Los naturales de Pablo Mora conquistan las nocturnas de Las Ventas

El novillero madrileño gana la Final del certamen de novilladas nocturnas de promoción ante una buena novillada de Espartaco

La buena novillada que lidió Espartaco ayer en Las Ventas fue lo más interesante de una noche desértica en lo climatológico y en la que tuvo su peso un par de tandas de Pablo Mora al natural, que dio una vuelta al ruedo, nada que ver con la que se marcó por su cuenta Rafael González.

Con cuatro verónicas genuflexas y dos chicuelinas recibió Alejandro Fermín a la «pintura» que hizo primero, novillo de preciosas hechuras, largo, de generoso cuello y, algo aún mejor, con muy buen tranco. El extremeño brindó al personal una faena que no pasó del disparadero pese a sortear un utrero con nobleza y recorrido. A las primeras tandas por naturales un punto rapiditas les siguió un par de ellas a derechas mejor conjuntadas, más limpias y templadas. Y por abajo. Pero faltó un punto de convicción, de romperse más con el novillo. Al final, la sensación fue que, sin estar mal, debió estar bastante mejor a tenor del antagonista que tuvo delante. A por todas salió frente al fino y entipado cuarto, al que saludó con tres largas de rodillas antes de volver a ponerse de hinojos para iniciar su quehacer con la franela. Ya recuperada la vertical se sucedieron series por uno y otro pitón demasiado aceleradas, sin encontrarle el pulso al astado que fue el que marcó el verdadero ritmo de la faena. Le faltó sosiego, dominar las irrefrenables ganas que tenía por agradar, que, por el contrario, le jugaron una mala pasada.

Frío y abanto de salida, el primero de Rafael González empezó a destaparse en el segundo tercio. Cosas del encaste Núñez. Y como tal también se prestó en la muleta, con un punto de temperamento al principio, que fue disipándose a medida que transcurría su lidia. Y González, fácil y seguro, sin embargo, no se acopló con él, sin acabar de engancharlo en los vuelos y demasiado brusco en los toques, lo que propició que aquello saliera un tanto deslavazado. El quinto fue simplemente extraordinario, y González, que inició faena de rodillas, volvió a diluirse en un trasteo que jamás rompió, fundamentalmente por la brusca manera de plantearle batalla, demasiado encimista, por fuera y sin templar en ningún momento. Y a todo esto, el novillo sin cesar de embestir pese al trato tan tosco que le dio su matador, que, ni corto ni perezoso, se marcó una inexplicable vuelta al ruedo. Necesita cuanto antes alguien que le asesore de verdad. Y una cura de humildad también.

Fino y bien hecho, el primero de Pablo Mora tardó en definirse. Lo mismo colocaba la cara abajo en los capotes que se quería marchar y derrotaba a la altura del pecho. El secreto era esperarle. Tener paciencia. Y, sin ser un dechado de bravura, lo que pedía el animal es que tiraran de él y lo llevaran hasta el final. Pues clase tenía, lo único que había que saber sacársela. Y Mora no acabó de acertar con él, demasiado aturullado y a la defensiva. Le faltó tirar la moneda y, sobre todo, jugar con los flecos y no abusar tanto de la pantalla. El sexto bis, pese a estar un punto agarradito al piso, también tuvo clase, y Mora le pegó los mejores muletazos de la noche. No fueron muchos. Un par de tandas. Pero fue lo más sentido y más torero de toda la función. Al final dio una vuelta al ruedo. Esta sí que tuvo su aquel.

Ficha del festjeo: Novillos de Juan Antonio Ruiz Román, el sexto como sobrero, de excelente presentación e interesante juego. Destacaron sobremanera primero, cuarto y quinto, tres excelentes novillos. Con temperamento, el segundo; con clase pero poco fuelle, el tercero; y enclasado también el sexto bis.

Alejandro Fermín, de purísima y oro: cuatro pinchazos y casi entera (silencio tras aviso); y pinchazo, media desprendida y nueve descabellos (silencio tras aviso).

Rafael González, de grana y oro: estocada ligeramente trasera y cuatro descabellos (silencio tras aviso); y estocada desprendida y perpendicular que escupe y descabello (vuelta al ruedo por su cuenta y muy protestada).

Pablo Mora, de verde hoja y oro: estocada (silencio); y pinchazo hondo y dos descabellos (vuelta al ruedo tras aviso).

Al finalizar la novillada, el jurado y los aficionados a través de las redes sociales declararon a Pablo Mora como triunfador del certamen, lo que le permite volver a torear en la novillada de la próxima Feria de Otoño. La plaza registró un tercio de entrada (8.120 espectadores según la empresa) en noche muy calurosa.