De sorpresas y regalitos

Vuelta al ruedo para un novillo de Cebada Gago que no la mereció

Clemente

- Algemesí, sexta de feria. Lleno.

- Tres novillos de Cebada Gago y uno, segundo, corrido como sobrero, de Guadaira. Terciados y serios y de poco juego. El tercero fue premiado con la vuelta al ruedo. Lleno.

- Miguel Ángel Silva (de purísima y oro), entera trasera y atravesada, silencio con aviso; tres pinchazos y media, silencio con otro aviso.

- Clemente (de púrpura y oro), dos pinchazos y tres descabellos, silencio; entera, silencio.

De las cuadrillas destacaron Juan Navazo y Jesús Aguado.

Ya se sabe que la de los toros es fiesta por y para el pueblo. Y más todavía en Algemesí, donde se sigue aplicando la vieja fórmula de “donar bous al poble si el poble demana bous”. Pero todo tiene sus límites. O debería. Porque luego los hechos llaman a engaño o pueden dar lugar a malos entendidos y confusiones. Si en la ficha se lee que un novillo ha sido premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre, cualquiera entenderá que ese animal ha sido de nota y que, a poco que el resto del encierro se le haya parecido, la novillada habrá dado buen juego. Pues nada de eso fue así. Sí que, efectivamente, se le dio la vuelta al ruedo al cadáver del novillo lidiado en tercer lugar, pero es que ello nunca debió ocurrir. Fue un astado de escaso trapío, que empujó en el caballo sin especial entrega y con un sólo pitón; escarbó, esperó y se dolió en banderillas y, en la muleta, tuvo unas cuantas arrancadas por el lado derecho en las que hasta humilló, pero por el pitón izquierdo no tragó nunca y fue a morir a chiqueros ¿merece tal premio un novillo así? Desde luego fue el de mejor son de un encierro que se defendió y tuvo muy poca raza y al que dieron sin misericordia ni medida en el caballo. Un encierro que se remendó -al romperse una pezuña el titular- con un ejemplar de Guadaira hosco y bien armado, complicado y con peligro. Un auténtico regalito.

Miguel Ángel Silva anduvo a gorrazos con su rajado primero y aprovechó aquellas primeras claras y humilladas embestidas del tercero para muletear con temple y ligazón en un trasteo un tanto difuso y de trazo grueso. Además mató muy fea y malamente a sus dos oponentes.

Clemente anduvo muy a la defensiva y sin convecimiento con el sobrero, siempre con la cara por las nubes y defendiéndose a cabezazos y gañafones y, sin traspasar los límites de la prudencia, se mostró más entonado con el cuarto, del que sacó algunos muletazos de buen trazo y al que mató con habilidad.