El espía del futuro

Permite que una red de sensores se comuniquen entre sí y nos informen desde la ubicación de un aparcamiento a la aparición de una enfermedad

Permite que una red de sensores se comuniquen entre sí y nos informen desde la ubicación de un aparcamiento a la aparición de una enfermedad

Christian Oesch, un pastor suizo, acaba de recibir un SMS de una de sus vacas. Lee el mensaje y, satisfecho, se dirige hacia el establo para comprobar si lo que «escribió» su protegida rumiante es cierto. Con alivio comprueba que sí, su vaca está en celo. Christian es uno de los pioneros en el uso de IoT ( siglas en ingles de «Internet de las Cosas»), una red de sensores que se comunican a través de la red. Gracias a este sistema, este pastor helvético se evita tener que examinar su ganado periódicamente: un sensor, colocado en las partes bovinas más íntimas, le envía un mensaje cuando las condiciones son las más adecuadas para propiciar el encuentro con un toro.

Pero hay más. Street Bump (Bache Callejero) es una aplicación gratuita que utiliza el acelerómetro y el GPS del smartphone para enviar un mensaje al Ayuntamiento de Boston señalizando la localización de baches. Hay aplicaciones, como Owlstone, creada por Cambridge, compuesta de sensores olfativos químicos capaces de detectar síntomas de enfermedades como cáncer de colon o pulmón. Y otras, como la que están desarrollando Giovanni de Micheli y Sandro Carrara, de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza), que permite realizar un análisis de sangre y enviar los datos al médico a través del móvil. La Express Park, es otra novedad que tendría mucho sentido en ciudades como Madrid o Barcelona: un servicio que alerta, por un lado, a los conductores de los sitios cercanos para aparcar y por otro (lógicamente) al Ayuntamiento, para que ajuste los precios de acuerdo con la demanda. Nadie quiere estar fuera de un mercado que, según Cisco, se acercará a los 14 billones de euros... una cifra muy similar al PIB de Europa. Va un ejemplo: cada vez que entres en una tienda, el microchip de tu tarjeta bancaria se comunicará con los sensores de la tienda. Inmediatamente sabrán tu talla, tus compras pasadas, tus gustos y podrán hacerte recomendaciones guiándote a través de un sistema de baldosas que se iluminan a tu paso. Esto que suena a ciencia ficción ya lo está ensayando Phillips en algunas tiendas de los Países Bajos. Todas estas aplicaciones funcionan gracias a sensores químicos, de movimiento, olfativos, de temperatura, que poseen la capacidad de conectarse a internet y enviar la información solicitada. La eficacia y versatilidad del sistema se basa en la cantidad de sensores: cuantos más sean, más ubicuos serán y mayor su capacidad de intercambiar datos. Diez años atrás, esta suerte de robots cotillas apenas sumaban un cuarto de la población del planeta. En 2008 eran más de diez mil millones. Un estudio de IBM afirmaba que en 2013 el número de dispositivos integrados en la red... perdón, en nuestras vidas, sería de un billón. En apenas una década pasaremos de tener menos de un sensor por persona, a estar espiados por unos 150... cada uno de nosotros. Pero una ingente cantidad de sensores no es suficiente. También será necesario contar con un sistema que permita transferir toda esta información de modo eficaz. Actualmente IBM está trabajando en un prototipo de chip óptico capaz de transferir un terabyte por segundo, algo así como descargarte 500 películas en HD en un parpadeo. Pero no lo hagas..., puedes perderte el futuro que se viene.