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Y nadie evitó que Noa no se alimentara

No fue una eutanasia, ni suicidio asistido, murió por inanición. A la joven holandesa se le exigió esperar hasta tener 21 años para someterse a la inyección letal. Sus padres, pese a oponerse a los deseos de su hija, no la conectaron a la alimentación artificial. Nadie hizo nada.

No fue una eutanasia, ni suicidio asistido, murió por inanición. A la joven holandesa se le exigió esperar hasta tener 21 años para someterse a la inyección letal. Sus padres, pese a oponerse a los deseos de su hija, no la conectaron a la alimentación artificial. Nadie hizo nada.

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Se llamaba Noa Pothoven y tenía solo 17 años. Desde el pasado martes, la foto de esta adolescente ha dado la vuelta al mundo y suscitado acalorados debates. Aunque Noa tenía todo para ser feliz, el destino se había cebado con ella. A los 8 sufrió abusos por parte de su primo y, años después, fue violada en otras dos ocasiones. Sufría estrés postraumático, depresión y anorexia, y durante los últimos años no había encontrado ninguna razón para seguir viviendo. Por eso decidió acabar con su vida el pasado domingo tras haber pasado más de diez días sin haber ingerido ningún alimento. «No me voy a andar con rodeos: voy a estar muerta como mucho en diez días. Tras años de lucha, mi lucha ha terminado. Por fin voy a ser liberada de mi sufrimiento porque es insoportable», escribió con claridad escalofriante.

Nadie impidió este trágico final a pesar de que la joven había decidido narrar su martirio a través de Instragam y había escrito un libro autobiográfico titulado «Ganar o perder» en el que contaba los abusos sufridos y la incapacidad de los servicios sociales holandeses para darle la atención necesaria. «Revivo el miedo y el dolor todos los días. Estoy siempre asustada, en guardia. Aún siento que mi cuerpo está sucio», aseguró en su libro.

Aunque numerosos medios internacionales publicaron ayer que Noa había sido sometida a suicidio asistido, esta noticia fue después desmentida. Sin embargo, hay numerosos interrogantes sobre lo sucedido. La eutanasia es legal en Holanda desde 2001 y también está permitida en el caso de los menores (con o sin autorización paterna según los casos). Cuando ella cumplió 16 años decidió acudir a una clínica especializada en esta práctica sin que sus padres lo supieran, pero esta solicitud le fue denegada. La legislación holandesa autoriza el suicido asistido en el caso de sufrimiento psicológico insoportable, aunque la juventud de la solicitante produjo ese «no» por parte de la clínica Levenseind. «Dicen que soy demasiado joven para morir, que debo completar el tratamiento del trauma y esperar primero a que mi cerebro esté completamente desarrollado, hasta que tenga 21 años. Estoy devastada. No puedo esperar tanto», expresó.

Muchos medios anglosajones, en una mala traducción de la Prensa holandesa, habían condenado esta autorización al considerar que una adolescente traumatizada y con problemas mentales no era apta para tomar este tipo de decisiones.

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Sin recursos estatales

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En Holanda, sin embargo, el debate había adquirido otros derroteros y las palabras suicidio asistido ni siquiera aparecían en los titulares. Resulta inexplicable que en una sociedad rica como la holandesa, el Estado tenga a su disposición recursos tan limitados y poco eficaces para lidiar con casos como el de esta joven. Según el padre de Noa, el libro de su hija debería ser una «lección obligatoria» para funcionarios, trabajadores sociales y jueces de menores.

La adolescente se vio obligada a esperar más de seis meses para tener una cita en una clínica sobre trastornos alimenticios y fue obligada a ingresar en un centro. Sus intentos de suicidarse propiciaron que sus padres se plantearan el tratamiento con electroshok, pero esta posibilidad fue denegada por los médicos debido a su corta edad. A raíz de su situación, fue eximida de acudir al colegio y se decidió instalar en casa de sus padres una unidad medicalizada. Desde comienzos de junio, había rehusado ingerir tanto líquidos como sólidos. Algunos medios holandeses dan por sentado que sus padres –tras recibir el visto bueno de los médicos– decidieron no obligar a la joven a comer y no tomaron medidas para alimentar a Noa de manera forzosa, pero otras informaciones resultan menos precisas. Lo que parece incontestable es que en ningún momento Noa recibió inyección alguna para terminar con su vida.

Holanda fue el primer país del mundo en permitir la eutanasia y su estela fue seguida por Bélgica y Luxemburgo. En 2018 se practicaron en Holanda 6.126 eutanasias, un 7% menos que en 2017. Fue la primera vez en una década que la cifra bajaba respecto al año anterior. La ley entró en vigor en 2002, pero el incumplimiento de sus requisitos está penalizado con 12 años de cárcel. Los casos más delicados son aquellos en los que los demandantes tienen problemas psiquiáticos. Levantó gran polvareda la situación de una joven de 29 años, Aurelia Brouwers, que había perdido la noción de la realidad por un trastorno límite de la personalidad y estrés postraumático. En el caso de Bélgica, la legislación también contempla el sufrimiento insoportable –tanto físico como psicológico– como un motivo para conceder la eutanasia y también está permitida para menores, en determinados supuestos. Fue también muy sonado el caso de Nathan Verhelst, transexual de 44 años nacido como Nancy, quien se había sometido a varias cirugías de cambio de sexo. A pesar de esto, Verhelst se «sentía como un monstruo» y las autoridades acabaron aceptando su solicitud de eutanasia al acreditar que existía un sufrimiento tanto físico como psíquico.