Brexit means CHAOS

Theresa May/Ap
Theresa May/Ap

En el vértigo de su primera comparecencia de prensa como primera ministra, Theresa May, respondió con una tautología a la pregunta de qué era el Brexit: “Brexit means Brexit”. Un mantra que ha repetido durante un año y medio porque no había otra forma mejor de describir lo desconocido. Nadie sabía en ese momento qué significaba la salida de Reino Unido de la Unión Europea ni cuáles eran sus consecuencias. Todo era vértigo.

Dieciocho meses después y tras unas duras negociaciones entre Londres y Bruselas, sabemos que Brexit o -al menos la versión que defiende la primera ministra- significa mantenerse en la Unión Aduanera durante un periodo de transición de dos a tres años -en el mejor de los casos- y un plan de contingencia “backstop” en Irlanda del Norte que impide una frontera dura con la República de Irlanda pero que, al mismo tiempo, otorga a la provincia un estatus jurídico diferente al resto del territorio. Dos líneas rojas para los “brexiteers” más duros. May tardó cinco horas en arrancar un acuerdo colectivo, que no unánime, de su Gabinete sobre el borrador de la salida, pero ni 24 horas después trascendieron las primeras dimisiones. Otro jueves negro para la primera ministra. Siete dimisiones, la más destacada la de su ministro del Brexit, Dominic Raab, dejaron al descubierto un Gobierno en descomposición.

Nadie quiere ocupar este puesto (Michael Gove, ha sido el último en decir “no”) porque nadie quiere cargar con su coste político. May camina como una funambulista sobre el alambre y con una voz en off que dice: “Y más difícil todavía...”. El primer contacto con Westminster tras el acuerdo fue poco alentador. Mostró un Parlamento profundamente dividido. Diputados de una y otra bancada prometieron tumbar el acuerdo. Desde sus propias filas, el Partido Conservador, volvió a tomar fuerza la amenaza de una moción de confianza para disputarle el liderazgo.

El eurófobo Jacob Rees Mogg advirtió de que esta vez se moverían más rápido. “El avance más decisivo” que defendió el negociador jefe de la UE, Michel Barnier, en Bruselas, se plasmaba en Londres como el paso más incierto. El impasse es total. No hay una mayoría clara para sacar adelante el acuerdo con la UE. No hay una mayoría para el Brexit duro. Y no hay una mayoría para un segundo referéndum como piden los “remainers”. Brexit means Brexit and Brexit means chaos.