Observar a las especies animales en sus hábitats, estrella del turismo de naturaleza en verano

El ecoturismo cada día es una opción más a elegir como propuesta estival. Por tierra, mar y aire, desde A TU SALUD se lanzan tres interesantes ideas

El ecoturismo cada día es una opción más a elegir como propuesta estival. Por tierra, mar y aire, desde A TU SALUD se lanzan tres interesantes ideas

Ya sean marinos, aéreos o terrestres, ver a los animales en su «vida diaria» es una experiencia que atrae a los humanos de y en todas partes. Hay quien aprovecha sus vacaciones para vivir esa experiencia; y quien las plantea, precisamente, para practicar su afición. Hay especies que uno puede ver organizándose más o menos a su aire, como las aves. Pero hay otras para las que hace falta algo más, por ejemplo, un barco si lo que se quiere observar son cetáceos u otras especies marinas. Y, para algunas más esquivas, como los lobos, hay que recurrir a expertos que conozcan bien su vida y sus costumbres.

Turmares, avistamiento de cetáceos en el estrecho

Si lo que se quiere observar son especies marinas, además de la participación de expertos hay otros elementos, también imprescindibles, para poder observarlas: hace falta un barco, por ejemplo, y una zona con una buena población. Esta parte la cumple perfectamente «el estrecho de Gibraltar, un lugar con una gran biodiversidad», afirma Jose Luis García Varas, responsable del Programa marino de WWF España, que lo sitúa como «la segunda mejor zona de España para observar cetáceos; hay importantes manadas estables de delfines, y calderones, pero también es paso de especies migratorias que van del mar al océano, como rorcuales, cachalotes, orcas y ballenas jorobadas». En todo caso, el avistamiento de cetáceos y especies marinas es «una actividad creciente a nivel mundial, con cada vez más aficionados», según la experiencia de de José Manuel Escobar, responsable de Educación Ambiental de Turmares, empresa dedicada al avistamiento de cetáceos desde 1999 y con sede en Tarifa, Cádiz. Unos 70.000 pasajeros suben cada año a sus tres barcos para «ir hacia el centro del estrecho y allí observar a los cetáceos. Como empresa, obviamente, el aspecto económico es fundamental: si no fuera así no podríamos existir ni hacer el resto de las cosas que hacemos». Con «el resto de las cosas» Escobar se refiere a la colaboración con diversas entidades científicas, «no se trata sólo de salir al mar. Para estar en ecoturismo se necesita mucho conocimiento. Al principio, los que trabajaban aquí eran gente del mar, amantes de la naturaleza. Con un gran entusiasmo. Ahora, junto a ese mismo entusiasmo, incluso euforia que se transmite de nuevos a veteranos por los avistamientos que se hacen, contamos con personal más especializado. En temporada alta, que hacemos seis salidas diarias al mar, tenemos hasta ocho biólogos».

Colaboraciones

Desde 2002 comenzaron a colaborar con universidades y organismos de investigación científica, mediante convenios: «Los propios guías recopilan datos de avistamiento, para conocer el impacto de la velocidad de los ferrys, los cambios de comportamiento, etc., y hemos participado en la elaboración de guías de buenas prácticas para la actividad de avistamiento de cetáceos. Hemos participado en más de 50 trabajos presentados en congresos de las sociedades científicas más importantes en cetáceos». Eso en el ámbito nacional; en el internacional: «Hemos sido la única empresa española del sector invitada a reuniones de la Comisión Ballenera Internacional, en el subcomité del Avistamiento de Cetáceos, y como consultora de esta comisión participamos en la elaboración del Plan estratégico para el desarrollo del avistamiento de cetáceos a nivel mundial». A toda esta actividad científica Turmares dedica el 50 por ciento de su presupuesto «y somos la única empresa del sector en la zona que lo tiene, además de un departamento audiovisual propio».

