Cultura

Jeff Koons, no hay dos sin tres (plagios)

Escultura de Jeff Koons basada en la fotografía de Jean-François Bauret
Escultura de Jeff Koons basada en la fotografía de Jean-François Bauret

Jeff Koons acaba de ser condenado por el Tribunal de Apelación de París a pagar 24.000 euros por haber plagiado en su escultura «Naked» (1988) una fotografía realizada por el fotógrafo Jean-François Bauret en 1975. Es la tercera vez que el autor norteamericano es culpado de plagio, en lo que constituye ya una casuística un tanto abultada para el que tiene el mérito de ser el artista vivo más caro de la historia. Ahora bien, la condena a Jeff Koons no parece todo lo evidente que a primera vista pudiera resultar y, además, constituye todo un misil explotado en el centro de flotación de una de las estrategias más extendidas entre los artistas contemporáneos: el apropiacionismo. La pieza de la discordia muestra a un niño y una niña desnudos y cogidos por los hombros, mientras observan un ramo de flores que el varón sostiene en su mano derecha. Se trata de una de las célebres esculturas que Koons realizó a finales de los 80, y que traducían a lenguaje kitsch motivos emblemáticos de la cultura visual contemporánea –la Pantera Rosa o Michael Jackson y su chimpacé Bubbles aportan dos recordados ejemplos de este periodo–. La pregunta que se abre a propósito de esto es por qué motivo el empleo, por parte de Koons, de la imagen de la Pantera Rosa o de la de Michael Jackson no ha tenido consecuencias penales, y la de una composición de origen fotográfico, sí. ¿Se debe quizá a que, en los dos primeros casos, se aludía simple y llanamente a la cultura popular, y en el último a una obra artística específica? Y, de ser ésta la causa, ¿por qué una artista como Sherrie Levine –que se apropió abiertamente de las fotografías de Edward Weston o Walker Evans– no ha sido condenada por copiar? En el caso de «Naked», de Koons, hay otro factor que contribuye a complicarlo todo un poco más: el medio utilizado para «traducir» la fotografía de Bauret es la escultura. Por cuanto nos encontramos ante un tránsito de lo bidimensional a lo tridimensional como tantas veces ha sucedido a lo largo de la historia del arte reciente. ¿Qué es plagio, y en qué se diferencia del acto de apropiación o de la mera cita visual? La interrogante es tan compleja que la simplificación de la respuesta ofrecida por el Tribunal de Apelación de París amenaza con cargarse gran parte de las prácticas conceptuales del arte actual. Que Jeff Koons haya dejado de ser un artista para convertirse en un magnate no deslegitima una estrategia de representación visual que, en el caso de ser juzgada con el mismo rasero en cada una de las situaciones en las que se produce, terminaría por colapsar los tribunales de todo el mundo. En «Naked» no se ha condenado un asunto de plagio, sino un síntoma cultural. Y eso es peligroso.