Alergias: el exceso de higiene, una bomba de relojería para la población infantil

Las alergias son la causa más frecuente de enfermedades crónicas en niños. En España se calcula que hay más de 10 millones de alérgicos y el asma representa el 28-30 por ciento de todos los casos. Expertos debaten en A Tu Salud si el exceso de higiene, entre otros factores, es el causante de que los más pequeños sean hoy más propensos a enfermar

Cada vez escuchamos más aquello de «los niños de ahora no aguantan nada». Industrialización, genética y exceso de higiene, dicen, son los responsables de que las nuevas generaciones tengan «menos aguante» ante enfermedades clásicas de esta época, como las alérgicas y el asma. De hecho, en España se calcula que hay «más de diez millones de alérgicos. Una de cada cuatro personas sufre alguna alergia. El asma representa el 28-30 por ciento de todos los casos. Por ejemplo, las alergias son la causa más frecuente de enfermedades crónicas en los niños», explica José Francisco Tinao, director médico de la Clínica Medicina Integrativa y también presidente de la Sociedad Española de Medicina Integrativa.

Según este experto «hoy se sabe que una de las causas del incremento de las alergias tiene que ver con la denominada teoría de la “higiene excesiva”. Los niños (especialmente los urbanos) han perdido contacto con la naturaleza y muchas veces con otros niños. Los juegos colectivos en la naturaleza, el contacto con animales ya sea domésticos o agrarios protegen en la primera y segunda infancia frente a alergias de todo tipo». Es decir, tener infecciones banales en esta época de la vida protege de tener alergias en el futuro. «Y desde luego hay que medir mucho el uso de antibióticos. Evidentemente esto no debe ser tomado de manera radical, como la pauta a seguir siempre», aclara.

No obstante, para Elena Seoane Reula, inmunóloga y alergóloga de la Sección de Inmuno-alergia Pediátrica del Servicio de Alergología. Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, la hipótesis de la higiene, existe desde los años 70. «Es una teoría basada en la observación de que en los países industrializados conforme mejoraban las condiciones de vida y los niños estaban menos expuestos a infecciones se producía un incremento de niños que desarrollaban patólogas alérgica».

La explicación radica en que el sistema inmune se compone de dos «brazos»: el TH1 «que responde ante cuadros de infecciones virales/bacterianas/parásitos, y el TH2 para cáncer y enfermedades autoinmunes, el TH1 controla y modula el TH2, de manera que si no se ha desarrollado correctamente este primer brazo, ante cualquier agresión va a responder el TH2, con una reacción mucho más virulenta y favoreciendo la aparición de alergias», sostiene Tinao.

Por lo que, tal y como explica Seoane, «esta teoría sugiere que si el sistema inmune está latente y no encuentra gérmenes patógenos contra los que luchar, termina cambiando su repuesta protectora (TH1) hacia los mismos hacia una respuesta TH2 que es la que favorece la repuesta alérgica o la autoinmunidad».

No obstante aclara que, aunque es cierto que en la actualidad existe un aumento de la prevalencia de las enfermedades alérgicas, «el hecho de que se esté produciendo este incremento se debe a un origen multifactorial. Existe un importante factor, y es la predisposición genética». A eso se añade la exposición ambiental con alérgenos, «como por ejemplo, en las grandes ciudades donde en el ambiente hay una gran concentración de granos de pólenes durante un periodo más o menos largo (como la primavera) y a lo que se suman otros factores como lson a gran contaminación ambiental, los productos de la combustión diésel que se unen a los granos de polen y los hace más visible para el sistema inmunitario». Por tanto, no sólo se puede explicar por la teoría de la higiene.

Por su parte, Tinao corrobora que «la polución es un elemento en contra y representa una forma nueva de presentación clínica de las alergias. Un padre que fuma no puede fumar delante de sus hijos si tienen asma. Hoy hay que valorar la toxicidad medioambiental, los contaminantes del hogar: productos de limpieza, sprays, cosméticos, pinturas en el hogar... y polvo doméstico claro. En alergia hay que aceptar que es posible controlar algunos factores: por ejemplo no ingerir un determinado medicamento que crea una reacción, pero no es bueno tampoco la ansiedad por un imposible control total».

