Estocada mortal

“El peligro del «todos son iguales» estriba en que se puede terminar votando cualquier cosa”

Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla. EFE/ Raúl Caro.
Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla. EFE/ Raúl Caro.Raúl CaroEFE

Todas las miserias de la política de baja estofa han resplandecido en las maniobras que la Junta de Andalucía ha perpetrado para terminar forzando la suspensión de la temporada taurina en Sevilla. Por algún motivo, e incluso murmuran los resabiados de la rivalidad provincial nosequé de la «pelusilla malagueña» de los mandarines junteros, el PP andaluz ha saboteado el regreso de los espectáculos a la Real Maestranza, la primera plaza del mundo, con cierto disimulo y también con total inflexibilidad. A menos de 72 horas para el primer paseíllo, no sabía la empresa si iban a celebrarse los festejos anunciados y, encima, todavía hay que escuchar a los esparcidores de consignas echarle la culpa a Pedro Sánchez, cuyo Gobierno acumulará todos los pecados posibles, vale, pero no tiene las competencias sanitarias ni las tauromáquicas, ambas en manos de la administración autonómica. Oscila del patetismo a la desvergüenza quien responsabilice de la suspensión al Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, cuyos dictámenes siquiera son vinculantes. ¿Por qué se han puesto de perfil Aguirre y Bendodo cuando el permiso para que sonase el clarín debían darlo sus dos consejerías? Porque saben que a un sector relevante de su electorado no le gusta contemplarlos como aliados de la progresía posmoderna y animalista, que es en lo que se han convertido poniendo contra los toros un celo que no muestran con casi ningún otro sector. El peligro del «todos son iguales» estriba en que se puede terminar votando cualquier cosa, que a lo que empujan quienes gobiernan sin altura de miras, con la mentecata miopía del que se cree que los ciudadanos degluten cualquier engrudo que cocinen los discursistas. El ordeno-y-mando (y prohíbo) está resultando altamente adictivo.