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¿Sabe cuántos días pasaría sin dormir para poder leer las condiciones de lo que "acepta” en Internet?

Cada diez años de navegación, necesitaría dedicar dos a revisar las condiciones y términos de lo que acepta por la red o lo que es lo mismo no dormir 76 días al año

¿Sabe qué acepta por internet? ¿Conoce qué empresas o instituciones poseen sus datos personales? ¿Cuántos datos privados suyos controlan? ¿Qué tipo de información manejan? Tal vez, se trate de sus tarjetas de crédito, de fotos de sus hijos menores, de la dirección de su casa o quizás de sus gustos culinarios, de moda, ocio, cultura... ¿Es consciente de que su información confidencial puede caer en manos de desalmados, de auténticos desaprensivos? ¿Alguna vez le han robado sus datos confidenciales, su identidad por la red?

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Internet se ha convertido en un Gran Hermano que todo lo ve. Cada vez que compra online o abre una aplicación en el móvil, se generan datos, que permiten a un tercero controlar dónde está y qué está haciendo o, lo que es más importante, qué se dispone a hacer. Así puede sugerirle antes de que adopte la decisión final de hacia dónde dirigir sus pasos.

La nueva tecnología deja una huella indeleble, aunque el internauta, en la inmensa mayoría de las ocasiones, no sea muy consciente de ello. Así lo confirman las estadísticas, que corroboran que se ignora completamente los términos y las condiciones de lo que se acepta por la web.

Es más, los sondeos demuestran que se cliquea con cierta alegría e inconsciencia el apartado de “sí, acepto”. Esto es así por el tiempo ingente que realmente necesitaría para conocer y entender las condiciones y términos de todos y cada uno de los “acepto” en los que pincha.

En concreto, para enterarse correctamente debería emplear 1.824 horas en revisar todo lo que acepta al año en internet o lo que es lo mismo no dormir durante 76 días para conseguir averiguar las condiciones online asumidas. Es decir, cada diez años de navegación debería invertir dos en leer todo lo que rubrica. Desde luego, algo impensable para cualquier ser humano. Así lo advierte Caixabank Research en su informe Nuevos Paradigmas 2020. Las grandes tendencias que condicionarán la economía en los próximos años.

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Por si fuera poco, el número de datos que con un solo clic en todo el planeta se facilita a la vez es cuasi infinito. De hecho, diferentes estudios, entre ellos del Banco Central de Inglaterra recogidos por Caixaban Research, aseguran que solo en 2017 se generaron más datos que en los 5.000 años anteriores.

Doble debate

Esta aplastante realidad plantea un doble debate, que discurre en paralelo. Por un lado, la seguridad y custodia de los millones de datos personales que pululan por internet y, por otro, el uso ético y responsable de los mismos.

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En el primero hay que tener en cuenta que los delincuentes no sólo se han adaptado a las nuevas tecnologías, sino que se han convertido en auténticos especialistas en la materia. Camaleónicos, se camuflan con apariencia de legalidad a la espera de que cualquier incauto caiga entre sus garras.

Así lo pone de manifiesto la última estadística de utilización de productos TIC elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Casi diez millones de españoles reconocen abiertamente haber sido víctimas de algún problema de seguridad en la red en los últimos doce meses.

Los ciberdelincuentes consiguieron estafar económicamente a más de 384.000 españoles por diferentes métodos (robo de identidad online, mensajes fraudulentos o ser reedirigido a páginas web falsas). Esta cifra de estafados coincide con la de las personas a las que le robaron su identidad por la red en los últimos doce meses.

La segunda controversia, indisoluble de la primera, consiste en el uso responsable y ético de los datos personales. El mundo digital domina y controla, cada día más, de manera más exacta lo que ocurre en la esfera física. Las nuevas tecnologías permiten a las empresas sacar réditos para ser más competitivas sobre esta ingente cantidad de información en circulación en la red. No obstante, este uso intensivo de la información digital también plantea dudas sobre el mantenimiento de la privacidad de los datos personales de los internautas.

Desconfianza

Resulta curioso que, pese a la inconsciencia con la que se acepta las condiciones de las páginas por las que se navega, las personas desconfían por lo general de casi todos los sitios en los que entran, salvo en los de las entidades financieras.

Según el informe de Caixabank Research, de cada 100 personas encuestadas, la inmensa mayoría, 86, confía en los bancos a la hora de salvaguardar la privacidad de sus datos, 7 en los operadores de servicios de pagos, dos en operadores de telefonía móvil, otros dos en el comercio online, igual número de personas cree que guardan cuidadosamente su intimidad las empresas digitales de tecnologías de consumo y uno y uno que custodian adecuadamente sus datos personales los proveedores de servicios en internet y las redes sociales, respectivamente.

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En este contexto, es importante encontrar mecanismos que faciliten que el consumidor comprenda mejor cómo pueden usarse sus datos y qué herramientas dispone a su alcance para proteger su privacidad.

Caixabank Research considera en su estudio que la gestión responsable y transparente de los datos por las empresas puede convertirse en una ventaja competitiva. A mayor transparencia, el consumidor estará más dispuesto a compartirlos con aquellas compañías que hagan gala de esta cualidad.

Pese a esta realidad, la Unión Europea se encuentra a la cabeza en la fijación de las reglas de juego en lo referente a la protección de los datos personales, después de la entrada en vigor en 2018 de la normativa que pretende garantizar que el usuario retenga el control de la información que provee. Por ello, la Unión Europea constituye un referente en Estados Unidos al que emular.

Los sesgos de la IA

Un aspecto crítico en la custodia de los datos constituye la aplicación responsable de las técnicas de inteligencia artificial a los mismos. Las máquinas, por su capacidad frente al hombre, suelen ser las que analizan grandes cantidades de datos a partir de algoritmos creados por programadores informáticos.
Este modelo de aprendizaje automático (machine learning) permite a las empresas extraer valor de los datos de forma automatizada y escalable, mediante la identificación de patrones. No obstante, estas técnicas usadas de forma incorrecta pueden llegar a perpetuar sesgos o prejuicios presentes en los datos sobre los que se basan estos modelos.
En el caso de la aplicación de la inteligencia artificial en procesos de selección de personal en función de qué datos controle puede producirse un sesgo evidente. Si en los históricos hay una baja representación de mujeres, el algoritmo podría estar sesgado en contra de este colectivo a la hora de buscar candidatos a un puesto de trabajo determinado.
Por ello, el informe de Caixabank Research considera importante conocer los sesgos existentes en las bases de datos usadas, corregirlos a la hora de diseñar los algoritmos que ejecutan las máquinas e incorporar consideraciones éticas en su uso.