Los Youtubers también lloran

En el mundo virtual quizás no todo vale. La ofensa es doblemente repugnante si además se hace de manera anónima, tras un perfil falso, bajo el paraguas de la tan usada –y desconocida– libertad de expresión. Los sinvergüenzas existen y existirán siempre, y se seguirán delatando ante el mundo vía Twitter con cada comentario odioso acerca de la realidad.

Ahora está muy a la orden del día ser YouTuber, incluso hay quien plantea poner en marcha un ciclo formativo al respecto. Utilizar una plataforma virtual para mostrar al mundo vivencias, experiencias, videojuegos e incluso cámaras ocultas, está muy bien. Entretiene y se pasa el rato. Aunque últimamente veo que hay algunos YouTubers que se dedican a sacar carcajadas a sus usuarios a costa de la desgracia de otros. O de la ridiculización del pobre transeúnte que se ve envuelto en una broma con cámara oculta.

Del mítico Caraanchoa que ya ha hecho historia, llega un joven que se mofa de un vagabundo al que entrega galletas rellenas de dentífrico. El ‹‹reto››, como él lo llama, podría haber sido perfecto, pues los veinte euros que entregó a aquel sintecho seguro que eran suficientes para comprar un par de paquetes de galletas, pero el YouTuber tuvo que hacer la broma y le entregó las galletas con pasta de dientes. Y no sé por qué ha causado tanto revuelo, ya que ha argumentado que ‹‹le ayudará a limpiarse los dientes que seguro que no lo hace desde que es pobre››.

El mundo de lo virtual está guay, hasta que tu gracia se convierte en tu vergüenza y la denuncia llama a tu puerta. El límite siempre está presente, otra cosa es que no se quiera ver.