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Alarma por el iceberg del tamaño de Cantabria

El desprendimiento de esta gigantesca masa de hielo, de 5.800 km2 y un billón de toneladas de peso, no supone ningún riesgo inminente de subida de nivel del mar.

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  • Vista del iceberg de unos 5.800 kilómetros cuadrados, el más grande de la historia, tras desprenderse del segmento Larsen C en la Antártida,
    Vista del iceberg de unos 5.800 kilómetros cuadrados, el más grande de la historia, tras desprenderse del segmento Larsen C en la Antártida,
Belén Tobalina Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

13 de julio de 2017. 00:34h

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Tras meses observando si una masa de hielo gigante se desprendía de la plataforma Larsen C al que ya sólo le unían unos pocos kilómetros de hielo, la última imagen que recibieron los científicos no dejaba lugar a dudas: entre el lunes y ayer, el iceberg se ha desprendido de la Antártida, tal y como informaron ayer desde el Proyecto MIDAS.

Los investigadores detectaron en diciembre de 2016 cómo una grieta antigua empezaba a crecer. A principios de año esta fisura incrementó su tamaño, y después la grieta dejó de hacerse más grande hasta que en mayo volvió a hacerse más pronunciada. Se trata de unos de los icebergs más grandes desprendidos hasta la fecha, pues tiene una superficie de 5.800 km2; es decir, es equivalente a la del Estado de Brunéi (5.765), más grande que Cantabria (5.321 km2) o mide más de la mitad que Puerto Rico. Además, este iceberg, que probablemente se llamará A68, tiene el doble de volumen que el del Lago Erie, y pesa un billón de toneladas. «Hemos estando anticipando este evento durante meses, y nos hemos sorprendido de cuánto tiempo le llevó a la grieta romper los últimos kilómetros de hielo. Seguiremos monitorizando tanto el impacto de este desprendimiento en la plataforma como el destino de este enorme iceberg, uno de los más grandes registrados», explicó en un comunicado Adrian Luckman, investigador principal del proyecto MIDASy profesor de la Universidad de Swansea, en Gales.

«Su progreso futuro –continúa– es difícil de predecir. Puede permanecer en una sola pieza, pero lo más probable es que se rompa en fragmentos», tal y como ya sucedió con Larsen B, que, tras su repentina ruptura en 2002, se desintegró.

Los científicos no saben hasta dónde llegará, pero habitualmente no suele alcanzar una zona habitada. Si nada lo detiene, lo normal es que se encamine hacia el norte, donde se irá dividiendo. Aunque habrá que seguirle la pista por si puede suponer en el verano antártico (en noviembre) un riesgo para los barcos.

Además, la pérdida de una pieza de ese tamaño dejará al resto de la plataforma de la Antártica vulnerable a rupturas futuras, dado que Larsen C frena el flujo de glaciares menores.

Como este segmento ya flotaba antes de desprenderse, su separación no tendrá consecuencias inmediatas sobre el nivel del mar, precisaron desde MIDAS. «Se trata de una placa en forma de hielo que está parcialmente apoyada sobre el lecho marino. La fusión de ese hielo va a contribuir al aumento del nivel del mar que se viene acelerando debido a la perdida de hielo de masas continentales desde hace ya varias décadas. Ahora bien, en términos del volumen del océano, que es lo que realmente es relevante, el aporte de agua al océano es modesta. La subida nivel del mar debido directamente a la fusión de agua de este iceberg no llegaría ni a un milímetro de subida», precisó a este periódico Carlos M. Duarte, director del Centro deInvestigación del Mar Rojo, en Kaust (Arabia Saudí).

Una de las consecuencias inmediatas es que su desprendimiento deja la plataforma de hielo de Larsen C reducida en más del 12%, cambiando por tanto el paisaje de la Península Antártida. Ahora bien, en los próximos meses y años, la placa de hielo podría regenerarse gradualmente o sufrir más desprendimientos, lo que le llevaría al colapso, algo en lo que la comunidad científica está dividida.

El temor es que esta nueva configuración sea menos estable que antes y favorezca nuevos desprendimientos. «La separación de este enorme iceberg puede también influir localmente a la productividad del océano sur de la Antártida y puede favorecer el deslizamiento de hielos que estaban siendo contenidos por esta placa de hielo en la Antártida. Y es que las placas de hielo que están en la zona costera de la Antártida están actuando de contención al flujo de deslizamiento de la gran masa de hielo continental de la Antártida. Si se pierde, se debilita y se acelera el flujo de hielo desde la zona continental hacia el mar», detalló Duarte.

Los desprendimientos de hielo son fenómenos que se han producido siempre. De ahí que, a priori, los geólogos no lo vinculen directamente con el cambio climático. «Aunque éste es un evento natural, y no somos conscientes de ningún vínculo con el cambio climático inducido por el hombre, esto coloca a la plataforma de hielo en una posición muy vulnerable, ya que es la parte más atrás que el frente de hielo ha estado en la historia», afirmó Marín O’Leary, glaciólogo de la Universidad de Swansea.

Para Duarte, en cambio, sí tiene que ver, a tenor de otros factores: «El desprendimientos de este tipo de placas de hielo han ocurrido en el pasado, pero la situación actual, con el calentamiento de la Antártica, hacen que sea más probable que ocurra este tipo de desprendimientos. Efectivamente, este evento habría que vincularlo al calentamiento que está sufriendo esta región en la Antártica. Son fenómenos que han ocurrido en el pasado. No necesariamente todos los desprendimientos tienen algo que ver con el cambio climático, pero este desprendimiento justo ocurre en la zona de la Antártida que está sufriendo la mayor tasa de calentamiento y donde hay todo tipo de evidencias adicionales de que el hielo está siendo afectado por el cambio climático. Es posible que este desprendimiento hubiera podido ocurrir en unas décadas en ausencia de cambio climático, pero posiblemente el cambio climático ha acelerado este evento y lo ha hecho más probable. No es independiente».

«Vamos a desprendimientos más frecuentes de grandes dimensiones tanto en la Antártida como en Groenlandia, eso está constatado. En Groenlandia el efecto del calentamiento sobre la placa de hielo es mucho más severo y extenso que en la Antártida, donde por ahora la zona más afectada es en el entorno de la península Antártica. Aunque también hay zonas donde no hay evidencias todavía de inestabilidad en el hielo», añadió Duarte.

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