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Como azúcar en agua

Climent se lleva la única oreja en el festejo del Día de la Virgen en Valencia

Valencia, 12 de mayo. Un tercio de entrada.

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Novillos de Goméz de Morales, bien presentados pero con my oca fuerza. El primero fue, con diferencia, el mejor.

Cristian Climent (de pavo y oro), media estocada y cuatro descabellos, aviso, ovación; entera, aviso, oreja.

Jorge Isiegas (de azul noche y oro), dos pinchazos, estocada, aviso, silencio; pinchazo, aviso, entera, silencio.

Carlos Ochoa (de rosa y oro), entera, silencio; dos pinchazos y estocada, silencio.

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El tradicional festejo con que se celebra la festividad de la patrona de Valencia, la Virgen de los Desamparadps, sirvió para que el coso de Monleón abriese de nuevo sus puertas tras la feria de fallas y hasta la de San Jaime. La desaparición de los festejos posteriores a San José han dejado sólo esta función como puente taurino entre marzo y julio. Y gracias...

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Debutó en esta plaza la ganadería del matrimonio Gómez de Morales, que soltó un encierro bien presentado pero en conjunto de muy poca fuerza, con un muy buen primer novillo que, pese a ser mal picado, llegó alegre y pronto a la muleta, dejando ver a un Cristian Climent muy templado y entonado y que su que a su habitual entusiasmo añadió quietud y fondo, aunque perdió la oreja con el verduguillo. Este fue, desde luego, el cenit del festejo, puesto que a partir de aquí todo se fue diluyendo como un terrón de azúcar en agua.

Se lució el novillero de El Puig al veroniquear al cuarto, animal que quedó ya exhausto tras el recibo capotero. Manseó en varas y acusó claramente su falta de energía en el último tercio, lo que tapó su nobleza y clase e impidió lucir más a un muy centrado Climent, que sacó todo lo que tuvo su oponente.

Jorge Isiegas, que dejó un emocionante quite por satllleras al que habría plaza, con el primero que su lote, flojo y muy protestado, puso todo de su parte pero el novillo, muy justo de fuerza, se quedó corto y se paró enseguida, haciendo inútil su esfuerzo.

El quinto apenas se tenía en pie, defendiéndose y sin dar más opciones al torero maño que mostrar disposición y ganas.

Tuvo buen son de salida el tercero pero también muy poca potencia, lo que condicionó decisiva y negativamente su comportamiento y por ende la actuación de Carlos Ochoa, que apenas pudo estirarse en la tanda con que abrió su faena de muleta.

Tampoco pudo lucir apenas con el que cerró el festejo, suelto en el caballo y yéndose al suelo tras el primer muletazo, embistiendo siempre a duras penas, con la cara por las nubes y sin entrega alguna.

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