Salud

Basura electrónica: El viaje «sin papeles» de los aparatos electrónicos

La ONG Basel Action Network ha monotorizado con GPS y durante dos años más de 300 objetos depositados en puntos limpios de diez países europeos. La conclusión extrapolando los datos, es que 350.000 toneladas de basura acaban cada año desmanteladas ilegalmente en países en vías de desarrollo

La ONG Basel Action Network ha monotorizado con GPS y durante dos años más de 300 objetos depositados en puntos limpios de diez países europeos

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Seguro que más de un ciudadano al acercarse al punto limpio se ha preguntado dónde irían a parar su ordenador portátil o su impresora. Con la intención de analizar qué sucede en Europa con estos desechos y ver por dónde se escapan de los cauces legales para terminar siendo desmantelados sin garantías de seguridad medioambiental en países en vías de desarrollo, la ONG Basel Action Network inició hace dos años un estudio de campo del que ahora presenta sus conclusiones. Su título ya es bastante sugerente: «Agujeros en la economía circular. Fuga de aparatos electrónicos (RAEE) desde Europa». Y es que el tema no es baladí; este año en la Cumbre de Davos se ha presentado un informe sobre el que ya se considera el problema de residuos más grave del siglo XXI, donde se afirman que de los 50 millones de toneladas de aparatos electrónicos residuales que se producen cada año en el mundo, sólo un 20% se recicla adecuadamente; esto supone desperdiciar un recurso valorado en 62.000 millones de dólares.

El análisis de BAN se ha llevado a cabo entre 2017 y 2018 y ha sido posible gracias a la colaboración de diferentes partners como Greenpeace o la Fundación Equo. Durante este periodo se han rastreado 314 aparatos a los que se acopló un chip con GPS antes de ser introducidos de forma legal en los puntos limpios de diferentes ciudades de diez países europeos: Austria, Irlanda, Italia, España, Bélgica, Alemania, Dinamarca, Reino Unido, Hungría y Polonia. El rastreo indica que 19 aparatos (un 6%) se exportaron fuera de los países de recogida y que de ellos el 58% (11 de 19) terminaron en países en vías de desarrollo. El país de la UE que más residuos exportó fue Reino Unido, con cinco equipos, todos ellos terminaron en países en vías de desarrollo; por detrás Dinamarca e Irlanda con tres. «Estos diez países concentran el 70% de la producción de residuos electrónicos a nivel europeo», explica Pepe Larios, presidente de la Fundación Equo.

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España

Las conclusiones de este informe, que se van a presentar estos días en España, afirman que, extrapolando los datos a la producción anual europea de estos residuos (más de diez millones de toneladas), unos 350.000 toneladas de esta basura –conocida por sus siglas RAEE– se termina enviando a países en vías de desarrollo. La situación en los Estados Unidos resulta todavía más alarmante. Se calcula que hasta un 40% de los aparatos electrónicos del país terminan en destinos africanos y asiáticos desmantelados de forma irregular. La razón: «que los Estados Unidos es el único país desarrollado que no ha ratificado el Convenio de Basilea que controla los movimientos transfronterizos del comercio. La UE ha ido incluso más lejos que el Convenio de Basilea (en vigor desde 1992) y ya ha implementado una enmienda al mismo. Otros países ricos desarrollados que forman parte de Basilea, pero que no han implementado dicha enmienda, son Corea del Sur, Japón, Australia, Nueva Zelanda y Canadá. En el caso de Estados Unidos no ha ratificado ninguno de los acuerdos», detalla Jim Puckett, director ejecutivo de Basel Action Network (BAN). Países como Australia o Canadá pierden cada año entre el 12-15% de sus RAEE, mientras que en Europa, la Comisión quiere que para 2019 al menos el 65% de esta basura se recicle (en España estamos entorno al 50% de reciclado).

