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El Raval: El Molenbeek español

La radicalización en las mezquitas ha sido sustituida por la de reclutadores que actúan en sociedades paralelas de los núcleos urbanos y que se mueven al margen de la ley

  • Varios agentes participan en una operación policial en el barrio barcelonés de El Raval
    Varios agentes participan en una operación policial en el barrio barcelonés de El Raval
Luis de la Corte. 

Tiempo de lectura 4 min.

19 de agosto de 2017. 16:37h

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¿Presenta Barcelona alguna peculiaridad que haya facilitado el ataque de los extremistas? ¿Está en la Ciudad Condal el Molenbeek español?

–En términos geográficos ha habido una evolución del extremismo en Barcelona, así como en otros puntos de Cataluña, al igual que en Ceuta y Melilla y alguna zona del litoral español. También en Madrid, pero en este caso es por tratarse de la capital del país, que recibe a mucha más población nacional y extranjera que otras ciudades. Los casos más similares a lo que ocurre en el barrio de Molenbeek de Bruselas es el barrio de «El Príncipe», en Ceuta, La Cañada, en Melilla, y el Raval de Barcelona. En este barrio de la Ciudad Condal ha habido una evolución negativa en cuanto a lo que a actividad de captación, de recultamiento, de difusión y de mensajes radicales se refiere.

¿Cómo se mueven los yihadistas en estos entornos?

–Hay que subrayar que las comunidades en su conjunto no son el problema, sino lo que hacen ciertas personas en esas comunidades para atraer actividades de apoyo al terrorismo en entornos donde parece que pueden moverse con más holgura, en los que hay cierto miedo a denunciar ese tipo de actividades. Es decir, personas que no destacan, lo cual les da mayor margen de maniobra. Se crean sociedades paralelas en centros urbanos que funcionan con reglas y normas distintas. Esto es un grave problema porque puede generar espacios de impunidad donde estos individuos que movilizan la causa yihadista se muevan sin problema. La presencia policial y de Inteligencia es más compleja en estos lugares.

¿Ha habido falta de políticas de integración de estas minorías en la sociedad española, especialmente en lugares como El Raval?

–El problema de la integración no lo voy a negar, pero su relación con la radicalización se ha exagerado. La inmensa mayoría de los miembros de las comunidades de las diásporas musulmanas no se radicalizan pese a estar mejor o peor integrados. No es suficiente la integración para que no haya radicalización.

¿Siguen siendo las mezquitas el principal foco de conversión?

–Las mezquitas no funcionan como indica el estereotipo, hace tiempo que dejaron de ser el principal centro de difusión de mensajes y de captación. Ya no lo son porque hay bastante conciencia sobre este riesgo y ha habido un control importante. Además, las personas que acuden a las mezquitas son los primeros que protestan. Internet es muy importante en la radicalización, pero los datos sobre España indican que tan importante o más que internet es la actividad de personas que actúan como agentes de radicalización, reclutadores, difusores de mensajes que aprovechan sus relaciones personales de amistad, vecindad y familiaridad para captar personas y radicalizarlas. Internet funciona más como un difusor de información de propaganda radical y de acelerador de la radicalización porque permite no sólo consumir y acceder a esta propaganda sino actuar en el anonimato con personas que ya forman parte de organizaciones terroristas.

Uno de los terroristas era de origen marroquí. ¿Cómo es la colaboración con nuestro vecino del sur?

–Marruecos es fundamental para nosotros. La relación entre ambos países es estrecha y francamente buena, ha habido muchas operaciones conjuntas. El trasvase de información policial y judicial es constante. En España está claro que el nivel de riesgo procede especialmente de personas que vienen del Magreb, porque la población que está en riesgo de convertirse en objetivo de captadores son inmigrantes de primera, segunda y tercera generación que vienen de Marruecos y en algunos casos conectados con redes yihadistas.

¿Cómo se gestiona el problema de los retornados con nuestros socios europeos? ¿Se comparte información suficiente o hay ciertos recelos?

–En primer lugar, España, respecto a Europa, está en una posición de ventaja por la sencilla razón de que desde España han salido muchas menos personas hacia Siria e Irak de las que han salido en los últimos años de otros países europeos. Las cifras de España frente a otros países como Bélgica, Francia o Alemania son infinitamente más bajas. No llegamos a los 200. El control de estas personas en caso de que quieran retornar es todo lo exhaustivo que se puede. Es bastante pero no suficiente. Porque no está claro si todas las personas que se han ido han sido detectadas.

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