Ébola, la esperanza de los anticuerpos para tratarla

El «suero del convaleciente» se presenta esperanzador contra el virus, pero los médicos apuntan que no es la solución definitiva

El virus del ébola avanza con rapidez. Ya ha llegado a Estados Unidos, donde (al cierre de esta edición) había un caso confirmado. Lo cierto es que lo que más preocupa ahora es la contención, que se presenta complicada, y el tratamiento, para lo que escasean opciones eficaces y seguras. Para erradicar la epidemia, la mejor vía son las vacunas, señala Matthias Schnell, director del Centro Jefferson de Vacunación y profesor de inmunología y microbiología de la Universidad Thomas Jefferson, pero para esos pacientes que ya tienen la enfermedad las terapias basadas en anticuerpos pueden ser el mejor tratamiento.

Los anticuerpos presentes en la sangre de alguien que ha sanado del ébola sirven para que un enfermo luche contra el letal virus. La OMS favorece, en todo caso, la transfusión de plasma o suero sanguíneo por encima de la de sangre sin procesar. «La transfusión y la inoculación de suero (sanguíneo) son reconocidos como tratamientos seguros, pero no sabemos si será efectivo –en el caso concreto del ébola– porque no hay suficiente gente con la que se hayan probado», explicaba recientemente en rueda de prensa la directora general adjunta de la OMS, Marie Paule Kieny. Además, Kieny se mostró favorable a las terapias basadas en la sangre del convaleciente (plasma o suero sanguíneo) ya que están generando «entusiasmo».

Sin embargo, José María Martín Moreno, Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia y Asesor de la OMS para Europa, manifiesta que «no es sencilla ni segura cien por cien esta técnica. Hay que tener en cuenta muchos factores, como la transmisibilidad de otras enfermedades sanguíneas y las opciones del paciente curado». En la misma línea, Fernando de la Calle Prieto, especialista de medicina interna de la Unidad de Patología Tropical y del Viajero del Hospital La Paz-Carlos III, explica que «el “suero de convaleciente” se está postulando como una alternativa terapéutica ante la ausencia de tratamientos específicos, pero hay que señalar que tiene limitaciones».

Así, Daniel G. Bausch, director del Departamento de Enfermedades Emergentes y Virología de la Unidad de Investogación Médica de la Base Naval de EE UU en Lima (Perú) manifiesta que «no hay muchos datos de si funciona o no. Tenemos muchas variables (cepas, momento de la infección...) que hay que contemplar y no resulta fácil conjugarlas todas»

¿Qué es?

Para otras enfermedades se ha puesto en práctica la «transfusión de anticuerpos» y los casos de éxito son importantes. «Una de las ventajas que tiene es la ‘‘baja’’ necesidad de recursos técnicos, frente a la escasez de recursos terapéuticos», subraya Bausch. La materia prima se busca en aquellos pacientes que hubieran superado la infección y que estuvieran «limpios» de otras infecciones sanguíneas. Como explica De la Calle Prieto: «En teoría los anticuerpos más útiles serían los de aquellas personas que están inmersas en una zona de epidemia (serían mejores que aquellos de personas que hayan pasado la enfermedad hace ya mucho tiempo o que ya no convivan en zonas de actividad de la enfermedad)».

Además, otro de los requisitos que han de cumplir es una vez una persona supera el virus se debería esperar al menos un mes una vez ha sido dado de alta. «Uno de los escollos que encontramos cuando buscamos población que tenga la inmunidad o que haya pasado el virus del ébola es el estigma que deja en la población. Para ellos supone no sólo una tragedia, sino una vergüenza, y no lo cuentan, lo esconden», explica Bausch. Así, algunos estudios epidemiológicos sugieren que hasta un 15 por ciento de la población de Gabón cuenta con la inmunidad y por ello resulta interesante efectuar estudios en estas personas.

Los expertos creen que esto supondrá una gran oportunidad para solventar un problema «que ha estado olvidado mucho tiempo y que sólo cuando se ha visto que podía afectar a Occidente, no se ha puesto en marcha la maquinaria», subraya Martín Moreno.

Frente a este recurso esperanzador, pero limitado, se barajan otras opciones, como la búsqueda en medicamentos habituales en los botiquines de enfermos crónicos por su capacidad virostática. Martín Moreno, sin entrar en detalles, apunta que «ya tenemos estudios en fase IV –postcomercialización– en los que se buscan otras indicaciones a los fármacos. Hay algunos antirrítmicos o estatinas, por ejemplo, que están demostrando alguna actividad. En poco tiempos sabremos de su viabilidad».