Hogueras se escribe con «M»

Gran tarde de un pletórico Manzanares y un espléndido López Simón. A Ponce le faltó suerte.

Gran tarde de un pletórico Manzanares y un espléndido López Simón. A Ponce le faltó suerte.

Alicante. Cuarta de feria. Se lidiaron toros de Juan Pedro Domecq, bien presentados, nobles y manejables aunque faltos de fuerza. Más de tres cuartos de entrada.

Enrique Ponce, de champagne y oro, entera (ovación); aviso, bajonazo y estocada (oreja).

José María Manzanares, de grana y oro, aviso, pinchazo y estocada (oreja); entera (dos orejas).

López Simón, de azul noche y oro, aviso, media (oreja); entera (dos orejas).

De las cuadrillas destacaron Jocho y Rafael Rosa.

Alicante vivió el día grande de sus fiestas con toros, como no puede ser de otra manera, por mucho que sus nuevos gobernantes se empeñen. Corrida de expectación, con mucha gente, por fin, en los tendidos y mucha también llegando tarde y molestando a los espectadores previsores y puntuales e interfiriendo hasta en el desarrollo del festejo: hubo que esperar unos minutos, bastantes, para que la gente se acomodase y la terna actuante pudiese hacer el paseíllo.

También tuvo Ponce que esperar mucho a su primero, toro gordo y blandengue con el que se estiró en las verónicas de recibo y al que cuidó mucho ya desde el primer momento, llevándole con suavidad y mimo, buscando darle confianza y seguridad, a media altura y sin forzar nunca a un astado que tuvo voluntad de embestir pero no fuerza para hacerlo.

El cuarto apretó en el peto, aunque también rodó por el suelo. Ponce, asiduo a esta feria y al triunfo en ella -en 2009, por ejemplo, indultó aquí a otro toro de Juan Pedro Domecq- no quiso irse de vacío y volvió a prodigar cuidados a este segundo toro de su lote, buscando no quebrantarle demasiado y subiendo progresivamente la intensidad y el tempo de su muleteo, derrochando voluntad, ganas y el tiempo que hiciese falta -sonó un aviso antes de buscar la espada de verdad- para amarrar aunque sólo fuese una oreja.

Pero la tarde fue para Manzanares, a quien el alcalde de la ciudad y el Club Taurino local entregaron el trofeo que le acredita como triunfador de la feria del pasado año y que lleva el nombre de su señor padre, y que correspondió al detalle recibiendo con dos largas de rodillas a su primero, con y sin remate y al que obvió el castigo en varas. Como varios de sus compañeros en este serial, brindó a Francisco José Palazón, torero paisano que anda peleando contra el cáncer y, con la plaza volcada, toreó con temple y ligazón, sin enmendarse y en un palmo de terreno, enroscándose al toro en círculos interminables. Todo ello sobre la mano diestra, ya que al natural sólo dejó una serie y con cierta velocidad. Se empeñó luego en matar recibiendo y, con un toro ya para entonces aplomado, le costó acabar su turno y perdió una oreja en el intento.

Y la función explotó con la lidia del quinto, con el que ya se hizo aplaudir con las chicuelas con que puso en suerte, enganchando al toro ya en el primer muletazo, mientras un espontáneo le cantaba desde el tendido. Todo enfilaba para el apoteosis. Manzanares toreaba primorosamente al natural, fluyendo los muletazos limpios, interminables, con regusto, haciendo un alarde de temple, elegancia y estética. Y lo mismo sucedió cuando se echó la muleta a la diestra. Pletórico el torero de Santa Faz, que tumbó patas arriba al astado de una formidable estocada. Hogueras se escribe, también este año, con M de Manzanares.

También salió a hombros López Simón, que se lució al veroniquear al astifino y engatillado tercero, al que pese a que apenas se le picó, salió de la suerte doblando las manos. Tuvo también cierta dificultad para acometer en banderillas pero llegó a la vuelta alegre y repetidor, dándole su matador mucha distancia, lo que no le vino bien al morlaco, escaso y justo de energía y que se iba al suelo a la más mínima exigencia. Al natural recortó el madrileño el espacio entre ambos y el animal lo agradeció. Pudo así dejar muletazos más largos y limpios antes del arrimón final con el que acabó metiéndose al púbico en el bolsillo y la oreja en el esportón. Y con la gente ya encantada y la tarde encarrilada, disfrutó toreando al que cerró plaza. Muy firme y dispuesto, muleteó con quietud, templanza y mando, siempre con la mano muy baja y haciendo demostración de valor y recursos, mostrándose, además, contundente con el estoque.