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Boticaria García: “Los supermercados son farmacias con galletas para bajar el colesterol”

Hace unos años era farmacéutica rural en Villaescusa de Haro, un municipio de poco más de 500 habitantes; ahora, es una escritora superventas y pasa la vida entre Atocha y Barajas viajando para dar conferencias sobre Nutrición. ¿La gente está, cada vez, más interesada por su salud?

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-Afortunadamente. Aunque este interés tiene dos caras. Por un lado, es fantástico que a la gente quiera cuidarse; por otro, hay una burbuja con el mundo «healthy» que probablemente explote en algún momento.

-Acaba de publicar «El jamón de york no existe». ¿Por qué no?

-Porque la palabra «york» no está definida en la legislación. Es más, cuando aparece, suele ser el jamón cocido de peor calidad. Yo siempre recuerdo la regla de las tres «F»: fiambre, fécula, feo.

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-Siempre ha defendido que el comer bien comienza en la lista de la compra. ¿Qué hay que hacer para conseguirlo?

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-Para empezar, hacerla. Acudir al súper con una ruta bien definida resulta esencial para no caer en la compra por impulso. Mi filosofía es: «No compres basura y ten en casa sólo alimentos saludables». Ya te dará la vida ocasiones para comer todas las guarrerías que te gustan. Por poner un ejemplo: desayuna todos los días pan integral con aceite de oliva virgen y, el día que vayas a un hotel o al cumpleaños de un compañero, ya te tomarás un cruasán si te apetece. No se trata de prohibir nada, sino de que el consumo puntual sea eso.

-¿Un menú sólo tiene que alimentar o también tiene que curar?

-La comida saludable no sólo nos alimenta, sino que nos ayuda a prevenir enfermedades. Aún así, hay que diferenciar entre precaver y curar. Para realizar esto último, están los medicamentos. Los supermercados hoy juegan a ser pequeñas farmacias con galletas que bajan el colesterol (con un 20% de azúcar) o yogures que suben las defensas (con más 10 gramos de azúcar por unidad). Esto es un verdadero disparate porque el consumidor medio no dispone de herramientas para identificar estas estrategias de marketing.

-¿Son las etiquetas nutricionales auténticos jeroglíficos?

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-Para muchos consumidores, sí. Empezando por el azúcar, que tiene mil caras. Por no entrar en el capítulo de los polialcoholes, que a día de hoy son los grandes desconocidos. Otro melón por abrir son los aditivos. Hay gente que lee una «E» y sale corriendo porque vivimos en la era de la quimiofobia. En el libro explico que todos los productos añadidos son seguros en las dosis empleadas.

-¿Todo lo que nos venden como natural realmente lo es?

-Partiendo de que la legislación permite llamar natural a un producto que lleva aditivos, apaga y vámonos. En cualquier caso, que un producto se llame así no lo convierte en saludable. La cicuta lo es y yo no la querría en mi desayuno. Un ejemplo maravilloso son unos torreznos que están etiquetados como 100% naturales; lo serán para el fabricante, pero el consumidor debe saber que éstos son poco saludables.

-Ahora que están tan de moda los llamados «superalimentos», ¿se podría decir que son la estrategia perfecta por camuflar productos poco saludables?

-Se han convertido en la gran lavadora de conciencia para la industria alimentaria. Y, dentro de ellos, la quinoa es la reina. El famoso chorizo con esta semilla sigue siendo embutido. Pero claro, como lleva un «superalimento», parece que uno se lo puede comer con la conciencia tranquila. Seamos serios: el chorizo es un alimento cuyo consumo se debe limitar. El día que te apetezca comerte uno, híncale el diente al que más te guste. Estará más rico y te saldrá más barato.

-¿Cuál es el secreto mejor guardado por los supermercados?

-Que aparezcan ingredientes que están en un porcentaje muy pequeño con letras o dibujos muy grandes. Pero aquí hay un truco: si en el envase se indica que existe uno determinado, en la etiqueta nutricional es obligatorio indicar en qué porcentaje se encuentra. Así podremos descubrir, por ejemplo, que una ración de lacitos de pasta con verdura, en realidad puede llevar a tener menos de un gramo de ésta. Siempre hay que leer la letra pequeña.