Una dieta para cada intestino

Los microbios que pueblan la flora tienen un papel central en la salud y en el desarrollo de enfermedades de gran impacto como la obesidad y la diabetes. Su estudio individualizado permitirá saber cómo afecta un determinado alimento a cada persona.

Los microbios que pueblan la flora tienen un papel central en la salud y en el desarrollo de enfermedades de gran impacto como la obesidad y la diabetes. Su estudio individualizado permitirá saber cómo afecta un determinado alimento a cada persona.

Enrique es un fraude. Tiene cerca de 40 años, está soltero por convicción y conduce un programa de televisión como «experto en nutrición». Cada noche, se muestra como el vivo ejemplo de lo que se puede conseguir gracias a las pastillas Kiloaway, con las que proclama haber bajado de 105 a 67 kilos. En realidad, se comprometió por contrato a mantener este último peso durante los tres años siguientes, pero no fue capaz de cumplirlo. Engordó y cayeron las ventas. A medida que crecía su angustia, comía más. Y más. La pizza, el helado, el chocolate y los dulces se transformaban en culpa, deseo, miedo e ilusión constantemente. Así, hasta que un día se encontró junto con otras cuatro personas en un terapia de grupo para tratar su sobrepeso. Lo que entonces no sabía el personaje que interpretaba Antonio de la Torre en «Gordos», dirigida por Daniel Sánchez Arévalo, es que el método milagroso que le vendieron a modo de teletienda, no incluía un factor clave en cualquier dieta: la relación entre los microbios intestinales y la salud humana. Eso es algo que el profesor Jeffrey I. Gordon se ha encargado de estudiar y que, ayer, le valió el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Biomedicina. ¿El objetivo? Establecer la relación simbiótica entre las decenas de billones de bacterias que componen el tracto intestinal y la salud humana. Algo fundamental para diseñar menús personalizados y saludables.

Que el cuerpo humano convive con numerosos microorganismos que lo colonizan se sabía hace tiempo, pero no se conocía su importancia. De hecho, el interés de Gordon por la flora intestinal surgió mientras investigaba en otro área: la formación del intestino. Buscando las señales químicas que las células se intercambian mientras constituyen las tripas, descubrió que esos microorganismos de la flora intestinal hablan constantemente con nuestras células y realizan tareas esenciales para ellas. Entre ellas, diferir nutrientes que el cuerpo humano es incapaz de metabolizar. «Describir esa relación entre los alimentos y los microbios nos va a permitir comprender mejor el impacto de las dietas en nuestra salud», asegura este director del Centro Familia Edison de Ciencias del Genoma y Biología de Sistemas. No hay que perder de vista que un alimento no aporta el mismo valor nutricional a dos personas, sino que es la flora intestinal la que lo determina. Según estudios previos, el valor nutritivo de cada uno de ellos está determinado, en parte, por la comunidad microbiana que los recibe: «Los componentes de una dieta sana deben considerarse desde dentro del organismo hacia fuera, no al revés». Esto permitirá, en un futuro, personalizar dietas que acaben con los trastornos y las enfermedades digestivas.

Para llevarlo a cabo, su equipo recurrió a ratones criados en condiciones estériles, sin microbiota propia. Es decir, sin ecosistema bacteriano intestinal. Así podían colonizarles con microorganismos conocidos, e investigar su efecto en relación con determinados nutrientes. Este tipo de investigación es la que ha permitido demostrar que los microorganismos tienen un papel causal en el desarrollo de enfermedades como la obesidad, y en el tratamiento de la malnutrición. «Nuestra investigación se ha centrado en averiguar qué es lo normal en las comunidades de microbios intestinales, cuáles son las desviaciones de lo normal y si éstas pueden ser causadas por una enfermedad», explica sobre un nuevo campo de estudio en el que el microbioma está en plena efervescencia. Tras varios análisis, su laboratorio descubrió en 2014 que esa microbiota resulta determinante en la regulación de la formación del tejido adiposo y, posteriormente, estableció una primera relación entre ésta y la obesidad. Según estas palabras, sería fácil caer en la tentación de pensar que hay microorganismos que engordan y otros que adelgazan, pero no es tan simple: el efecto de cada uno es personal, pues «lo importante es la interacción» entre los microorganismos y las células del portador.

En ese sentido, gran parte de sus esfuerzos están destinados a luchar contra la desnutrición infantil: ha comprobado que las consecuencias a largo plazo de este problema, como los fallos en el desarrollo neurológico y en el sistema inmune, dependen no solo de la dieta sino también de la adquisición de un microbioma sano. «Si lo reparamos, podremos ver importantes efectos en el desarrollo humano, así como identificar trastornos y anomalías para reparar un organismo». Su trabajo ha demostrado que cada persona, y probablemente cada animal, tiene una «firma bacteriana», lo que quiere decir que la composición de cada microbioma es única y diferente, hasta tal punto que podría servir como un «carnet de identidad».

El problema es que la microbiota varía en función del país de nacimiento. Y, en concreto, el del mundo occidental se está empobreciendo. «Hemos comprobado que se está produciendo una pérdida en la diversidad de las comunidades de microbios intestinales. No es una buena noticia. Es un reflejo de nuestro estilo de vida, de nuestra dieta y, quizás, de lo que consumismos». Tal y como le ocurrió a Enrique.

La lengua podría predecir un cáncer de páncreas temprano

Un estudio publicado recientemente en el «Journal of Oral Microbiology» revela que las bacterias que se alojan en nuestra lengua (microbioma) podrían detectar de forma precoz si sufrimos un cáncer de páncreas.

No es la primera vez que alteraciones de las bacterias que viven en nuestro cuerpo dan la señal de alerta de la aparición de este tipo de tumor, sin embargo, en esta ocasión se ha demostrado que este desajuste tiene una relación directa con la enfermedad.

Dicho estudio ha sido llevado a cabo por científicos de la Universidad de Zhenjiang (China). Para su elaboración han analizado el microbioma de 30 pacientes con enfermedad en etapa temprana, y lo han comparado con el de 25 personas sanas. Los participantes tenían entre 45 y 65 años de edad, no padecían otras enfermedades ni problemas de salud bucal. El resultado: existen notables diferencias entre el microbioma de los pacientes sanos y el de los afectados por esta patología. El responsable del estudio, el científico Lanjuan Li explica que: «Si se confirma una asociación entre las bacterias discriminatorias y el cáncer de páncreas en estudios más amplios, esto podría llevar al desarrollo de nuevas herramientas preventivas». Un avance que abre las puertas de la esperanza a un tumor que afecta a más de 500.000 personas al año en todo el mundo.