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Boicot al plástico

Esta semana una plataforma ciudadana nacida en Facebook ha hecho viral un reto: renunciar a la comida envasada durante unos días. Quieren poner en valor la importancia de los hábitos de consumo para acabar con este material omnipresente en nuestra vida diaria y que tantos estragos está causando en el medio natural

Esta semana es quizá la más importante a nivel de concienciación ecológica. El Día Mundial del Medio Ambiente creado por la ONU nos recuerda cada año la necesidad de cuidar de nuestra casa, la Tierra. El impacto a nivel informativo así lo demuestra y si no fíjese en los medios. Pero es que, además este año, coincidiendo con la cita, una iniciativa se ha colado en las redes sociales –ese otro medio ambiente presente en nuestras vidas–, convirtiéndose en viral. De esta manera se he declarado del 3 al 9 de junio la semana del «boicot al plástico».

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La propuesta la lidera un plataforma ciudadana con página en Facebook, Zero Waste España, que tan sólo en un año ha conseguido 15.000 seguidores, y cuenta hasta con su propio hastag en Twitter. Organizaciones como Greenpeace o la Fundación Rezero, líderes en la lucha contra este residuo, se han sumado a este reto viral o «challenge medioambiental» para que todos hagamos el esfuerzo durante unos días de no comprar comida envasada.

El objetivo es utilizar las elecciones de consumo individuales como motor de cambio. Un cambio que empieza a ser urgente porque cada año llegan al mar 12 millones de toneladas de plástico y se calcula que de seguir así en 2050 habrá más cantidad de estos polímeros en los océanos que peces (estudio de la Fundación Elle MacArthur). Si en 1972 se producían 30 millones de to neladas de plástico, ahora se calcula que se fabrican 350 millones anualmente.

Pero, ¿cómo se puede sobrevivir a la compra sin plástico? Hace un año, la Fundación Rezero concluyó un proyecto piloto con cinco familias que consiguieron reducir sus residuos un 50% en sólo un mes. Los trucos para tal reducción pueden ser aplicables por cualquiera durante estos días de boicot y en el futuro. «El primero de los consejos que damos para sobrevivir sin plástico es la planificación de la compra... es importante sentarse a pensar si lo que vas a comprar lo necesitas y cuándo y dónde conseguirlo. Eso te ayuda a calcular qué llevar: el carrito de la compra, bolsas reutilizables, etc. Animamos a que la gente lleve sus tupper para que metan la carne y el pescado en las tiendas directamente. Otro elemento es elegir dónde comprar; si en una gran superficie o ir al mercado municipal o comercio de proximidad donde tienen más oferta a granel. Es decir, buscar el comercio alternativo», explica Rosa García, directora de la Fundación.

Este tipo de superficies son cada vez más habituales en Barcelona, Madrid o las islas Baleares y no sólo. «Algunas de las grandes cadenas comerciales, que habían abandonado la venta al corte, están volviendo a ofertar este tipo de producto. Las grandes superficies y los fabricantes están haciendo cambios, recuperando la venta a granel y alguna cadena ya manifiesta públicamente que se puede ir a comprar con la fiambrera. Sin embargo, también percibimos que muchas empresas se están acogiendo al discurso del plástico pero sólo sustituyendo el material por otros biodegradables o reutilizables. Creemos que esto no ataja el problema de raíz porque no se acaba con la producción ni con el concepto de usar y tirar. Hay que evitar a toda costa el sobreenvasado», dice García.

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Industria

El portavoz de la Asociación Nacional de Grandes Empresas de Distribución afirma que existe «un compromiso claro y decidido de las empresas. Están procediendo a un análisis minucioso con los fabricantes para reducir la cantidad de material que utilizan y buscar alternativas. Se ha impulsado el ecodiseño para prevenir el uso de materias primas. También se está apostando por la venta a granel. Tanto el plástico como el resto de alternativas y sustitutivos en los que se está trabajando juegan, en determinadas ocasiones, un rol necesario en la cadena alimentaria». Para García: «lo primero es apostar por el vidrio y por sustituir los materiales actuales por otros que tengan menos complejidad. Se aprecia que, como el foco de atención está en el plástico, está aumentado el uso del brick, incluso para vender agua. Es una burrada, porque de este envase sólo se recupera el cartón. El consumidor no encuentra alternativa en muchos productos como el de bebidas. También vemos algunas cadenas que sustituyen la bolsa de plástico por compostables, pero son alternativas que existen desde hace años. Lo que queremos es que se de un paso decidido hacia la reducción y deje de ir todo tan lento». Hay que recordar que los brick están compuestos por una mezcla de cartón, polietileno y aluminio. Cuantos más materiales compongan un producto, menos posibilidades hay de reciclarlo.

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Además, la Universidad de Plymouth ha hecho públicos recientemente los resultados de una prueba piloto llevada a cabo durante tres años. En ese tiempo dejaron en diferentes ambientes (enterrados en la tierra o bajo el agua) bolsas biodegradables, compostables y convencionales. Él único de estos producto que desapareció fue el compostable, pero sólo lo hizo en el medio marino. El resto, a pesar de sus nombres, seguían sin descomponer.

Normativa

Este estudio viene a demostrar la máxima de los residuos: que el mejor de ellos es el que no se genera. En esta línea hay que subrayar la reciente Directiva Europea que prohíbe los plásticos de un sólo uso como platos, cubiertos, bastoncillos, palitos para globos o pajitas a partir de 2021. Además comprometen a que cada Estado miembro recupera el 90% de las botellas de plástico para 2029. «La normativa reducirá la factura de los daños medioambientales en 22.000 millones de euros, que es el coste estimado de la contaminación por plástico en la UE hasta 2030», se puede leer en la web del Parlamento Europeo. Según la Comisión, más del 80% de los residuos encontrados en el mar son plásticos.

A nivel estatal, las CC AA de Baleares o Navarra ya contaban con sus propias legislaciones para acabar con el plástico de un sólo uso antes de la Directiva de este año. La prohibición de pajitas y platos ya está presente en ellas, incluso en Navarra existe la obligación de que bares y restaurantes administren a los consumidores agua de grifo gratis. España quiere posicionarse en la guerra contra los plásticos aunque «el Real Decreto de las bolsas de plástico hoy por hoy sólo grava su utilización y habla de su futura sustitución por bolsas compostables», dice García. Hace un año, el Gobierno impuso a las tiendas la obligación de cobrar las bolsas de un solo uso. Aun así, hay excepciones, como las muy ligeras, de menos de 15 micras o las gruesas (más de 50 micras) fabricadas con más de un 70% de plástico reciclado.

Ciudades libres de residuos

Hay gobiernos municipales que han emprendido su propia guerra contra el plástico de un sólo uso. Bajo la iniciativa Plastic Free Hackney, cinco distritos de Londres han unido a sus vecinos para luchar contra este residuo. Para ello trabajan con negocios locales, escuelas, organizaciones comunitarias y el ayuntamiento para reducir la dependencia de este material. Otra localidad a la vanguardia es la de Herzliya (Israel). Se la conoce como el Silicon valley de Oriente Medio y su población alcanza los 94.000 habitantes. Su ayuntamiento se ha propuesto liberar de plástico toda la actividad administrativa. El motivo que el país tiene una cuota de consumo plástico que sólo supera EE UU con un ratio de 450.000 toneladas al año. las oficinas, en las que trabajan unos 600 personas, no cuentan con vasos de plástico, sino con alternativas compostables.

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