¿Puede infectarnos la carne polaca?

Los tumores y heridas que tenían las reses han levantado las alarmas sobre su consumo. Por el momento, ya se han detectado en Madrid, País Vasco y Baleares, aunque los expertos confían en los sistemas de control.

Los tumores y heridas que tenían las reses han levantado las alarmas sobre su consumo. Por el momento, ya se han detectado en Madrid, País Vasco y Baleares, aunque los expertos confían en los sistemas de control.

La carne polaca en mal estado se ha distribuido en Madrid, País Vasco y Baleares. La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición lo confirmó ayer después de que la Comisión Europea diera el aviso. En total, son 367,58 kilos procedentes de vacas que no han cumplido los procesos de inspección «post mortem» en un matadero de Ostrów Mazowiecka. Sus trabajadores retiraban heridas y tumores de la carne que después era destinada a la venta, según se puede ver en el documental emitido en la televisión polaca y que ha destapado las irregularidades de una red de ganaderías.

Las tres comunidades españolas ya han procedido a la retirada de estos lotes afectados y la ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, María Luisa Carcedo, informó ayer de que la alerta es «preventiva», pues no consta que la carne haya pasado los controles obligatorios. Además de España, una docena de países han importado esta carne y algunos, como Eslovaquia, se ha mostrado rotunda en las medidas: el Gobierno ha sido taxativo ordenando a la población que no consuma carne de procedencia polaca. Ocurre que en Polonia, según denuncia el periodista del documental, Patryk Szczepaniak, el mercado negro de carne enferma no es un episodio aislado como asegura el Ejecutivo, sino que está más extendida de lo que se cree. En diciembre, el propietario de un matedero de Lodz fue condenado a prisión por realizar una operación similiar y, además, los fiscales están llevando a cabo otra investigación en el este del país donde se sospecha que se trafica con lotes podridos.

«Ahora lo que toca es seguir la pista a las partidas afectadas para determinar si esa carne ha sido procesada para hacer otros productos y retirarlos», sostiene el presidente de la Sociedad Española de Salud Pública (Sespas), Joan Ramón Villalbí. De hecho, en Eslovenia se ha encontrado parte de esta carne en mal estado transformada: «Se trata de una serie de kebabs que llegaron al país a través de Alemania», confirmó la directora de la Inspección de Seguridad de Alimentos y Veterinaria, Andrea Bizjak. Un caso parecido al que ha sufrido Eslovaquia, donde se ha distribuido en supermercados.

Pese a todo, el presidente de la Sespas insiste en la necesidad mantener la calma. Lo que ocurre, continúa Villalbí, es que España es un país muy sensible a las alarmas alimentarias porque todavía resuena en el imaginario colectivo la tragedia que se vivió en los 80 con el aceite de colzac adulterado. «Este fue el punto de inflexión. Se constató que el mercado alimantario español estaba lleno de fraudes y sirvió para que las autoridades se pusieran manos a la obra para reorganizar el sistema de salud pública y de control alimentario». Además, con la entrada de España en la Unión Europea, «se terminó de ordenar los procesos y ahora la vigilancia es altísima». En Europa, fue la crisis de las vacas locas la que sacudió los mercados, llenó de temores las mesas de los consumidores, despertó una enorme depresión en el sector ganadero y una gran revolución en la legislación y en los controles de sanidad animal. De ahí, que cuando el jueves saltó la noticia de que Polonia había exportado carne de vacuno en mal estado, enseguida se activaran los protocolos de actuación. En este caso, se trataba de «animales que no tenían que haber pasado al circuito humano, como ocurre con las vacas que se despeñan y mueren».

Europa es un mercado único en el que las mercancías puedan movese libremente, de ahí la importancia de que las normas de calidad sean únicas y se apliquen del mismo modo en todos los países. «Eso hace que el consumidor europeo goze de uno de los mayores sistemas de seguridad del mundo», determina Villalbí.

Las investigaciones deben centrarse ahora en dilucidar el tipo de problema sanitario de las vacas en cuestión «porque será lo que determine los daños que puedan provocar en el consumidor», apunta Domingo Carrera, médico especialista en nutrición del Centro Médico-Quirúrgico de Enfermedades Digestivas. Por lo general, explica, una carne en mal estado puede derivar en problemas en el aparto digestivo, desde vómitos hasta diarrea, pasando por malestar o fiebre. Pero también existe la posibilidad de que «los animales tengan algún tipo de infección, lo que implica que algunos de los gérmenes pudieran ser transmitidos humanos, por lo que nosotros podríamos desarrollar una infección más virulenta ya que se trata de patógenos a los que no estamos acostumbrados». Este sería el peor de los escenarios, ya que «si lo ha consumido mucha gente, podría ocasionar un problema de salud pública».