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Obesidad: Los tratamientos farmacológicos son caros, poco eficaces y con efectos adversos

Sólo el 5% de los obesos tiene dinero para costearse los medicamentos, lo que lleva a la mayoría a optar por productos sin receta que pueden provocar riesgos para la salud

Foto: Gtres
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Sólo el 5% de los obesos tiene dinero para costearse los medicamentos, lo que lleva a la mayoría a optar por productos sin receta que pueden provocar riesgos para la salud

Adelgazar no es fácil. Además de la fuerza de voluntad y esfuerzo necesarios para hacer frente a la obesidad, las opciones farmacológicas disponibles tampoco resultan de gran ayuda pues, además de tener un efecto limitado, resultan costosas. Nos referimos a aquellos medicamentos que se dispensan con «receta». Porque si hablamos de la infinidad de alternativas no farmacológicas (como suplementos dietéticos) las expectativas son más desesperanzadoras y menos efectivas aún. Así lo entienden los expertos consultados por A TU SALUD con motivo del Día Mundial de la Obesidad, que tuvo lugar el 11 de octubre. La tasa en España se ha duplicado en los últimos 20 años y más de la mitad de los adultos tiene exceso de peso (36% sobrepeso y 17% obesidad).

Según las guías actuales, el uso de fármacos para adelgazar debe considerarse sólo en aquellos pacientes que no puedan conseguir una pérdida de peso deseable con los cambios de hábitos, actividad física y dieta, así como un Índice de Masa Corporal (IMC) mayor de 30. Además, tal como destaca Laia Robert, miembro de la Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria (Sefap), «deberían utilizarse siempre bajo supervisión médica, tanto en lo que respecta a su consumo como a las dosis recomendadas». Pero, ¿qué medicamentos son éstos? Actualmente existen tres opciones farmacológicas para la obesidad disponibles en España y Europa bajo prescripción médica: orlistat (Xenical), aprobado por la Agencia Europa del Medicamento en 1999 y desde 2014 existe una combinación de bupropión con naltrexona, que se comercializa con el nombre de Mysimba y también liraglutida 3.0, (Saxenda), inicialmente empleado para la diabetes.

La Sociedad Española de la Obesidad (Seedo) publicó recientemente un «Consenso ibérico sobre el tratamiento farmacológico de la obesidad en el adulto» según el cual la principal limitación al uso de medicamentos en el abordaje de la obesidad es el hecho de que no son susceptibles de financiación por el sistema público (SNS), lo que reduce su accesibilidad a los estratos socioeconómicos más desfavorecidos donde la prevalencia de obesidad es mayor. Tanto es así que sólo el 5% de los que la padece tiene capacidad económica para costearse estos medicamentos. Y es que los fármacos para la obesidad actuales tienen un precio que oscila entre los 100 y los 300 euros mensuales. Por lo que la posibilidad de que este grupo poblacional pueda financiarse un tratamiento para la enfermedad, que es crónica, resulta mucho más difícil.

Sin embargo, y según Robert, «tienen una eficacia bastante modesta, están asociados a numerosos efectos adversos, y de momento no hay evidencia suficiente para establecer su eficacia y seguridad a largo plazo, por lo que el balance beneficio-riesgo neto de estos medicamentos no está del todo claro». Y aunque coincide en que el hecho de no estar financiados por el SNS supone un importante coste para el paciente, los riesgos asociados a este tipo de fármacos «no justifican, salvo en casos extremos, los beneficios aportados, ya que suelen tener un impacto muy limitado y una vez suspendido su uso se recupera el peso».

Quizás sea su alto precio el motivo por el que son también de los más falseados y por el que se buscan alternativas más económicas –y menos eficientes aún– que no necesitan prescripción lo que en ocasiones pueden conllevar un riesgo para la salud. De hecho, 2,3 millones de españoles con exceso de peso confiesan que consumen medicamentos sin receta. ¿Las razones? Poder adelgazar rápidamente y sin demasiados sacrificios, para lo que, además, se suele acudir a lugares sin control médico alguno como son herbolarios, webs de nutrición y aplicaciones de compraventa tipo Wallapop, según datos del estudio «Stop obesidad. El exceso de peso y las dietas en España», realizado por Vivaz tras preguntar a 2.000 personas con sobrepeso y obesidad de todo el país.

«Existe una gran cantidad de productos milagro que sí se pueden comprar sin receta, pero que no tienen el aval científico que se logra cuando se demuestra en estudios científicos –apunta Francisco Tinahones, presidente de la Seedo–. Hoy la gama de productos es tan amplia y variada dentro del mercado que es difícil generalizar, hay aproximaciones totalmente inocuas hasta algunos productos milagro que, sin supervisión, pueden conllevar riesgos para la salud». Los medicamentos para el manejo de exceso de peso se han asociado a lo largo de su historia con diversos problemas de seguridad, que han llevado a la retirada del mercado de 25 de ellos entre 1960 y 2009.

Opciones de cirugía

Cuando la opción farmacológica no funciona (si en tres meses no se ha conseguido una pérdida peso de cinco kilos se recomienda suspender la medicación), la alternativa está en la cirugía, con resultados mucho más notables. En este caso el abanico resulta muy amplio, aunque, tal y como advierte Gontrand López-Nava, director de la Unidad de Endoscopia Bariátrica del Hospital Universitario HM Sanchinarro de Madrid, «en obesidad la tendencia es a ser más educacionales y menos invasivos. En este sentido, la gran novedad en cirugía es, por tanto, la endoscopia para la obesidad, consolidada como el tratamiento más seguro, novedoso y eficaz, por alcanzar a grandes segmentos de la población». En este caso, las reducciones de estómago se realizan ahora a través de la boca, por endoscopia, donde se logra una considerable disminución de la capacidad del estómago, del hambre y una mayor saciedad. Las técnicas existentes, en las que el doctor López-Nava es experto mundial, permiten beneficiar con sus resultados a un amplio número de personas. «Pero los grandes resultados se deben a la combinación con otros tres factores imprescindibles: un departamento psicológico, un equipo médico experto en Nutrición y un asesoramiento deportivo. En este sentido, el equipo multidisciplinar ayuda a la persona a lograr un cambio en los hábitos, unas mejores rutinas alimenticias, la consolidación de la actividad física y un mantenimiento del peso a largo plazo». Y es que, para combatir la epidemia del siglo XXI resulta esencial hacer un cambio global de hábitos y duradero en el tiempo.