Tres buenos novilleros frente al orgullo ganadero local

Faenas notables de Ginés Marín y Varea, y pundonor de Leo Valadez, ante una dispar y sobreestimada novillada de la divisa zaragozana de Los Maños

Natural de Varea en la faena a su primero
Natural de Varea en la faena a su primero

Plaza de toros de Zaragoza, cuarto festejo de la feria del Pilar. Se lidiaron seis novillos de Los Maños, desiguales de trapío y cuajo, más bastos los últimos. Con más movilidad que entrega, el primero; noble y a más, el segundo; encastado y reservón, el tercero; el cuarto, nobleza y de calidad pero sin transmisión, premiado con la vuelta al ruedo; quinto y sexto, con sentido y complicaciones.

Menos de media entrada en los tendidos.

Ginés Marín, de salmón y oro: estocada (ovación); estocada (oreja con petición de la segunda).

Varea, de corinto y oro: estocada desprendida (oreja con petición de la segunda); tres pinchazos, estocada atravesada que asoma, dos pinchazos y media estocada delantera atravesada (ovación tras aviso).

Leo Valadez, de blanco y oro: estocada (ovación); media estocada atravesada delantera y cinco descabellos (silencio tras aviso).

En los últimos años, la ganadería zaragozana de Los Maños se ha ganado con sus triunfos, como el indulto de uno de sus novillos en la pasada edición de la feria, que los aficionados locales acudan a ver sus encierros con cierto partidismo, en tanto que los «santacolomas» de Aragón apelan taurinamente al mismo orgullo local con que otros acuden a La Romareda.

La cuestión es que, en ese contexto, los tres novilleros que ayer hicieron el paseíllo en Zaragoza no sólo tuvieron que enfrentarse a las dispares condiciones de sus lotes sino también a ese favoritismo por la ganadería que hizo que se aplaudieran tanto los ejemplares buenos como los malos, que de todo hubo, e incluso que se premiara con exceso a uno de ellos, el cuarto, con la vuelta al ruedo en el arrastre.

Tanto Ginés Marín como Varea solventaron la papeleta con la sobrada autoridad que les da el haber sido dos de los novilleros punteros de la temporada que agoniza, aunque ambos se fueron de Zaragoza con menos orejas de las que merecieron.

Marín, porque estuvo sobrado ante ese cuarto premiado en el arrastre y por el que el público tomó partido desde que le vio arrancarse de largo al picador, aunque después no empujara de verdad en el peto.

El novillero extremeño aprovechó la noble calidad que sí tuvo el cárdeno para cuajarle sobre todo al natural y terminar de calentar al tendido con los alardes ojedistas de remate. Pero, tras una estocada tan buena como la que le recetó a su primero, que se movió mucho sin emplearse, el presidente prefirió excederse en el premio al novillo y no en el del novillero, al que sólo dio una de las dos orejas pedidas.

La que ya había dado antes, al final de la lidia del segundo, fue para el castellonense Varea, que le hizo un trasteo macizo, por el temple, el poso y el largo trazo de los pases, al otro novillo destacado de la suelta. Clásico y elegante, en la línea de los toreros más sobrios de los años setenta, Varea dejó algunos de los momentos de mejor toreo de lo que llevamos de feria... sin que el fondo torista del graderío terminara de valorarlos en su precisa medida.

Después, el de Castellón solventó con inteligente estrategia, salvo con la espada, el sentido del quinto, tan complicado como el avieso sexto que se echó a los lomos a Leo Valadez. A falta de mayor rodaje, el mexicano hubo de tirar de pundonor para salir airoso del trance.