Homo chiringuitis

“Todo el mundo sabe que «chiringuitos» en Andalucía no quedan, ni tampoco aquello de la «administración paralela», dos conceptos que sin un despido en la Junta han desaparecido de la faz de la tierra como lo hicieron los dueños de las plantas de los pies más antiguas”

Imágenes de la posible huella de un neandertal | Cedida
Imágenes de la posible huella de un neandertal | Cedida

Están como locos los investigadores porque se han encontrado en Huelva las huellas más antiguas de la Humanidad. Nada de pisadas de hace un cuartito de hora, ni de los tiempos de Gerión, son del Pleistoceno Superior, más viejunas que las chaquetas de Hernández Mancha, para que se hagan una idea. Antiguas, pero de verdad y además en Matalascañas, espacio inmemorial del veraneo de sombrilla, fritanga, barrigas cerveceras al sol y quemaduras domingueras al volver tostaditos para Sevilla. Seguro que aquellos primeros homínidos, andaluces originarios recién salidos de la costilla de Adán, paseaban junto al Atlántico en una tarde estival después de haber solazado por las dunas del coto pensando que muy cerca, en las marismas, podían montar el primer altar para agradecer a la diosa madre los dones recibidos por la naturaleza. Las primeras pisadas en el coto, los restos del primer chiringuito playero podría señalar algún gracioso dentro de otros miles de años cuando analicen los restos dejados por nuestra generación. El asunto juega todas las papeletas posibles para que dentro de nada, en cuanto nos deje el covid, se monte, en Almonte, el Centro de Interpretación del Homo chiringuitis. Pero dolor de dolores, eso ya no existe en nuestro pequeño universo, porque todo el mundo sabe que «chiringuitos» en Andalucía no quedan, ni tampoco aquello de la «administración paralela», dos conceptos que sin un despido en la Junta han desaparecido de la faz de la tierra como lo hicieron los dueños de las plantas de los pies más antiguas. Nada sabemos de aquellos hombres, se esfumaron sus cuerpos y tan sólo el contorno de sus pies petrificados nos queda como recuerdo de su existencia. La vida es en gran medida nuestros actos, las huellas que dejamos en estos años que nos tocan pasar por la superficie del tiempo cargando con nuestro cadáver, aquello que realmente hicimos y no lo que predicamos durante años antes de que el fango estuviera fresco y nuestros pies dejaran su firma al salir del chiringuito.