Dando ejemplo

“Algunas personas en situaciones adversas y dolorosas supieron salir adelante, materializado en forma de un libro y de reciente edición”

Portada de "Elijo a Elena"
Portada de "Elijo a Elena" FOTO: La Razón La Razón

Aunque finalmente «confinamiento» fue la palabra elegida el pasado año por la Fundación del Español Urgente, una de las doce candidatas con más opciones fue «resiliencia», palabra de escaso uso hasta que llegó la pandemia y no quedó más remedio que recurrir a ella para salir del marasmo provocado por la crisis económica y sanitaria. Precisamente sobre la debacle vivida en los hospitales habla el médico Gabriel Heras en su libro «En primera línea», cuyo arranque corta la respiración. Escrito con vocación de explicar e informar didácticamente, es una lectura muy oportuna para estos tiempos de tercera ola.

En cualquier caso, no es de hospitales sobre lo que versan estas líneas, sino sobre algunas personas que en situaciones adversas y dolorosas supieron salir adelante y darnos ejemplo, materializado en forma de un libro y de reciente edición. De todas, la mayor pérdida es la de un hijo, pero son muchos los padres que consiguen sobreponerse tras un periodo de duelo y canalizar esta vivencia por escrito. Quizás el caso más cercano sea el de la periodista sevillana Susana Herrera en «Lágrimas de vida», escrito hace unos 15 años, pero el título más novedoso es «Regálame una sonrisa», en el que David Martín Gómez no se recrea en relatar el calvario familiar por la enfermedad de su hijo, sino en trasladar un mensaje de energía positiva.

A sus 15 años, la australiana Lucía Osborne-Crowley estaba a punto de convertirse en competidora olímpica y tenía un brillante porvenir como gimnasta, pero todo cambió una noche cuando fue brutalmente violada y se libró, por muy poco, de morir asesinada. Periodista desde 2014 en destacados medios, Osborne-Crowley confirma su notable capacidad para escribir en «Elijo a Elena», donde consigue con maestría que sus lectores alcancen a comprender los complejos meandros del síndrome postraumático. Dada la madurez de su escritura sorprende que se trate de un primer libro, no como en el caso de la canadiense Rachel Cusk, escritora largamente admirada y autora de «Despojos», una nueva incursión en la no ficción y en su propia vida para contar, en este caso, el difícil proceso de una separación. Cusk tiene la sorprendente habilidad para enlazar relatos anecdóticos (la frustrada visita a una dentista, por ejemplo) con profundas reflexiones sobre la igualdad, la condición de ser mujer o la maternidad y de ahí la profunda conexión que establece con sus lectores. Otra escritora con galones es la norteamericana Leslie Jamison que sale más que airosa de un difícil equilibrio en «Las huellas de los días»: la confesión personal a propósito de su larga adicción al alcohol, de un lado, con la reflexión ensayística sobre grandes dipsómanos de la literatura, como Faulkner, Fitzgerald, Hemingway o Poe. En este sentido, se diferencia de los títulos precedentes por la utilización de una completa bibliografía, más de 50 páginas de notas y un completo índice temático y de personas citadas.

Todos ellos son un ejemplo de resiliencia, pero no siempre es posible ésta, como ocurrió con el ruso Isaak Bábel, fusilado tras una purga estalinista y con parte de su obra destruida por las mismas autoridades. Por fortuna, se salvaron varios textos, como los recogidos recientemente en «Historias de mi palomar y otros relatos». Poseedores de una gran carga autobiográfica, muestran el antisemitismo de principios del siglo pasado en su Odesa natal y los primeros compases de la Revolución rusa, con hechos que tan brillantemente relató Chaves Nogales en «El maestro Juan Martínez que estaba allí».