonio de una niña violada por un familiar.

En menos de 24 horas el tuit de Milano tuvo más de 50.000 réplicas y la etiqueta #MeToo fue tuiteada medio millón de veces. La iniciativa ha encontrado ahora nuevas seguidoras. Las modelos han sido las últimas en plantarse ante el acoso sexual y han decido unir su voz para hacerle frente. Bajo el hastag #MyJobShouldNotIncludeAbuse(mi trabajo no debería incluir abusos), la modelo y activista estadounidense Cameron Russell ha compartido historias de personas anónimas que han experimentado acoso sexual y ha animado a sus compañeras a compartir testimonios para crear una red de apoyo moral.

El mundo de la política también ha sido sacudido por el movimiemto #MeToo. Algunas asistentes de los diputados del Parlamento Europeo han dado un paso adelante y han revelado lo que ocurre tras las bambalinas de la diplomacia. El periódico «Sunday Times» habló con una docena de ellas, que contaron que la Cámara es «un hervidero de acoso sexual», donde se ve con frecuencia a los eurodiputados manoseando a las mujeres. «Él estaba acariciando mi pelo, luego mi cuello, bajó por la espalda... Me quedé completamente helada. Le dije a mi compañera que le iba a denunciar, pero al final no lo hice; tenía miedo de perder mi trabajo», relata esta joven que acababa de iniciar su trabajo en el Parlamento Europeo cuando se quedó a solas con una de las figuras más importantes de la Cámara, un hombre de 60 años, que no dudó en acosarla.

Otra política que ha hecho público haber sufrido abusos sexuales en las instituciones europeas es la ministra de Igualdad sueca, Asa Regnér. Un problema difícil de erradicar si cuenta con el silencio cómplice de otros hombres. De hecho, el propio ministro de Economía francés, Bruno Le Maire afirmó en una entrevista que, aunque conociera a un político del que en diez años se pudiera decir que se sabía que era un acosador, no lo revelaría porque «la denuncia no forma parte de mi identidad política». Unas declaraciones, que obviamente, ha tenido que suavizar para mantener su cargo.

Ante la polémica, el Parlamento Europeo se ha visto obligado a mover ficha. Hoy el pleno de la Eurocámara celebrará un debate sobre la violencia sexual y aprobará, a petición del grupo de los Verdes, una resolución tras el debate. El propio presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, ha tenido que salir al paso de la noticia del «Sunday Times» prometiendo dureza contra los parlamentarios implicados en abusos sexuales: «Seré muy estricto a la hora de sancionar estas conductas», advirtió, pero quiso dejar claro que la institución no es «un hervidero de acoso sexual», como señaló una asistente. «Confío en que sean casos muy limitados. No tenemos un número elevado de denuncias por ahora, pero incluso si fuera un único caso, sería inaceptable», subrayó. Varios eurodiputados le reclamaron un procedimiento para hacer frente a esta situación, ante lo que Tajani apeló al comité específico para investigar las denuncias por acoso en 2014 y el reglamento que existe para tramitarlas. Sin embargo, tras el último escándalo no es suficiente. Hoy se debatirá una resolución para aprobar medidas concretas, que quizá esta vez no queden en agua de borrajas.

Celebrities como Lady Gaga, Patricia Arquette o Lea Thom han impulsado estos días atrás la campaña, que se ha extendido como la pólvora en prensa y redes sociales, lo que ha impulsado a otras muchas artistas a denunciar e incluso a dar testimonio. América Ferrera contó un terrible episodio cuando tan sólo era una niña: «La primera vez que recuerdo que fui víctima de una agresión sexual, yo tenía 9 años. No se lo conté a nadie y viví con la vergüenza y la culpabilidad, como que si yo, a mis 9 años, fuera responsable de las acciones de un hombre adulto. Tuve que verlo durante mucho tiempo. Él me sonreía y me saludaba y yo cuando pasaba a su lado siempre lo hacía corriendo. La sangre se me helaba...».

El espacio de apertura que ha generado el movimeinto #MeToo ha permitido que las cloacas de Hollywood sigan destapándose: Otras 40 mujeres se han querellado contra otro presunto depredador sexual, el director de cine James Toback. A nivel nacional, la Academia de Cine ha accedido a estudiar la creación de un órgano que estudie esta lacra tras la petición de varias actrices españolas. De momento, gracias a los valientes testimonios de varias mujeres acosadas por Westein, algunas tan reconocidas como Angelina Jolie y Gwyneth Paltrow, y la labor periodística del «The New York Times» y «New Yorker» se ha conseguido no sólo acabar con la carrera del productor, sino también iniciar un movimiento para visibilizar una lacra que afecta a miles de mujeres de todo perfil profesional y condición social.