Raquel Sánchez Silva: «A veces es mejor tener un pantalón que veinticinco»

Mañana estrena el programa «Maestros de la costura», un regalo que le ha tocado y tras el que siente que ella a la televisión no puede pedirle más

Raquel Sánchez Silva
Raquel Sánchez Silva

Mañana estrena el programa «Maestros de la costura», un regalo que le ha tocado y tras el que siente que ella a la televisión no puede pedirle más.

Si a Raquel Sánchez Silva le hubieran tenido que confeccionar un programa de televisión a la medida, ese hubiera sido «Maestros de la costura» (TVE). Es cierto que ella disfruta con todo lo que hace y que ha hecho de todo, pero cuando se mezclan las emociones y la superación, con la moda como excusa, el cóctel resultante es especialmente perfecto para esta presentadora todoterreno. «Espero que sea un programa a la medida de todo el mundo. Al final, todos nos vestimos por la mañana, ¿no? Y mujeres comunicadoras a las que les guste la moda hay muchísimas. Yo he tenido la suerte de que me haya tocado este regalito, como en su día lo fueron los Oscar, porque amo el cine, o “Pekín” o “Supervivientes” porque amo viajar, pero la moda es otra de mis pasiones, de forma que yo, a la tele, a veces pienso que no le puedo pedir más, la verdad», dice.

Le digo que será porque lo vale y es capaz de metamorfosearse dependiendo de lo que le toque, pero ella le resta importancia a su buen hacer y le parece, casi, una exigencia del momento en que vivimos. «¿No te da la sensación de que hemos entrado en la era en la que el que no valga para todo va a ser como la selección natural y se va a ir quedando en el camino porque hacer de todo es la única manera de sobrevivir?», reflexiona.

En todo caso, ella ya sabía que los programas donde afloran las emociones exigen mucho del presentador. «Este programa ha sido uno de los más difíciles para mí. En otros en los que dormía cuatro horas, viajaba en una furgoneta, estaba en una isla muerta de calor y picada por los bichos, el desgaste era físico. En éste, hemos rodado muchas horas, pero la maratón ha sido guiar todos esos sentimientos y emociones a flor de piel que estaban presentes todo el rato».

Hasta lo nimio cobra importancia en el espectáculo. «Aquí todo era demasiado importante: la cremallera invisible que no queda perfecta, el botón que no está en su sitio... Yo, que era la única de todo el plató que no se dedicaba a la moda, porque los jueces, Palomo, Caprile y María Escoté, lo hacen y los aprendices lo quieren hacer, he sido de alguna manera la médium a la que le posee un espíritu por la que pasa todo y cuando vuelve a su ser termina agotada».

Esas emociones y el que alguien le señale a otro si vale o no lo que hace, está a la orden del día. Son muchos los programas con jurados. «Sí, parece que la evaluación está de moda. Mucho de lo que pasa en las redes sociales tiene que ver con eso, con la valoración permanente, a modo de “follow”, “unfollow”, un buen comentario o que se te echen encima los “haters”. Creo que eso a veces nos hace perder la capacidad autocrítica. Al final lo que importa, más que si lo hemos hecho bien o mal, es si hemos hecho todo lo que podíamos. Y saber que, aún haciéndolo, las cosas no siempre salen bien».

Así es. Y lo que premian este tipo de programas, en realidad, es más el esfuerzo que el éxito. «Sin duda, los que triunfan son aquellos concursantes en los que hay una evolución. Rara vez gana el que es muy habilidoso desde el principio, el que ya venía con todo aprendido y no necesita una reprimenda en un momento porque no comete errores. Lo que emociona realmente es el crecimiento, la evolución».

Al público le gusta mucho reconocerse en los concursantes. En la normalidad. Aunque, poco o nada tienen que ver con la normalidad Lorenzo Caprile o Palomo... Tal vez los diseños de María Escoté sean más asequibles, pero los de los otros dos jurados... Se sueña con ellos, pero no todos los pueden pagar. «Bueno, nosotros también jugamos en el programa a ver la moda como un sueño. La moda tiene eso también: la ensoñación, la fantasía, lo que yo me pondría, lo que yo llegaría a llevar... Lorenzo Caprile no está ahí porque sus vestidos sean más o menos inalcanzables sino porque son únicos y de una ejecución técnica difícil de emular. Y Palomo porque hace algo completamente distinto a lo que hacen los demás. En cuanto a lo inalcanzable, económicamente hablando, yo creo que precisamente el programa mostrará a la gente de dónde vienen esos precios de la moda, qué está inflado y qué no lo está, o por qué de repente una prenda vale lo que vale y otra no. A veces es mejor tener un solo pantalón que veinticinco, aunque el mercado esté construido para que renovemos el armario cada año».

La Reina y la moda española

Eso está muy bien, así animamos a que la gente se vista con moda española. «Yo siempre lo he hecho, la Reina también... Hay muchas personalidades que lo hacen y creo que tienen la obligación de ser prescriptoras. No todos los días, claro, también tiene que haber algo de fuera, pero creo que nos toca apostar por lo nuestro. Aquí hay una moda maravillosa». Y para todos los cuerpos y todas las tallas. Parece, por cierto, que Raquel conserva su talla tras la doble maternidad. «Y soy la primera sorprendida cuando me acuerdo de aquella inmensa barriga. No estoy igual, vestidas disimulamos muchas cosas, pero tengo la misma talla».

No habrá cambiado de talla, pero seguro que sí de vida. «Mira, estoy tan contenta de todo lo que me pasa que solo puedo repetir como un mantra “gracias” y esperar que no termine». Y yo que me alegro infinito, después de aquellos días trágicos tras la muerte de su marido... «Lo único que espero es que todo el mundo tenga la oportunidad de sentirse apoyado y querido cuando la vida les traiga lo que les vaya trayendo».