El caballo que esconde la hamburguesa

Irlanda apunta a ingredientes españoles como el origen del ADN equino encontrado en productos destinados a supermercados

Cada unidad de esta hamburguesa tiene 90 calorías y 3,8 gramos de grasa, de las que 1,7 son saturadas
Cada unidad de esta hamburguesa tiene 90 calorías y 3,8 gramos de grasa, de las que 1,7 son saturadas

«La carne de caballo no es perjudicial para la salud. No existe ninguna alerta sanitaria en ningún punto de Europa», insistían ayer desde el Ministerio de Sanidad y desde el de Agricultura y Alimentación. La noticia que precedía a esta aclaración no provenía de España sino de Irlanda e Inglaterra. La Autoridad de Seguridad Alimentaria de Irlanda (FSAI) anunció ayer, por medio de su director, Raymond Ellard, que en una inspección rutinaria a varias plantas donde se producen productos cárnicos habían encontrado rastros de ADN de caballo en algunas hamburguesas de vacuno. Se analizaron 27 hamburguesas, de las que 10 –el 37%– «dieron resultados positivos a la prueba de ADN de caballo y 23 –el 85%– ofrecieron un resultado positivo a la hora de buscar ADN porcino», explican desde la agencia de inspección. También se analizaron otros productos cárnicos como lasañas o pasteles de carne donde sólo se localizaron, en 21 de ellos, trazos de ADN de cerdo. Asimismo, se localizaron ingredientes crudos «que provienen de España y Holanda», afirmó Ellard. Sin embargo, LA RAZÓN se puso en contacto con Liffey Meats, una de las plantas irlandesas analizadas, y ésta afirmó que «aún no hemos confirmado el origen de los ingredientes importados». Y aseguró que, a partir de esta inspección, cambiarían de proveedores.

El destino final de estos productos eran cinco cadenas de supermercados irlandeses e ingleses, entre los que se encuentran Tesco, Lidl y Aldi. Las dos últimas también están implantadas en nuestro país. Fuentes de la filial española de Lidl aseguraron a este diario que «los proveedores cárnicos británicos e irlandeses son distintos a los españoles. La carne que han encontrado allí no se podría encontrar en nuestro país». Y añadió: «Sólo ofrecemos hamburguesas 100% vacuno o mixtas, con carne de cerdo y vacuno». Los controles de calidad que deben superar son muy exhaustivos. Una de las empresas cárnicas líderes en el sector, ElPozo Alimentación, confirmó que «la mezcla de carne de caballo con la de vacuno es inviable en una de nuestras hamburguesas». Desde ElPozo apuntan que sus productos llevan estrictamente lo que pone en el etiquetado. Así, se desmarcan de la polémica, «pues en nuestras granjas todos los animales entran vivos y no producimos carne de caballo, por tanto, la mezcla es imposible». Esta afirmación confirma los datos que facilitan fuentes de Agricultura que aseguran que «en España el consumo de carne de caballo es muy limitado, aunque fue significativo en algunos puntos del país en el pasado. No obstante, en otros países europeos el consumo de carne de caballo es más habitual, llegando a ser muy apreciada en alguno de ellos». Por ello, no consideran extraño que se puedan localizar productos cárnicos españoles en otros países, aunque «el problema es del importador», insisten. De acuerdo con la Asociación Nacional de Industrias de la Carne de España (Anice), «el hallazgo de estos rastros de ADN de caballo se pudo deber a una contaminación residual de la maquinaria». Un dato que también sugieren desde FSAI en su informe ya que por algunas de estas plantas pasan productos de varios tipos de animales. La duda acerca del posible fraude que han podido cometer las proveedoras de los supermercados también la ha planteado la ministra de Sanidad, Ana Mato: «Si ha vendido una carne en lugar de la indicada y se ha cometido un fraude, las autoridades competentes tomarán las medidas adecuadas».

La afirmación irlandesa que vincula a España con las hamburguesas de las plantas investigadas ha sorprendido a la asociación cárnica, ya que la producción de carne de caballo «es marginal. El año pasado subió un poco la producción de este producto, aunque su porcentaje en relación al resto de productos no alcanza el 0,1 por ciento. Fabricamos entre 9.000 y 10.000 toneladas. Una cifra muy reducida en comparación con los tres millones de toneladas de cerdo que producimos al año». Al igual que el ministerio que dirige Arias Cañete, desde Anice confirman que «aquí no se consume este tipo de carne. Se exporta casi todo, la mayoría a Italia». Eso sí, aseguran que la exportación «a Irlanda es inexistente, sólo ha podido entrar de forma muy residual».

El problema que ha generado el Gobierno irlandés recuerda a la crisis del pepino de 2011, que por las declaraciones precipitadas de la senadora de Sanidad de Hamburgo en aquél momento, la socialdemócrata Cornelia Prüfer-Storcks, que apuntó a España como el origen de la infección por la bacteria E.coli terminó con la vida de 32 ciudadanos alemanes y más de un millar de infectados. La mala actuación alemana y la falta de acción del Gobierno español para proteger a la industria alimentaria española, redujo gravemente el consumo de verduras españolas.

«Una situación inaceptable»

Con este antecedente, Europa ha aprendido la lección. Así, el primer ministro británico, David Cameron, no ha perdido ni un minuto en hacer sus primeras declaraciones: «Las personas de nuestro país estarán muy preocupadas al leer que cuando compraban carne de vacuno estaban comprando algo que tenía carne de caballo», dijo ayer en el Parlamento. Y añadió que «es una situación totalmente inaceptable». La Comisión Europea (CE) también se ha hecho eco del problema y ha asegurado que no afecta, por el momento, a la seguridad alimentaria en la UE. Su portavoz sanitario, Frédéric Vincent, indicó que «la Dirección General de Sanidad de la CE ha sido informada del caso por las autoridades irlandesas. Ellas están a cargo de verificar qué tipo de contaminación ha tenido lugar».

Los expertos ganaderos, al margen de condenar que se vendan productos de caballo bajo el etiquetado de carne de vacuno, aseguran que la carne de equino tiene una virtud: no necesita un proceso de maceración, como sí ocurre con el vacuno o el cerdo, que normalmente suele ser de 15 días. Además, tiene menos calorías incluso que el pollo. Por otro lado, la nutricionista María Victoria Sarriés Martínez destaca que «la carne de potro es más saludable que la de vacuno porque contiene un mayor porcentaje de ácidos grasos Omega 3 que son esenciales para nuestra salud».