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En total se han seguido 18 dispositivos en Austria, 29 en Bélgica, 20 en Dinamarca, 54 en Alemania, 17 en Hungría, 24 en Irlanda, 48 en Italia, 20 en Polonia, 45 en España y 39 en Reino Unido. En el caso de nuestro país se distribuyeron estos aparatos en puntos limpios y espacios municipales de Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia y Sevilla. De ellos, seis no se han movido del sitio; uno que se depositó en el punto limpio Ecoparque Picassent, en Valencia, acabó en Nigeria; uno más se encontró tiempo después en una cuneta, y otro desmantelado al aire libre por un particular. «Además, es de destacar el número de kilómetros que hacen muchos de los dispositivos. Siendo frecuente que algunos depositados en Valencia se envíen para su gestión a Badajoz o a Madrid», dice el informe que está a punto de presentar la Fundación Equo. «Lo primero a destacar es que en algunas ciudades españolas no resulta sencillo encontrar el punto limpio o de reciclaje. Quizá la muestra no sea del todo significativa para la extrapolación; es aproximada, pero hay que tener en cuenta que se trata del primer estudio de estas características. Con este informe queremos denunciar los agujeros del Convenio de Basilea, ya que con la excusa de la reutilización para revender se dan fugas que escapan de la legislación», explica Larios. Un detalle también preocupante es el hecho de que, aparte de la fracción que se termina exportando, sólo en el caso de España, cerca de un 10% de toda esta basura depositada en puntos limpios termina desmantelada o abandonada en el espacio libre. Lo mismo ocurre en el resto de países analizados, incluso, se verifican movimientos sospechosos a terceros países dentro del espacio UE.

El análisis afirma que las exportaciones de desechos peligrosos de la UE se dirigieron a Nigeria, Ghana, Tanzania, Rumanía, Ucrania, Pakistán, Tailandia y Hong Kong y consistieron en nueve monitores LCD, un monitor CRT y un ordenador de mesa. África fue, con mucho, la región del mundo más afectada por los exportadores de residuos electrónicos de la UE. «El continente recibió siete unidades (cinco a Nigeria, uno a Ghana y uno a Tanzania). Esto se traduce en un 64% de los envíos que salieron de la UE», se lee en el informe.

La gestión no adecuada supone, entre otras operaciones, la quema a cielo abierto de fracciones no reparables residuales con el fin de sacar los metales preciosos como el cobre. «Es segura la existencia de contaminación local, exposición humana y contaminación de cultivos. Los contaminantes incluirían metales pesados altamente tóxicos como plomo, cadmio y mercurio, así como dioxinas, furanos e hidrocarburos aromáticos policíclicos causantes de cáncer», explican desde BAN.

Otro reciente informe de 2018, hecho en el seno de las instituciones europeas, demostró que unas 60.000 toneladas de basura electrónica fueron embarcadas con destino a Nigeria en 2015 y 2016; de ellas casi el 70% lo hacía a bordo de coches de segunda mano no declarados, el resto directamente en contenedores cuyo contenido se declaró como bienes de uso doméstico y personal. Lo más llamativo es que el 55% de los aparatos, entre los que se encuentran principalmente TV LCD y monitores, no funcionaba. Llamativo porque según Basilea sólo se pueden exportar aparatos funcionales y para su reutilización.

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Otro dato significativo es que los aparatos salen por puerto, lo que significa que extrapolando los datos, cada año nada menos que 167.466 containers de 12 metros de envergadura abandonan el viejo continente con material ilegal. Colocados en fila tendrían una longitud de más de 200 kilómetros. ¿Cómo es esto posible? Para Pucket es una buena pregunta; su sospecha es que «los puertos son un eslabón débil en la aplicación de la ley, porque son competitivos en función de cómo muevan de rápido las mercancías; existe un incentivo financiero para mover las cosas rápidamente sin revisar o abrir los contenedores para buscar contrabando. En Europa sólo se inspecciona una fracción de lo que pasa. Además, todavía no hay códigos arancelarios para residuos electrónicos. Por lo tanto, los exportadores pueden dar legalmente un código engañoso o falso, como caracterizar el envío como “nuevos productos electrónicos”, “chatarra plástica” o “chatarra de metal”. En esos casos no hay razón para buscar en los contenedores, por lo que probablemente su envío no sea inspeccionado», dice.