Clotilde Vázquez: “En la lucha contra la obesidad hay muchos intereses creados y lobbys”

Jefa del Departamento de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid y miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición, CiberObn.

Apasionada de la docencia y de la investigación, es profesora asociada de la Universidad Autónoma de Madrid y ha publicado numerosos estudios científicos para conocer más a fondo la que está considerada la epidemia del siglo XXI.

La obesidad es, para muchos, la epidemia sanitaria más grave a la que nos enfrentamos en el siglo XX. ¿Podremos llegar a erradicarla o es misión imposible?

-Soy optimista en el sentido de que sí creo que podremos frenar la tendencia al alza de la obesidad que impera en los últimos años, pero lo cierto es que no tanto como para erradicarla. Realmente, nuestra forma de vida y el tipo de alimentación que domina en el mundo globalizado actual es muy predisponente hacia esta enfermedad y favorece su desarrollo.

-¿Cómo deberíamos frenarlo?

-Creo que es necesaria una implicación real y global, no sólo de los médicos y docentes, sino de todos los agentes sociales, políticos y ciudadanos. Esto se traduce, por ejemplo, en que hagan posible que sea más fácil hacer ejercicio de forma segura, vigilar muy bien la legislación alimentaria, corregir algunos de los problemas que hay ahora para lograr una alimentación más sana al alcance de los niños, etc. Este conjunto de acciones debe ser a nivel estatal y europeo, ya que sólo así se conseguirá echar freno a la obesidad.

-Parece que en eso todos los agentes están de acuerdo. ¿Por qué cree que es tan complicado ponerlo en práctica?

-Seamos claros, porque en esta lucha hay muchos escollos que vienen puestos a través de intereses creados y lobbys de poderes industriales que interfieren en el reto de atenuar la epidemia.

-¿Hasta qué punto la industria alimentaria es un escollo insalvable?

-Su papel es decisivo porque hacen uso de un marketing feroz que incluso se ha adueñado de conceptos como «saludable», «vegetariano», «casero»... Con esos conceptos en la etiqueta quieren atraer al consumidor, pero les corresponde a los ciudadanos exigir a los políticos que cumplan con su deber y no se dejen influenciar por las presiones.

-¿Los ciudadanos cada vez están más concienciados de la importancia de comer bien y evitar la obesidad?

-Sí que es verdad que la cocina saludable y el cuidado de la misma está de moda y en el ambiente se nota que cada vez hay gente más joven concienciada sobre lo que come, no sólo para evitar la obesidad, sino también otras enfermedades.

-¿Cree que las nuevas generaciones lograrán cambiar la tendencia del crecimiento de la obesidad?

-Yo creo que sí, aunque probablemente se verá una separación muy grande entre grupos sociales que quedan más marginados y en los que esa presencia de obesidad se agudiza más por la falta de recursos, frente a una población intermedia más concienciada con la alimentación saludable, el interés por el ejercicio físico, etc.

-Lo cierto es que vez hay más información nutricional a nuestro alcance, pero a pesar de ello las cifras de obesidad en España son muy altas en comparación con Europa. ¿Dónde está el problema?

-Hay mucha información, sí, pero no tenemos información veraz, que es de lo que se trata. Los testimonios y la documentación pueden llegar desde muchos sitios y en nuestra labor de médicos divulgadores ahora interfieren factores que han cambiado las reglas del juego, como los influencers que también hablan de obesidad, diabetes o dieta sana en las redes sociales. Nosotros, los profesionales, no estamos aprovechando el carro de la divulgación en las redes sociales que llega a las grandes masas. Creo que estamos perdiendo el tren de convertirnos en un poder de influencia adecuado y veraz, pues nuestra profesionalidad supone una garantía que estoy segura de que la gente agradece.

-Con esas tasas de obesidad, lo más alarmante son los datos en niños...

-Sin duda, porque los niños obesos de hoy serán enfermos del mañana. Debemos concienciar más a la sociedad de que el menor ha de comer bien y no lo que él quiera, pues hay alimentos infantiles procesados de muy mala calidad nutricional; no es que sean veneno, pero sobre todo en desayunos y meriendas son productos muy pobres en nutrientes y ricos en grasas y azúcares. Los padres y los educadores deberíamos tener una conciencia clarísima de que dichos alimentos pueden ser una excepción, pero no la regla de la comida infantil. Aunque, no nos olvidemos de que la dieta influye un 40% en el desarrollo de la obesidad, mientras que el otro 60% de la balanza lo declina el sedentarismo.

-¿Qué se hace mal en ese terreno?

-No puede ser que en las horas de escuela no haya tiempo para el deporte y la actividad física. En esta sociedad en la que vivimos, la verdad es que los niños no tienen otro sitio para moverse más que en el colegio, sobre todo en las ciudades. Por eso, en el contexto de hoy en día, en el que los menores van en coche o en autobús, no tiene sentido que la educación física que se da en el aula sea más teórica y que cada reforma educativa haya disminuido las horas de deporte. Eso es un error garrafal que vamos a pagar carísimo. Los niños de ahora tienen muchas más lesiones porque su aparato locomotor no se ha desarrollado adecuadamente, pues el cuerpo hay que moverlo con todas las articulaciones y eso debe hacerse a diario. Al igual que se dedica una hora a las matemáticas, también debería dedicarse otra que combine el juego y la disciplina de los movimientos.