Sorteo viene de suerte

Román conquista Valencia ante un buen sobrero de Luis Algarra tras cortarle las dos orejas. Rafaelillo se tuvo que conformar con la oreja

El torero Román sale por la puerta grande durante el último festejo de la feria de julio de Valencia
El torero Román sale por la puerta grande durante el último festejo de la feria de julio de Valencia

Valencia. 24 de julio. Cuarta de la feria. Se lidiaron toros de Celestino Cuadri, Cinco toros de Celestino Cuadri y uno, tercero, de Luis Algarra, corrido como sobrero. Muy bien presentados pero de escaso juego los titulares. El de Algarra fue premiado con la vuelta al ruedo.

Rafaelillo, de nazareno y oro, dos pinchazos y estocada, aviso (ovación); entera (oreja).

Pascual Javier, de purísima y oro, media y tres pinchazos (silencio); entera (silencio).

Román, de botella y oro, entera (dos orejas); cuatro pinchazos, casi entera y tres descabellos, aviso (silencio). De las cuadrillas destacó José Mora.

Se cerró la feria de julio con la concesión torista del abono. Una corrida de Cuadri de impecable presencia, con cuajo, caja y plaza, pero de muy escaso juego y que no acabó de dar facilidades a sus matadores. Tuvo que salir un sobrero de Algarra para que la función no sólo se fuese arriba, sino para permitir que un torero solvente y con futuro explotase y lograse un triunfo tan contundente como merecido. Hubo suerte esta vez en el sorteo. Aunque, qué duda cabe, luego hubo que aprovecharla.

Fue ese sobrero un astado con casi seis años, que manseó en el caballo y apretó en banderillas, poniendo en muchos apuros a la cuadrilla. Román salió muy dispuesto, luciéndose al tirar de repertorio con la capa y en los quites. Luego estuvo valentísimo y enseguida puso en pie a la gente con un inicio de faena vibrante y estoico antes de templar muchísimo y bajar la mano con mando y firmeza. Citó muy de lejos y llevó muy toreado y largo a un toro que cambió para bien en el último tercio, toreando muy despacio al natural y sin una sola duda. Y todo en la boca de riego, en un palmo de terreno y pasándose muy cerca a su oponente, al que tumbó de un estoconazo inapelable. Nada que ver con el que cerró feria, un toraco de 640 kilos, imponente y bien armado que manseó en los primeros tercios y no tuvo luego un pase, siempre a la espera y a la defensiva e imposible en la última suerte.

Rafaelillo, especialista en este hierro y triunfador últimamente en este coso con toros de esta divisa, dejó bien claras sus intenciones desde el primer momento, recibiendo con una larga de rodillas al que abrió plaza, que no se lo puso fácil. Distraído y titubeante de salida, ahora embisto, ahora me lo pienso... midiendo mucho y siempre pendiente de un torero que le plantó batalla primero sobre las piernas, buscando rebajarle la fiereza, doblándose y macheteando. Porfiando hasta sacar una buena serie sobre la derecha y consintiendo y tragando una barbaridad, siempre muy cruzado y exponiendo muchísimo hasta exprimir totalmente a su oponente. Salió a por todas con el cuarto, muy parado de salida pero acometedor al fin. La faena fue un continuo toma y daca: arreones y tarascadas por parte de uno y muletazos recios y poderosos a cargo de un torero que se vació.

Se arrancó de lejos el segundo al caballo, pero salió del tercio mermado y acortando ya su recorrido, echando la cara arriba, entrando al paso y revolviéndose. No le volvió la cara Pascual Javier, que le cogió la distancia y el aire por el pitón izquierdo y por ahí sacó varios muletazos de muy buen trazo. Pero no había más. No quiso irse de vacío el valenciano aunque no le puso nada fáciles las cosas el quinto, que dio una tremenda voltereta en banderillas a Miguel Ángel García. Luego el de Cuadri se aferró al suelo y sólo se movió buscando el bulto, haciendo inútil el esfuerzo de Pascual Javier, que deberá esperar otra oportunidad.