Desde el punto de vista económico, «todo ello compensa claramente, porque cada vez recibimos más visitas de escolares, cada año unos 100 grupos; pero también de estudiantes y profesores universitarios. En realidad, la actividad de ecoturismo sirve de plataforma para esos proyectos de investigación, cursos de formación y campañas de educación ambiental».

Para Escobar, «esta forma de trabajar reporta un marketing positivo, que hace que las agencias nos elijan para traer a sus clientes, nos inviten a participar en eventos, etcétera».

Llobu, la paciencia del «turismo lobero»

Hay especies que uno puede ver organizándose más o menos a su aire, como las aves. Para otras, hay que recurrir a expertos que conozcan bien su vida y sus costumbres, y cómo observarlas sin alterar su hábitat ni su vida, como los lobos. Llobu es una empresa de las conocidas como de «turismo lobero», que se dedica al estudio, la divulgación y la observación del lobo, en una zona de tradición lobera: la Sierra de la Culebra, en Zamora. Javier Talegón, biólogo experto en lobos y creador de esta empresa, explica por qué La Culebra es un buen lugar para iniciarse en la observación de lobos: «Aquí no es un animal perseguido ni hay conflictividad, porque siempre ha estado y por tanto los manejos ganaderos siempre lo han tenido en cuenta. Hay muy buena percepción de la especie porque el turismo de lobos aporta mucho a las localidades que lo reciben. La comunidad lo valora, y, lo que es muy importante, está muy ordenado, porque funciona la vigilancia forestal para que el turismo no se desordene». Ese orden y el respeto a las buenas prácticas son la base en la que se fundamenta la oferta de Llobu. Organizan actividades de media jornada, de un día de fin de semana, o de cuatro días «todas incluyen talleres de divulgación itinerarios para conocimiento e interpretación del paisaje, y esperas para la observación al amanecer o nocturnas de los lobos en su hábitat». Hasta aquí el qué. En el cómo es en lo que Talegón considera que hay que marcar la diferencia. «La observación se tiene que hacer con el máximo respeto a la especie, para que el animal no se entere de la presencia del hombre. No vale todo ni en todos los momentos del año. Nosotros ponemos todos los medios, incluso éticos, para verlos: nos situamos a una distancia mínima de un kilómetro y medio, porque en La Culebra, aunque es muy forestal, también hay extensas zonas de matorral bajo con buena visibilidad». Además, «en la época de cría hay que tener el máximo cuidado con las zonas de reproducción. Si yo, por ejemplo, para que mis clientes vean al lobo sí o sí los meto encima de una camada y estos salen corriendo, creo que no es hacer bien las cosas. Además de las molestias, puede haber pérdida de miedo a los humanos y habituación, lo que los hace vulnerables, además de desplazamientos de la manada. Y, por supuesto, no usamos ni cebos ni reclamos». La máxima de Talegón es «anteponer el interés de la especie a los resultados, ya que en ecoturismo no puede valer todo». No le va mal aunque alguna vez no haya avistamiento, «los clientes se van siempre contentos, les pasamos una evaluación y el nivel de satisfacción es alto. Siempre se ven otras especies, corzos, jabalís, aves, huellas, además de que han recibido otros mensajes y se llevan muchos conocimientos». Creada en 2013, su objetivo principal es «la divulgación y la sensibilización sobre esta especie y darlo a valer como elemento de desarrollo rural» a través del turismo activo. Llobu trabaja todo el año, «porque durante todo el año se puede ver al lobo. Claro, aunque los meses más fuertes son los de verano, lo cierto es que hay un goteo continuo, y el año pasado participaron en nuestras actividades casi 400 personas».

