Pedófilos: atrapados por sus manos

La Guardia Civil está elaborando un estudio con más de 2.000 dedos para determinar si los pliegues de nuestros nudillos nos hacen únicos.

Reconstrucción de la mano del acusado de Málaga en el momento de abusar de su hijastra
Reconstrucción de la mano del acusado de Málaga en el momento de abusar de su hijastra

La Guardia Civil está elaborando un estudio con más de 2.000 dedos para determinar si los pliegues de nuestros nudillos nos hacen únicos.

Finales de 2016. El capitán Herrero, del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, recibe una llamada de sus compañeros de Málaga. Haciendo limpieza en su domicilio, una madre de la capital malacitana había hallado en el despacho de su ex pareja siete fotografías impresas a color. En ellas se podían ver unos genitales femeninos y en torno a ellos unas manos. Las imágenes habían sido tomadas en su casa: había ciertos muebles, ropa de abrigo... Los órganos sexuales pertenecían a su hija, concretamente cuando la pequeña tenía 11 años, en 2013. ¿Y las manos? La madre aseguraba que pertenecían a su ex pareja. Sólo se veían los dorsos. «Lo que nos planteaban era lo siguiente: ¿cómo podíamos vincular científicamente esas manos con las del sospechoso?», relata a LA RAZÓN el capitán Herrera, director técnico del Área de Identificación Lofoscópica del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil. A base de observar las imágenes surgió la respuesta: la articulación interfalángica próximal. Es decir, sus nudillos.

Sí, los nudillos pueden ser otra «huella dactilar», un rasgo único y personal de cada uno de nosotros. Concretamente, los pliegues que se forman en ellos cuando tenemos los dedos extendidos. Cuando Herrero investigaba el caso de Málaga, «había leído bibliografía de la morfología de la palma de la mano. También estudios a partir del patrón vascular, es decir, las venas de la mano». Sin embargo, en el caso que les ocupaba no quedaban reflejados esos patrones. Para trabajar, tenían tres dedos: el pulgar, el índice y el medio, tanto de la mano izquierda como de la derecha. Lo que hizo el agente entonces fue «fotografiarnos las manos de todos los que trabajamos en el Servicio de Criminalística, unas 20 personas. Y vimos que la morfología de esa articulación era diferente en todos los casos». El sospechoso, que se encontraba preso en Jaén por un delito contra la salud pública, accedió a que le fotografiaran las manos. «Estudiamos la disposición de los pliegues de los nudillos, sus inicios y sus finales, sus cruces... Y comparamos esa información con las manos del sospechoso. El resultado es que eran idénticos», afirma el capitán. Así, el Servicio de Criminalística entregó a la jueza que instruye el caso un informe, en cuyos tres anexos «demostrábamos gráficamente que sus manos correspondían a las que aparecen en las fotos. La prueba está aceptada y el caso, pendiente de juicio oral».

Esta investigación es sólo la punta de lanza de lo que puede ser todo un método de identificación para la resolución de delitos. Hace ahora 125 años se esclareció el primer caso gracias a una huella dactilar. Desde entonces, los labios, las retinas o incluso las orejas han servido para identificar a criminales. Sin embargo, pocos habían reparado en las «huellas» de los nudillos. La Guardia Civil se encuentra inmersa ahora mismo en un estudio poblacional. De momento, consta de las fotos de la mano derecha, la mano izquierda y los pulgares de 242 personas: en total, 2.420 dedos. ¿El objetivo? «Queremos demostrar que, fehacientemente, se puede identificar a una persona a través de los pliegues de sus manos. Que cada persona tiene, al igual que las huellas dactilares, sus propios pliegues». Son dos los factores que quieren demostrar: la intravariabilidad –es decir, que entre los diez dedos, no hay dos pliegues iguales– y la intervariabilidad –nuestros pliegues son diferentes a los de cualquier otra persona–. Y muy importante: hay que probar que estas rugosidades son invariables, que no cambian con el paso del tiempo.

«La mayoría de fotografías las tomamos este enero. Hasta que no pasen varios años no comprobaremos la persistencia de estos pliegues», dice Herrero. Es todo un campo de estudio. Al parecer, esta distinción se conserva incluso en gemelos univitelinos, genéticamente iguales.

En Reino Unido ya se han esclarecido varios delitos de esta índole gracias a este proceso. Lo emprendió la la antropóloga forense Sue Black, de la Universidad de Dundee (Escocia). Con todo, ellos creen que se puede ir más allá de los nudillos. «Hay muchas áreas de la mano que otorgan individualidad», afirma Black a LA RAZÓN: «La forma general de las manos y las uñas, la forma y prominencia de las lúnulas –la media luna blanquecina de las uñas– , la coloración de la piel, áreas de pigmentación puntiforme (pecas, lunares o manchas de la edad), cicatrices (tamaño, posición, curación), patrones de venas superficiales, tatuajes, cirugía, patrón de cabello, patologías, anormalidades, joyas, etc», explica. «Son importantes porque en términos holísticos cada característica tiene su propia variabilidad y luego, cuando se combinan, aumenta la probabilidad de emparejar o excluir a un individuo». Black cree que «es posible encontrar dos manos iguales, pero hasta ahora no hemos sido capaces de hacerlo, incluso en gemelos idénticos». Su base de datos alcanza los 1.000 individuos.

El método de identificación ya se está poniendo en práctica en nuestro país. El departamento del capitán Herrero ha recibido varias consultas. Una jueza de Madrid se interesó por este procedimiento para investigar el caso de un monitor de un campamento que se dedicaba a fotografiar las partes íntimas de los niños que tenía a su cuidado, mostrando además las manos en sus imágenes. Sin embargo, el detenido no dio autorización a que le fotografiaran las manos. Pero hubo suerte: «En algunos fragmentos se podía ver su huella dactilar. Y al ser detenido, contábamos con ella». Es cierto que se trata de un procedimiento muy enfocado a los casos de pedofilia, en los que se mueve mucho material gráfico y, además, las manos de los agresores son visibles. Son sus «trofeos». «En este tipo de delitos, los pedófilos, aparte de materializarlos, quieren dejar constancia de su autoría a la hora de inmortalizarlos y compartirlos. Es la forma de presumir de lo que han hecho», dice Herrero.

Por eso, muy recientemente, ya se ha definido un protocolo: «Cuando se detenga a personas con este perfil delictivo, es decir, que hayan cometido abusos sexuales de los que se tengan imágenes, los agentes tendrán que fotografiarles las manos, con el objetivo de cotejar las imágenes y determinar si es el autor», afirma el capitán. Es decir: en una operación contra la pedofilia, no sólo se podrá averiguar si el detenido es el poseedor de las imágenes; también si es el productor.