Ocho millones de milagros

Hace 40 años, el mundo vio nacer al primer bebé probeta. Se llamaba Louise Brown y su llegada se consideró casi un milagro. Desde 1991 se han «obrado» ocho millones más.

Hace 40 años, el mundo vio nacer al primer bebé probeta. Se llamaba Louise Brown y su llegada se consideró casi un milagro. Desde 1991 se han «obrado» ocho millones más.

Victoria Anna acaba de cumplir 34 años. Esta joven catalana es nuestra Louise, el primer bebé probeta nacido en España. Fue en el Instituto Dexeus de Barcelona y llegó al mundo con dos kilos y medio una semana antes de lo previsto. A su madre, que por entonces tenía 35 años, le practicaron una cesárea por seguridad. Había perdido a un bebé poco después del parto y no querían correr riesgos.

Aquella proeza de la medicina, que en EE UU había ocurrido seis años antes, abrió la puerta a que millones de parejas pudieran concebir un hijo cuando lo daban todo por perdido. Es verdad que los motivos de entonces difieren de los actuales, aunque esta circunstancia no le resta un ápice de valor al milagro que supuso –y que supone– la fecundación in vitro (FIV).

Ahora ya no manda tanto la esterilidad como la edad para que alguien decida acudir a una clínica especializada en este tipo de tratamientos. Según el Instituto Nacional de Estadística, el número de madres primerizas mayores de 40 años es el doble que hace una década. En el caso de la FIV, los usuarios suelen tener entre 35 y 39 años. Una vez cruzada la barrera de los 40, cada vez es más frecuente que se recurra a la donación de óvulos. Y es que aunque aún sigue siendo bastante tabú en nuestro país, la ovodonación sube exponencialmente el porcentaje de éxito.

Entre los múltiples avances que se han dado en 40 años destaca un descenso paulatino de los partos múltiples. A principios de este siglo se veían más carros dobles de bebés que nunca en nuestra historia, una consecuencia directa de la FIV. En cambio, hoy en día esto se ha corregido y 2014 fue el año en que menos mellizos se alumbraron en España. También ha cambiado considerablemente el perfil de las personas que acuden a estas clínicas. Muchas veces se trata de mujeres que se plantean su maternidad en solitario por elección propia. Además, el Gobierno acaba de recuperar la posibilidad, cercenada por el PP en 2013, de que una mujer sola, sea o no homosexual, pueda acudir a la sanidad pública para inseminarse siempre que no se hayan cumplido 40 años. La otra opción, una clínica privada, cuesta la friolera de 6.000 euros por ciclo.