Lonely Birder, todo lo que se necesita para la observación ornitológica

El pajareo, la observación de aves, es seguro la actividad de observación de animales en la naturaleza más popular. Y Lonely Birder nació para facilitarle la vida a los pajareros. Con información práctica, no sobre dónde ver aves, que eso ya lo hacen otras webs, sino sobre dónde alojarse, comer, tomar algo, comprar productos típicos... en las zonas de pajareo. «Es una página especializada pensada para ayudar a organizar la logística en los viajes y las visitas a las zonas a donde se va a ver aves. Pero no se trata de un listado de todo en una zona determinada. Los establecimientos que están tienen una particularidad muy específica: facilitan la vida al ornitólogo», explica Marc Gálvez, uno de los creadores de Lonely Birder, junto a José Guerra, biólogos, naturalistas y guías ornitológicos. Con «facilitar la vida al ornitólogo» se refiere a que, «en el caso de los alojamientos, se pueda desayunar muy, muy temprano y cenar tarde, sobre todo en primavera o verano. ¿Por qué? Pues porque el pajarero se mueve al ritmo que marca el ciclo vital de las aves, que suelen concentrar su actividad en las primeras horas de la mañana. Por eso, se sale antes de amanecer y se vuelve después de anochecer». Gálvez y Guerra conocen muy bien las necesidades básicas del pajarero, «que a veces son difíciles de resolver», porque ellos mismos lo son, y llevan años viajando, como aficionados y también como profesionales del turismo ornitológico con su otra empresa, Onaga birding, con base en Badajoz. El rasgo principal de Lonely Birder es que si esa información está ahí es porque la envía «otro pajarero. Es una recopilación de sitios recomendados por pajareros para otros, que conocen o descubren un buen alojamiento, han tenido una buena experiencia y lo comparten a través de un formulario que tenemos disponible. Es una web muy participativa, que crecerá con las recomendaciones que nos vayan llegando». Las propuestas que llegan son estudiadas, contrastadas y publicadas mencionando la fuente.

Sello de calidad

Junto a la creación de un lugar de intercambio de información entre pajareros, había otro objetivo: «Apostar por la mejora del turismo ornitológico, con la creación de un sello de calidad». Para ello crearon un listado de criterios «muy pensados y que se inspiran en los alojamientos de países con mucho turismo ornitológico, con mucha tradición de pajareo. Y siempre la idea es poder ofrecer un recurso más al ornitólogo que viaja». El sello es el «Lonely Birder aproved» y se basa, «cómo no, en plumas, de una a cinco. Definimos 24 criterios y para tener una pluma han de cumplir los cinco primeros, que son los básicos; del sexto en adelante cada uno tiene una puntuación, pueden llegar hasta 120 puntos y cinco plumas». Este sello implica que el alojamiento «está en un espacio natural o muy cerca; que los propietarios saben informar mínimamente y que conocen su entorno, que es como el primer paso para que se involucre en la conservación; que puede ofrecer guías, propios o locales, que dispone de una pequeña biblioteca y horarios adaptables». Quien cumple todo esto tiene su primera pluma. Pero, aunque sean mayoría, no todos son alojamientos. También hay restaurantes o bares, «o una churrería de Tarifa, que abre muy temprano, y eso nosotros lo valoramos muchísimo». En todo caso, «hay sitios que tienen que estar sí o sí, aunque no sean alojamientos. Como un restaurante de Ecuador en el que desde la mesa ves todas las aves posibles». No todos están en España y los hay de diversos tipos y precios, «porque entre los pajareros también hay mucha diversidad económica». Lonely Birder, «que juega un poco con la idea de las guías Lonely Planet, en este caos es el pajarero que viaja por su cuenta, y con ese punto friki que tenemos», es una web bilingüe español-inglés, –parte de la que se encarga Fergus Crystal, escocés y colaborador en la traducción de toda la información–. «La cuna del pajareo está sobre todo en Gran Bretaña, es el idioma más hablado en este mundillo y, de hecho, tenemos mucho tráfico de fuera de España. Es más, para promoverla estuvimos en la British Birdwatching Fair, que es la más importante feria de turismo ornitológico del mundo».