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Joaquín Galdós: «Físicamente ha sido mi cornada más dura, pero emocionalmente la que menos»

El peruano ha sido dado de alta esta mañana, seis días después de su grave percance en Bayona

Imagen de archivo de Galdós en Las Ventas
Imagen de archivo de Galdós en Las Ventaslarazon

Tras casi una semana entera en el Hospital Belharra de Bayona, Joaquín Galdós recibía el alta esta misma mañana. El peruano sufrió una cornada en el muslo de tres trayectorias, de 30, 20 y 10 centímetros, en la plaza de toros de Bayona (Francia). Un toro de La Quinta le prendió mientras entraba a matar por derecho. Ya desde su casa ha asegurado a LA RAZÓN que «me encuentro mucho mejor, las heridas han cerrado bien y no se han infectado». Aun así, es consciente de que «el destrozo muscular ha sido tremendo y llevará tiempo recuperar plenamente la movilidad de la pierna». El peruano, que no podrá actuar mañana en Béjar (Salamanca), espera poder acortar los plazos hasta el 21 de septiembre, fecha en la que tiene un compromiso en Majadahonda (Madrid).

Galdós, que ya empieza a dar los primeros paseos con las muletas, recuerda así su angustioso percance: «Me asusté mientras estaba en el aire. Pensé que me había corneado en el tórax, pero cuando caí al suelo me alivié al ver que solo había atravesado la chaquetilla. Después de eso lo del muslo casi me pareció poco, y eso que sabía perfectamente que al menos llevaba 25 centímetros. Sentí el pitón hasta la pelvis, pero me tranquilizó ver que la herida no sangraba a borbotones y, sobre todo, estar en Bayona». La cornada fue muy limpia, no afectó a ningún vaso importante.

A pesar de que ya ha sufrido otros percances en Madrid o Málaga, este ha sido el más grave de todos y el único que le obligará a pasar por un proceso de rehabilitación. Por ello es prudente y asegura que «no me voy a volver loco con los plazos. Si me obsesiono sé que seguramente no llegaré». Joaquín está convencido de que esta cornada, a pesar de ser su primera de gravedad, no le ha dejado ningún tipo de secuela psicológica: «Al contrario. Físicamente ha sido mi cornada más dura, pero emocionalmente la que menos me ha afectado. Me tiré a matar convencido de que me podía coger, pero no me importó. Cuando noté que la espada entraba no me importó mi herida, y más cuando supe que no era de enorme gravedad. En la enfermería me sentía totalmente satisfecho, me había entregado voluntariamente y había salido bien». El riesgo le valió también una oreja. Así asegura que este primer percance de su carrera no hace más que confirmar su compromiso con su profesión: «Si me dijesen de reaparecer con seis toros como el que me cogió aceptaría sin dudarlo».

El peruano hace balance de una temporada que define como «de altibajos»: «A pesar de fallar con la espada, salí de Sevilla con unas sensaciones increíbles, pero no duraron mucho. En Madrid viví un pequeño “bajón” de moral, fue la típica tarde de sopor en la que no pasó nada. Tardé tres o cuatro tardes en volver a reencontrarme, en Beziers. Luego llegó Bayona y más allá del percance, creo que fue la confirmación de que ha vuelto el mejor Galdós. Me sentí como si acabase de arrancar la temporada».