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El Madrid de Aganzo

A Madrid se la ama por igual desde la barra de una taberna que desde la butaca del teatro, la ópera y el musical; desde una terraza de Lavapiés, o en el Mercado de San Miguel, entre tapas, cañas y sabrosas barcas de manzana. Paseando por la Gran Vía o en el Prado, frente a los azules de Velázquez y los blancos de Zurbarán. En realidad, Madrid son muchos madriles.

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Desde el capitalino, hasta ese otro más íntimo de tascas y fondas centenarias, casas de comidas, chocolaterías,callejones donde igual apuñalan a condes que a chulapos, opasadizos lentos, que se abren a conventos y casas de mancebía, por el Madrid de los Austrias.

De esa Villa y Corte de la Cultura, y de las Artes, que saca pecho ante el mundo, y del otro Madrid, transgresor y desmelenado, que se adentra en la noche con sus seducciones y su cama rica y no termina de ver el amanecer, habla Carlos Aganzo, el que fuera director de El Norte de Castilla, Diario de Ávila y subdirector del desaparecido Ya, además de prolífico autor, en su última obra, titulada Madrid, con la que la editorial Tintablanca inicia una singular colección de libros de viaje, cuidada y exquisita, para los amantes de los viajes y la buena literatura; gustosos de libros y disfrutones, en definitiva, que aman la originalidad y saben apreciar lo bueno.

Esta guía de Madrid abre las puertas a un modo diferente de contar las ciudades, a partir del cuaderno tradicional, que se rescata y se reinventa, a través de la caligrafía, la escritura y el dibujo, de la mano de los primeros nombres de las letras y el periodismo, como es el caso de Carlos Aganzo, quien ha dejado la huella de su talento y sagacidad en el periódico, la poesía, la radio y la televisión.

A Aganzo le distingue la bondad personal y una inteligencia serena, que marca su quehacer periodístico, e incansable tarea como dinamizador del saber en todas sus formas. Pero como nadie es perfecto, como bien sabe el amable lector, a nuestro autor le distingue igualmentela ironía y la retranca del gozador que es, como queda de manifiesto en las páginas de este Madrid, bellamente ilustrado con pinceladas originales y únicas por Ximena Maier.

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Un diez para Tintablanca, que ha arriesgado, en tiempos revueltos para el papel y los libros, con mucho esfuerzo y mimo, para ofrecernos una pieza de artesanía creada con amor, desde lo útil y esa capacidad de sorprender, imprescindible a todo viaje.