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Parques: la última frontera de la conservación

La mayor parte de la población vive en ciudades. Recuperar sus espacios verdes y conectarlos con las áreas periurbanas creando corredores de biodiversidad es imprescindible para luchar contra el cambio climático, asegurar el bienestar de los ciudadanos y evitar la extinción de muchas especies

Las previsiones estiman que el 70% de la población mundial vivirá en ciudades en 2050 (un 80% en España ya residen en centros urbanos). Por eso, el llamado ecosistema urbano se ha convertido en pieza fundamental en las estrategias de conservación de la naturaleza; mejorar su capacidad de acoger fauna y flora es vital para afrontar los desafíos climáticos de las próximas décadas y evitar la sexta extinción masiva de especies. Las ciudades ocupan el 3% de superficie, consumen el 78% de la energía y producen un 60% de las emisiones.

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La organización conservacionista Seo/BirdLife acaba de publicar un documento titulado «Cien medidas para la conservación de la biodiversidad urbana», que recuerda las principales ventajas de hacer de la ciudad un entorno amable con la naturaleza: «La biodiversidad aporta un sinfín de servicios ecosistémicos. Las arboledas urbanas ayudan a amortiguar la temperatura y los ruidos, limpian el aire de partículas en suspensión, reducen la escorrentía superficial y contribuyen a fijar CO2. Además, numerosos estudios señalan que un mayor contacto con la biodiversidad contribuye a mejorar la salud física y mental de la población urbana». También previenen la erosión de los suelos y las inundaciones.

El cálculo medio afirma que un metro cúbico de zona verde produce el oxígeno que respira una persona en todo un año, 200 m3, y absorbe 10 kg de CO2. Hace un año culminó un proyecto de ciencia ciudadana en Barcelona, gracias al cual se instalaron 810 medidores de contaminación por todo el área metropolitana; con los resultados se crearon mapas de contaminación en los que se ve cómo las calles menos contaminadas coinciden con aquellas donde hay jardines.

Renaturalizar la ciudad significa «aumentar las infraestructuras verdes; la utilización de vegetación en fachadas, azoteas, que además mejoran el aislamiento térmico del edificio, con los consiguientes ahorros energéticos. Crear pavimentos permeables y aumentar las superficies verdes y suelos para que drenen las aguas pluviales. Crear corredores ecológicos con el entorno de la ciudad, en cauces de río y conectarlos con bosques cercanos, para disminuir el efecto isla de calor. Crear anillos verdes alrededor de las ciudades con zonas protegidas y conseguir una malla mayor que llegue a zonas de montaña cercanas. Apostar por los huertos urbanos, recuperar ríos, arroyos y aumentar la biodiversidad en la ciudad con creación de reservas para mariposas y nidos artificiales», explica Fernando Prieto, doctor en Ecología y director del Observatorio de Sostenibilidad.

La situación en España es mejorable en lo que a planes municipales se refiere, aunque cada vez más la conservación se cuela en las gestiones locales. «Hay ejemplos en la Península, pero la integración de los espacios verdes todavía es incipiente. Lo básico es reverdecer los Planes Generales de Ordenación Urbana incorporando la naturaleza a los criterios económicos o de movilidad. Se puede hacer mucho simplemente recuperando las jardineras de los balcones», señala Nacho Fernández, autor de las cien medidas de SEO/BirdLife.

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Ejemplos españoles

El estudio «Análisis de la Infraestructura Verde Urbana en España 2015», de la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos y la Federación Española de Municipios y Provincias y la Asociación Española de Empresas de Parques y Jardines (se presentó en 2017), afirma que Zaragoza es la ciudad española con un mayor número de árboles por habitante, concretamente 19,53 por cada 100 ciudadanos.

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De las ciudades consideradas más pequeñas destaca Getafe, que concentra 37, 24 árboles por cada 100 personas. «Las calles deben tener arbolado abundante e inteligente, es decir, bien ubicado. Y ojo porque gran parte de la jardinería en los municipios españoles se basa en especies exóticas. Hay que cambiar el chip en este sentido, teniendo en cuenta nuestro clima frío en invierno y muy caluroso en verano», afirma José María Benayas, catedrático de Ecología de la Universidad de Alcalá de Henares.

En cuanto a espacios verdes, la ciudad de Vitoria es la que mayor superficie de zona ajardinada contiene, incluido su anillo verde. No hay que olvidar que esta infraestructura, que ha frenado la expansión de la ciudad para proteger sus espacios naturales, le valió a Álava ser declarada en 2012 como la Capital Verde Europea.

Vitoria sigue siendo el gran ejemplo de ecología urbana y ya han pasado varios años desde que iniciara su proyecto de anillo verde. La clave fue conectar los espacios perirubanos con los urbanos a través del anillo y recuperar humedales. «El proyecto empezó con el fin de evitar que la ciudad se inundara con las lluvias. Esto se hizo recuperando los humedales de los alrededores; zonas que se habían desecado y convertido en vertederos», matiza Ana Méndez, directiva de la consultora medioambiental Creando Redes.

«Uno de los primeros focos de atención son lo ríos, porque cuando atraviesan una ciudad hacen de corredores ecológicos naturales entre espacios verdes fuera de la ciudad. Luego hay que actuar en parques y jardines urbanos; en las calles y tejados y no olvidar los espacios periurbanos», continúa Benayas.

Ejemplo de renaturalización es el río Manzanares de Madrid. Un proyecto que comenzó en 2016 con la apertura de compuertas de las presas, que atrapaban el agua y la hacían parecer un lámina uniforme de mucho caudal. El resultado es que el río ha recuperado su estampa natural y han reaparecido todo tipo de especies, algunas autóctonas y dormidas en el lecho del río, como el sauce o el álamo. Han vuelto los barbos y un sinfín de aves desde las garzas reales, al ganso del Nilo, las gallinetas o el martín pescador. No sólo Madrid, grandes capitales como París o Múnich están acometiendo estas acciones para devolver sus ríos a la vida natural.

El año pasado se aprobó la Estrategia Nacional de Infraestructura Verde, Conectividad y Restauración Ecológica con el que están empezando a trabajar las CC AA. Ana Méndez alerta de que las actuaciones en solitario en conservación no tienen mucho sentido: «Es fundamental tener en cuenta los barrios periféricos. Las carreteras y los polígonos son los grandes olvidados; sólo se mantienen, pero restaurados podrían ayudar a quitar contaminación y facilitar la vida en las ciudades».

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Los techos verdes tampoco terminan de despegar a pesar de su potencial. Si una azotea en verano alcanza los 70-80 grados, con una cubierta verde nunca supera los 30. En Barcelona, de 95 hectáreas capaces de albergar cubiertas vegetales, sólo diez cuentan con estos pulmones.