Sin toros: Paseíllo a la enfermería

La difícil situación a que se enfrentaba el sector del toro no ha hecho sino agravarse con la pandemia. Ferias suspendidas y festejos que tendrán que esperar a 2021

Han pasado muchas cosas desde que Don Livinio Stuyck en 1947 se inventara la Feria taurina para celebrar el patrón de Madrid y agrupar en un abono las corridas de toros que se celebraban en Mayo en la capital. Madrid era entonces «una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)», que versificó Dámaso Alonso. A los empresarios se les trataba siempre de Don, había cartillas de racionamiento, empezaba a triunfar la saga de los Bienvenida, y abrió la historia isidril Rafael Ortega Gómez, sobrino del gran Joselito, el mito muerto por Bailaor en Talavera.

Y en ese burel, el Gallito menor se dejó el toro vivo, y escuchó bronca monumental. Tan Monumental como ese coso, pasarela de gloria y excesos, llamado Las Ventas del Espíritu Santo, que ha asistido a la creación de una Feria de San Isidro insólita, larga y brutal. Este 2020 es el centenario triste de la muerte de Joselito el Gallo, el tío de aquel torero de inicio oscuro en la historia del serial isidril. Tan triste como esta temporada taurina marcada por la pandemia, por las cancelaciones de las ferias a partir de Fallas. Y por el silencio de un San Isidro donde no se producirán las tumultuosas celebraciones del arte de Cúchares cada tarde a las 19 horas. Más allá de la importancia sociológica una fiesta multitudinaria, pese a quien pese, en una ciudad vertiginosa como cualquier megalópolis, la importancia que para el planeta de los toros tiene el ciclo castizo es determinante.

Considerada el escaparate del toreo, aquél que marca la cotización para los toreros y ganaderos, las 34 tardes de este serial se han configurado los últimos años como el auténtico termómetro de la Fiesta. Reconoce Rafael Garrido, responsable de la Plaza de toros de Las Ventas y organizador de los últimos tres Sanisidros, que «esta feria marca toda la temporada». Por encima de cualquier otra feria o intriga, los resultados de Madrid por mayo y junio condicionan en gran medida el sentido de la tauromaquia.

Y este cerrojazo de las ferias coincide con un momento del toreo que muchos consideran crítico. Las muy frágiles estructuras económicas unidas a cierta y confesada hostilidad de algunos políticos que integran el Gobierno actual son obstáculos para una fiesta muy enraizada en la sociedad española pero que necesita un «aggiornamento». Uno de los ganaderos de prestigio, Juan Pedro Domecq razona sobre la importancia de la fiesta en su parte histórica y social, que «eso sí, nunca ha dado el paso de ser un sector económico a una auténtica industria, pues no ha colocado al consumidor, aquí aficionado, en primer lugar. Los toros son algo tan importante y poderoso que se han mantenido en el tiempo a pesar de ello».

Se habla de ganaderías que han mandado al matadero gran parte de sus cabezas, incluso en su totalidad. Y que algunos cifran en un 30% o 50% la posible desaparición de la cabaña brava española. Con estas cifras tan apabullantemente negativas, el pesimismo empieza a expandirse por el sector. El propio Juan Pedro cree que «la fiesta va a sobrevivir con mucha dificultad», pues es consciente de adivinar como una seria dificultad y un sombrío horizonte la falta de ganado, al menos para organizar corridas serias y no solamente espectáculos menores.

El panorama no es más halagüeño para los matadores de toros, y toda esa tropa que conforman los banderilleros, veedores y diversos oficios que pululan en torno a la tauromaquia y que han visto laminada su única fuente de ingresos. Invierno largo, para estar con los trastos de torear en casa y con pocas expectativas de volver a hacer el paseíllo en 2020.

Reclamar unidad

El actual empresario y apoderado Mariano Jiménez , que vestido de luces abrió la Puerta grande de Madrid en el año 1992, dice de modo gráfico que «esto estaba ya sangrando, y esta situación lo ha venido a agravar». No es el único que frente a esta situación crítica reclama unidad. Y acabar con la denominada por él «guerra de guerrillas». El mundo del toreo ha sido un tradicional campo de batalla de intereses cruzados, de empresarios poderosos y casi oligopolísticos que han mandado en los despachos y los ruedos, y que han dejado muchas bajas en el camino.

Del mismo modo lo reclama Ignacio Frauca, el responsable del canal temático de los toros de la plataforma Movistar Plus, quien entiende que «sin todos los actores unidos es imposible salvar esta situación» que califica como «de hospital de campaña». Más aún, avanza que «no hacer espectáculos en este año sería un auténtico suicidio. Hay que hacer lo imposible para programar toros y que no se pase un año en blanco».

Paradójicamente, San Isidro 2020 se presentaba flamante en su cartelería. De la misma manera que en otras ferias anteriores como la sevillana, se había reunido lo mejor de toros y toreros. Por no ser tan negativo, algunos incluso habían detectado una cierta revitalización taurina al calor de una mayor presencia juvenil y de públicos más transversales en las plazas de toros. Dice Rafa Garrido que para el ciclo que nunca llegó a presentarse el 25 de mayo en una gala en un Teatro de la Gran Vía, «estaba cerrada la presencia de dos tardes para Morante, cuatro Talavante, tres Roca Rey, y así prácticamente toda la nómina de matadores y novilleros».

Pero no podemos olvidar muchos de los problemas que, a pesar de todo ese largo episodio de felicidad que es San Isidro, tiene una feria que difícilmente llena sus localidades todas las tardes a diferencia de décadas anteriores. Y que tiene que luchar, como tantas ferias contra la incoherencia de los pliegos de contratación pública, entre otras el metraje excesivo del ciclo. O lo que según Juan Pedro Domecq «son las reivindicaciones de los actuantes incompatibles con la propia economía el espectáculo». Según este ganadero los toreros deberían ser productores. Y las taquillas deberían reflejar la diversa calidad de cada uno de los espectáculos. El papel de la televisión se antoja decisivo. Y por ello, tal y como coincide Frauca, «sin una ventana audiovisual hoy es difícil programar toros».

Una voz única

La Fundación del toro de lidia, que hoy preside Victorino Martín, se antoja crucial. A juicio de Pedro Domecq «es el reflejo de la sociedad civil en el toreo, y donde aglutinarse frente al poder». O, como dice Zazo Frauca, «el organismo donde tienen que estar todos los sectores para tener una voz única en tiempos de dificultad». De hecho, la Fundación ha alzado su voz esta misma semana frente a las declaraciones de algún miembro del Ejecutivo ignorando el valor cultural de la tauromaquia.

Tiempos convulsos, pero siempre hay afortunadamente brotes verdes. José María Garzón, uno de los más jóvenes, inquietos e innovadores empresarios taurinos, que vive con pasión lo que considera más que un trabajo, su vida y su afición está determinado a dar toros este año. «Si las autoridades me lo permiten, y dentro del marco de la legalidad, estoy trabajando para más pronto que tarde ofrecer corridas de toros. Será tematizando plazas, con imaginación, pero esto no se puede perder». El empresario de Santander o Córdoba entre otras plazas, abre un rayo de esperanza y prudencia para el planeta de los toros. Mientras, habrá que esperar a San Isidro 2021, y que se recupere el pulso de una Fiesta que en todo caso necesita muchas horas de terapia.