Política

Espías de novela

En enero pasado, la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (URJC) organizó unas Jornadas de Literatura y Espías a las que fui invitado junto con los más prestigiosos escritores del género de nuestro país. Figuras de primera línea de la literatura contemporánea española entre cuyas obras, algunas o alguna, tratan sobre “el tenebroso mundo de los espías”, en palabras del autor catalán Pastor Petit.

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De allí nació el Club Le Carré, al que me siento honrado de pertenecer, dirigido y coordinado por Fernando Martínez Laínez y José Luis Caballero, cuyas obras son extensas y exitosas, unos enamorados del mundo de los servicios secretos que saben plasmar con intriga y realismo.

Esa es la palabra mágica: realismo. Cuando nos conocimos, Fernando me comentó que todos ellos escriben sobre temas que investigan y yo sobre vivencias propias. Cada una tiene sus ventajas e inconvenientes. Fabular permite echar la imaginación a volar y hacer la narración tan atractiva como sea capaz el autor, sin embargo el peligro estriba en que la historia que se narra y sus circunstancias sea creíble. A poco que no se sea riguroso puede salir una historia a lo James Bond, bonita y atractiva pero poco creíble. El trabajo de documentación resulta muy importante, imprescindible, es lo que le da realismo a la obra.

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En el otro lado, el autor biográfico no necesita documentarse sobre algo que ha vivido en primera persona, la dificultad está en la habilidad para transmitir fielmente lo sucedido. Personajes y escenarios permanecen fieles en su memoria, situaciones comprometidas que no se olvidan nunca hasta en los más mínimos detalles. Luego viene lo difícil para el autobiógrafo, la narración del hecho sucedido. Eso ya depende de las dotes personales para la narrativa. Por eso algunos agentes del CNI han confiado en la experiencia y saber hacer de periodistas reconocidos.

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David John Moore Cornwell, verdadero nombre de Le Carré reúne todas las cualidades y conocimientos, todas las experiencias, como miembro del MI5 y MI6 británicos, los servicios de inteligencia del Reino Unido, que le han convertido en el más brillante escritor del género. Naturalmente no todo lo que escribe, quizás solo un reducido tanto por ciento, está basado en experiencias propias, pero cuando fabula conoce perfectamente donde está el límite y nunca se excede. Todo es creíble y si no ocurrió bien pudo haber ocurrido.

Dado el éxito de las pasadas Jornadas de Literatura y Espías, se están preparando, para principios del próximo año, otras dos ediciones, una en la propia URJC y otra en Zaragoza. Recomiendo a los aficionados a este género literario la asistencia a estos dos certámenes.

La literatura de espías sigue viva, yo diría que en España está pasando por una etapa brillante, aunque todo lo que se publica, según verdaderos expertos del tema, no sea digerible.

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