Aquí entra el juego el papel de las guarderías. Esa primera toma de contacto que tanto aterra a los padres. «Una excesiva protección, como a veces hoy ocurre con los niños, provoca que el sistema no module la respuesta, y más tarde lo hace de forma incontrolada: los síntomas son alérgicos. Entiendo a las madres pero sé que quieren lo mejor para sus hijos. Si esto se enseña y se entiende, se actúa en consecuencia. Ellas saben qué es lo que ocurre el primer año que llevan a sus hijos a la guardería: los mocos se los pasan unos a otros, ¿verdad? Es quizá una manera radical de entrar en contacto con los virus. Y no estoy hablando de extremos, sino de encontrar los caminos medios, el equilibrio», argumenta Tinao.

Por su parte, Seoane sostiene que «durante los primeros años de vida es cuando el niño está expuesto a una mayor carga infecciones y este periodo coincide con el de estancia en escuelas infantiles. Es bueno que su sistema inmunitario se exponga a las infecciones y generes sus respuestas y se fortalezca, pero todo su justa medida, si el niño está enfermo con fiebre no debe ir a la guardería, no hay necesidad de pasar infección en pie. De hecho recupérese bien porque la siguiente exposición/infección le espera a la vuelta».

Desde la medicina integrativa, Tinao sostiene que «la medicación actual controla en la mayoría de los casos los cuadros agudos de alergia, y su efecto es muy beneficios. Para la medicina integrativa el cambio viene en el tratamiento de base y en el mantenimiento, pues busca primero encontrar factores que, sin causar directamente el cuadro alérgico, sí lo favorecen». Así, por ejemplo, el experto argumenta que «en los niños son comunes que los casos de dermatitis, urticarias o cuadros vías respiratorias estén muy relacionados con la introducción de nuevos alimentos o nutrientes y también con las modificaciones de la flora intestinal y la presencia de un concepto nuevo denominado disbiosis intestinal. Muchas alergias tienen su origen en el intestino. Este sistema de interrelación es propio del modelo de medicina integrativa, que apoya tratamientos lo más natural posible mientras se pueda».

Vacunar

Otra de las hipótesis que se barajan en la mencionada teoría de la higiene es que en lugares como África, no existen cuadros alérgicos como aquí y allí no se vacunan. «De hecho no tiene la suerte de tener vacunas frente a su infecciones endémicas Las vacunas han sido uno de los grandes avances de la Medicina. La población debe saber que son necesarias para todos y que nos aportan un gran beneficio. El sistema inmunitario reconoce los agentes de la vacuna como extraños, los destruye y genera memoria, le confiere al sistema una mayor capacitación para luchar contra ellos. Cuando una versión realmente nociva de la infección llega al organismo, el sistema inmunitario está ya preparado para responder, neutralizar al agente infeccioso, reconocer y destruir las células infectadas. Sin vacunar cuando te expones al agente infeccioso, éste puede producirnos una enfermedad grave incluso mortal juegas en desventaja. De hecho nos vacunamos para prevenir enfermedades graves», concluye.

Comenzar a proteger en otoño

La Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (Seicap) recomienda que los niños que hayan sufrido rinitis y conjuntivitis alérgica en primavera inicien la vacunación en otoño para evitar los síntomas el próximo año. Los pediatras alergólogos advierten de que muchos niños sólo se tratan los síntomas, sin llegar a vacunarse, lo que afecta a su calidad de vida e incrementa el riesgo de asma. «El diagnóstico precoz y el tratamiento correcto preventivo pueden evitar en un número importante el avance de la enfermedad alérgica y sus complicaciones en aquellos niños que hayan iniciado síntomas recurrentes de rinitis o conjuntivitis alérgica», asegura Ana Martínez-Cañavate, coordinadora del grupo de trabajo de Inmunoterapia de la Seicap. Además, diversos estudios confirman la eficacia de las vacunas para evitar el asma alérgica. Así, un trabajo alemán publicado en el «Journal of Allergy and Cllinical Immunology», asegura que el tratamiento con inmunoterapia evita la aparición del asma en pacientes con rinitis alérgica. «En niños que sólo tenían rinitis alérgica sin asma y que han recibido vacunas antialérgicas, se ha bajado a la mitad el riesgo de desarrollar asma en los siguientes diez años», precisa la doctora Martínez-Cañavate.