La generación que plantó cara a la ONU

La mayoría tiene entre 10 y 25 años y son conscientes de que los cambios son inevitables. Se defienden como “la generación a la que se le acaba el planeta”

Juventud por el Clima, Alianza por el Clima, Rebelión por el Clima y Alianza por la Emergencia Climática realizaron la convocatoria de huelga en España, que contó con el respaldo de más de 300 organizaciones
Juventud por el Clima, Alianza por el Clima, Rebelión por el Clima y Alianza por la Emergencia Climática realizaron la convocatoria de huelga en España, que contó con el respaldo de más de 300 organizaciones

La mayoría tiene entre 10 y 25 años y son conscientes de que los cambios son inevitables. Se defienden como “la generación a la que se le acaba el planeta”

Se les conoce como generación Z, jóvenes de entre 10 y 25 años que están convencidos de que su misión es cambiar el mundo. Es a ellos a los que se les acaba el planeta, dicen. Greta Thunberg les inspiró y juntos organizaron en más de 1.209 ciudades de todo el mundo la primera gran Huelga Mundial del Clima, en marzo. Hoy, seis meses después, vuelven a unir fuerzas en países como España. Las expectativas de asistencia para las manifestaciones convocadas hoy son buenas; al menos superar los 10.000 manifestantes en Madrid y los 55.000 en toda España. Recogen el testigo tras el éxito que tal convocatoria ha tenido en Nueva York, Londres o Berlín hace sólo una semana. Justo antes de la Cumbre de la ONU.

La cumbre del clima ha sido, sobre todo, la llamada a la acción de ellos, los niños y adolescentes. Liderados por una Greta arrolladora y discutida, icono mundial de la causa verde y convencida de que los líderes mundiales le han robado el futuro. A ella y a cientos de millones. “Los ojos de las generaciones futuras están sobre vosotros”, dijo, “y si eligen fallarnos nunca se lo perdonaremos”.

Más allá de su retórica, y de la llamarada de entusiasmo que ha generado entre los más jóvenes, lo cierto es que la cumbre ha fructificado en alguna propuesta concreta, pero ninguna con el calado suficiente como para hablar de un éxito. “He estado viendo los titulares publicados después de la Cumbre y las palabras siguen sonando a una limpieza de cara. Da la sensación de que la emergencia climática sigue siendo un cuento chino, por eso vamos a seguir al pie del cañón. Queremos que realmente se pase a la acción”, dice Lucas Barrero, estudiante de 22 años de Biología y Ciencias Ambientales y uno de los responsables de que las huelgas empezaran en España. Junto a Ander Congil y otros compañeros hicieron una primera sentada allá por enero en Girona con solo cinco personas.

No es de extrañar que la familia de Patricia Ramos la haya bautizado con el apodo de “BioPat”. Aunque tiene solo 19 años, lleva como cooperante de Plan Internacional desde los 14. Cinco años después, ha sido una de los 500 jóvenes seleccionados por Naciones Unidas para participar en la Cumbre Juvenil sobre Acción Climática. Allí, Patricia ha compartido debate con Greta Thunberg y se ha sentado a la mesa con el presidente en funciones Pedro Sánchez. A éste le ha entregado una petición firmada por más de 5.000 personas, en la que insta a que el Gobierno impulse un compromiso global y pionero por el que las medidas medioambientales adquieran un enfoque de género. “Las niñas son las primeras en sufrir el cambio climático”, afirma, con una seguridad impropia a su edad. “En países como Malaui, donde las sequías cada vez son más extremas, existen ‘las novias de la sequía’. Los padres, al no poder alimentar a sus hijos porque no hay nada que cultivar, casan a sus hijas para quedarse con la dote. En los países menos desarrollados son las primeras a las que sacan de las escuelas cuando necesitan mano de obra”.

Rodrigo López Piquín se sitúa en el límite de edad para presentar la candidatura de participación en la Cumbre Joven sobre Acción Climática. Tiene 30 años. Vive en Oleiros (La Coruña) desde los siete. Allí ha trabajado activamente, desde los 16, implicándose con su barrio y en las tareas municipales. Consiguió que la UNESCO declarase Reserva de la Biosfera española la zona de las Mariñas Coruñesas y Tierras del Mandeo cuando tenía 22 años. “Yo llevé tres propuestas concretas a la Cumbre Juvenil. La primera es lograr el empoderamiento de la juventud. Para ello, hay que pelear por la igualdad de género y dejar que los jóvenes participen en la toma de decisiones porque, al final, es a nosotros a quienes nos está afectando. La segunda es el emprendimiento. Para luchar contra el cambio climático tenemos que proteger la biodiversidad, y para ello, lo primero es ser capaces de vivir en ese territorio. La tercera está relacionado con la distinción de la UNESCO. Incentivar la creación de planes y campañas alimentarias sostenibles, es decir, consumir productos de proximidad”.

De madrid a kenia

Alejandro Quecedo, de tan sólo 17 años, ha sido otro de los asistentes a la Cumbre del Clima como miembro de la Directiva Juvenil de la organización SEO/BirdLife. Siempre he estado vinculado al voluntariado conservacionista y ha conseguido crear el primer proyecto de becas para institutos con la ONG. “La impresión es que la emergencia climática ha sido de importancia capital en la Asamblea General. Es el tema sobre el que más se ha debatido. Hemos vivido una cumbre con estudios muy profundos y documentados. Ahora bien, la solución está tomando mucho tiempo y la gran incongruencia es que no lo hay”.

Umulkheir Harun Mohamed, joven activista y directora de la ONG Kesho Alliance en Kenia, hace hincapié en la importancia de la educación y la divulgación, ya que la desinformación es uno de los grandes problemas en zonas alejadas de la capital. La joven expresa también su preocupación sobre el pernicioso efecto que la corrupción tiene sobre las decisiones tomadas por el Gobierno. Las buenas ideas y las medidas recogidas en documentos oficiales no suponen un avance real en un país en el que la corrupción está por encima de la ley. Los jóvenes tratan de detener las repercusiones devastadoras que el cambio climático tiene sobre la región: sequías, inundaciones, inseguridad alimentaria y conflictos violentos impulsados por el acceso limitado a recursos naturales. Cada vez son más los que se unen a las protestas y campañas que tratan de concienciar sobre el poder individual y colectivo para proteger el medio ambiente.

Las estudiantes flamencas Anuna de Webe (17 años) y Kyra Gatois (19) decidieron hace casi un año publicar un vídeo en la red social Facebook en el que hacían un llamamiento a salir a las calles para luchar contra el cambio climático. La primera manifestación se celebró en enero de 2019 y, desde entonces, el movimiento estudiantil ha sido imparable. Bélgica ha sido uno de los países en los que estas protestas han arraigado con más fuerza hasta el punto de que obligaron a la dimisión de la ministra flamenca de Medio Ambiente, Joke Schauvliege, quien acusó a los escolares de estar “manipulados”. Según aseguró de Weber: “tan sólo se trata de la segunda temporada de movilizaciones” lo que abre la puerta a un tercera o una cuarta. “Hasta que los líderes internacionales trasladen los discursos en hechos”.