Vuelos de andar por casa

En España la aviación ultraligera ha tenido un notable desarrollo en los últimos treinta años, entre otras cuestiones, por nuestra climatología. Pero, también, se han incrementado los accidentes.

En España la aviación ultraligera ha tenido un notable desarrollo en los últimos treinta años, entre otras cuestiones, por nuestra climatología. Pero, también, se han incrementado los accidentes.

Tubos de aluminio, superficies enteladas con drakon, controles de vuelo simples y un motor «Rotax» de 50 caballos, carlinga abierta y, sobre todo, mucha libertad. Así nacieron los aviones ULM, ultraligeros, que acercaron el placer de volar a un sector de la población, claro está que minoritario, que no podía afrontar los gastos de una «Cessna», un avión «de verdad», ni las exigencias de la normativa aeronáutica y de los cursos para obtener el título de piloto. Las prestaciones de los primeros ULM no era especialmente brillantes: vuelos diurnos, en condiciones de poco viento y sin grandes térmicas ascendentes, velocidades de 100 kilómetros por hora y autonomías cortas. Pero despegaban de campos sin apenas preparar, el mantenimiento técnico se lo podía hacer uno mismo y no era preciso seguir más reglas que las de no volar por encima de 300 metros de altitud y evitar las zonas urbanas y las aglomeraciones humanas.

El sector se extendió, se ampliaron los tipos de aparatos, hasta incluir helicópteros y aviones anfibios –los primeros autogiros ULM se fabricaron en la década de los 80 en Zaragoza–, y las nuevas tecnologías en materiales de carbono, motores y electrónica nos permitieron llegar a la situación actual, donde estas aeronaves son casi pequeños aviones en miniatura, con cabinas cerradas, instrumental completo, mayores autonomías y el peso máximo autorizado en despegue cercano a los 500 kilos en algunos modelos biplazas. En España hay registradas más de 3.000 de estas aeronaves, aunque no todas están en estado de vuelo. Y con las mejoras, también están llegando las restricciones burocráticas de la Administración, que cambiarán el paradigma de los ULM, basada en la responsabilidad individual del piloto/propietario. Ciertamente, hay accidentes, muchos de ellos con consecuencias trágicas, pero no más que en la aviación general. Muchos, sin embargo, se producen por deficiencias en el mantenimiento de los aparatos o por no atender debidamente a las condiciones meteo de la ruta prevista, como constata la Comisión de Investigación de Accidentes de Fomento.