Salud

Logopedas que mejoran la calidad de vida del autista

En Europa uno de cada cien niños tiene un trastorno del espectro del autismo. La coordinación de logopedas y pediatras es clave para su detección precoz

Bajo el nombre de trastorno del espectro autista (TEA) se esconde la realidad de más de 450.000 personas en nuestro país que caminan cada día a contracorriente. La razón no es otra que el hecho de que su sistema nervioso central no funciona correctamente.

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Según estudios europeos, uno de cada cien niños tiene un trastorno del espectro del autismo en Europa, aunque en España no existen estudios poblacionales ni censos oficiales de este trastorno del neurodesarrollo que muestra deficiencias en la comunicación, el lenguaje y la interacción social. Por ello, un pilar importante en el tratamiento es el trabajo realizado con los logopedas, quienes celebran hoy, 6 de marzo, el Día Internacional de la Logopedia.

«Las familias que tienen un niño con TEA a menudo se encuentran poco orientadas en el sistema sociosanitario», explica Alfonso Igualada, director del grado de Logopedia, que ofrecen conjuntamente la Universidad de Vic - Universidad Central de Cataluña (UVic-UCC) y la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). «La derivación entre especialistas a menudo les hace perder tiempo para derivar a los niños a los profesionales adecuados», alerta el experto. Para el especialista, la solución llegará cuando, desde la atención médica primaria, se efectúe una derivación directa a los logopedas.

«Las personas con TEA presentan dificultades en la comunicación y el lenguaje en distintos grados, desde una ausencia total de lenguaje verbal en los casos más severos hasta dificultades únicamente en la comprensión de algunos aspectos pragmáticos más sutiles como la ironía o el "doble sentido"de ciertos términos en los casos más leves», explica José Antonio Calvo, logopeda colegiado, especializado en atención temprana y trastornos del espectro del autismo y miembro del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid, quien hace hincapié en que ante estos casos, «la labor del logopeda es la de mejorar aquellos aspectos del lenguaje y de la comunicación para, gracias a ello, conseguir que la persona participe significativamente en todos aquellos entornos en los que se desarrolla su día a día de una forma inclusiva garantizando con ella una plena calidad de vida».

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La labor del logopeda, clave

Ante un paciente con TEA, la labor del logopeda resulta esencial. «El trabajo del logopeda está dirigido a mejorar la comunicación de la persona y a compensar las dificultades que pueden existir en el desarrollo de ciertas capacidades, como el lenguaje verbal. No existen, en la actualidad, estrategias, técnicas o terapias que "curen"el autismo, no obstante sí podemos trabajar para conseguir que una persona con TEA pueda tener una vida plena e inclusiva, de manera que la diferencia entre recibir tratamiento logopédico o no puede suponer que la persona pueda comunicarse e interactuar de forma productiva o no hacerlo», asegura José Antonio Calvo. Tradicionalmente se ha medido el éxito de la intervención del logopeda basándose en medidas objetivas del lenguaje, por ejemplo valorando la cantidad de vocabulario que la persona había aprendido, la complejidad de las frases que era capaz de utilizar o la cantidad de veces que se comunicaba con otras personas. «Sin embargo, en la actualidad las medidas del éxito empiezan a valorar más que esas mejoras realmente supongan un impacto en la calidad de vida, es decir, que esa persona tenga una mayor presencia en más entornos, más capacidad de elección, sea percibida como una persona capaz y competente y tenga una mayor participación en esos entornos, con herramientas de evaluación como el material Kids Life TEA», detalla Calvo.

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¿Cuáles son los signos de alerta del TEA?

Alfonso Igualada expone algunas de las señales que deben hacer levantar la alerta de los profesionales sanitarios y del lenguaje respecto al TEA: «Los profesionales de atención primaria en los centros de salud deben saber reconocer estos signos de alerta para asegurar una atención precoz de las patologías de la comunicación y del lenguaje».

En el plano comunicativo:

· No mira la cara de los adultos durante los seis primeros meses de vida.

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· No sigue la mirada del adulto cuando la dirige hacia algún lugar cuando tiene unos ocho meses.

· No muestra atención conjunta con el adulto hacia objetos y eventos cuando tiene entre seis y doce meses.

· No señala con el dedo.

En el plano perceptivo:

· No reacciona a los sonidos del entorno.

· No reacciona a palabras frecuentes, como mama o papa.

· No distingue entre palabras conocidas.

En el plano expresivo:

· El llanto no disminuye, las vocalizaciones no aumentan. A lo largo de los seis primeros meses, los niños desarrollan la habilidad de efectuar vocalizaciones con diferentes entonaciones, por lo que van reduciendo el llanto.

· No emite repeticiones de sonidos.

· No asigna sonidos a referentes.

· No dice palabras. Hacia los dieciocho meses, el léxico oscila entre las diez y las cincuenta palabras.

· No hace combinaciones de palabras.

Otros factores:

· Existe una pérdida o un retroceso en habilidades del lenguaje o sociales previamente adquiridas.

· Muestra una preferencia persistente por estar solo.

· Tiene dificultad para entender las expresiones de emociones (cara y sonidos).

· Se resiste a pequeños cambios de rutinas o al entorno.

· Se producen conductas repetitivas (balanceo, giros, movimientos repetitivos, alineación de objetos).

· Presenta una reacción inusual e intensa a sonidos, olores, texturas, luces o colores.

· Existe una reducción en la imitación de movimientos y sonidos.

· Muestra un pobre desarrollo del juego simbólico pasado el primer año de vida (por ejemplo: no da de comer a los muñecos, no hace caminar a los animales o no representa los movimientos de los coches de juguete).