Un extraño partido de tenis como escapada

¿Quién no ha pensado en algún momento de esta vida llena de cosas, agendas saturadas y estrés, dejarlo todo y marcharse lo más lejos posible? Tras «Non solum», Sergi López y Jorge Picó vuelven con «30/40 Livingstone», un espectáculo creado, dirigido y representado por ellos mismos. Su propuesta es la aventura de un hombre contemporáneo insatisfecho, charlatán y contradictorio que decide abandonar la vida que lleva para perderse en lugares lejanos. Allí encontrará un ser extraño, una especie de animal humano que le revelará cosas de sí mismo. Con él comienza una relación que se va desarrollando dentro de un partido de tenis –de ahí el tanteo 30/40– cuyas reglas de juego deben ser acatadas. Las horas compartidas con el animal son un camino de revelación y autoconocimiento para este Livingstone particular. La estrenaron en diciembre de 2011 en el Teatre de Salt, dentro del festival Temporada Alta, y tras dos años de gira llegan a La Abadía de Madrid.

Lo definen como «un espectáculo de humor, tenis y antropología. Un monólogo-diálogo que comienza en tono de comedia y acaba de forma dramática». Una idea que «fuimos construyendo en el escenario sobre la marcha –explica Sergi López–. Un hombre contemporáneo occidental que quiere cambiar de vida, vivir en libertad. No sabe si su escapada es una búsqueda o una huida de su vacío. Ésa es la duda del hombre actual. Pero el territorio que busca no es físico, es humano, que es lo que nos interesa. Se ha llevado su modelo de vida, sus esquemas mentales. El animal le ayuda inconscientemente, le revela su verdad como un espejo».

Para Jorge Picó, «aunque no lo parezca, es un viaje muy realista. Busca algo mejor, dar sentido a su vida. Se da cuenta de que el tiempo pasa y está muy solo, no esperaba encontrar este animal con resonancias humanas y míticas que lo escucha. No estamos acostumbrados a escuchar. Los animales son un ejemplo, no hablan pero comunican». Y continúa López: «El partido de tenis es muy simbólico. Representa las reglas del juego que hay que cumplir. Tiene un juez y un público educado y correcto, que después del partido hace negocios». Se identifican con «un teatro no explícito. Nos reconocemos más en lo sugerente, en la posibilidad de reflexionar. Aunque tenemos una base convencional, nuestro espectáculo no lo es. Es diferente. La palabra tiene la misma importancia que los gestos. Un personaje habla, otro no y, sin embargo, hay diálogo, hay comunicación. El teatro debe hacer pensar. Si sólo lo entendemos como mero entretenimiento, estamos reduciendo al mínimo su verdadera capacidad».