No hay sinónimos

El sistema educativo cada día se desvirtúa más. Pasan los años, las generaciones y los gobiernos, pero el fracasado precedente parece que no es motivo suficiente para asentar una legislación fuerte, consistente y, sobre todo, constante y duradera en materia educativa. Los cambios pellizcan las neuronas de los más jóvenes, comenzando su etapa estudiantil de una manera dudosa y preocupados por el qué vendrá, pues mal se sabe cómo se empieza pero su fin es totalmente una incógnita que acongoja -y acojona- a toda la comunidad educativa.

Leo un titular que reza de esta guisa: ‹‹Urgen a Educación a decidir un sinónimo de aprobar la ESO con menos de un cinco››. Creo que ni la RAE ni ningún otro diccionario contemplan un término análogo para dicha situación. Es más, considero que la palabra que se está buscando no debe ser razón de expedición, pues data de largo tiempo y es comúnmente conocida como: suspenso. Ahora se apuesta por la posibilidad de titular con un máximo de dos asignaturas suspensas, siempre que estas no sean Matemáticas y Lengua y Literatura. Lo que en un primer momento se entonaba como una novedad al tener que aprobar con una media superior o igual al cinco con dos asignaturas suspensas como máximo (sin que sean las dos mencionadas anteriormente) para poder titular, ha quedado reducido a términos de la LOE, donde el título se conseguía con dos o, en algunos casos, tres asignaturas suspensas, salvando, eso sí, las dos asignaturas que parecen ser ‹‹las madres de todas las asignaturas››. En fin, el charco cada vez se asimila más a un leganal, trastocando a los inocentes que pisan por primera vez un instituto y que todavía no se plantean su vida a cuatro años vista.

Quizás la LOMCE ha sido la peor ley de educación que se ha cocinado en España, incluso ha costado la dimisión de un Ministro, cuyo hermano era el primero en liderar las manifestaciones en su contra. Tristemente, ni en su casa le querían. Pero también, quizás, esta simple y lógica exigencia de obtener el título de la ESO con una calificación mínima de cinco era el único ingrediente que podía hacer honor a su nombre: <>. No obstante, en España, eso de liderar tasas de fracaso escolar parece que es una etiqueta que nos gusta llevar puesta y no se puede cortar.

A mi juicio, se está desvalorando al buen estudiante, trabajador, firme en su tarea y que sufre el descenso de becas, en favor de premiar el esfuerzo mínimo regalando títulos al que no aprueba. Porque, nos guste más o menos, una nota inferior a un cinco es un suspenso. Y si no, que se lo pregunten a los universitarios.

Es curioso como la educación cada vez influye más en nuestras vidas y en nuestro día a día, y es que los cambios y avances requieren de savia nueva capaz de adaptarse a los nuevos tiempos. Por lo que se ve, en esos nuevos tiempos la Literatura Universal, y en general las Humanidades -aunque eso da para otro debate-, no tiene cabida. Cortando de raíz la cuna del pensamiento y la base de una sociedad crítica, en suma con un plan educativo escueto, impreciso e irracional, conlleva a ensalzar y a engrandar esa etiqueta que llevamos implícita.

En pro de la Literatura, en Valladolid este año estamos de celebración, pues nuestro querido José Zorrilla cumple doscientos años. Es de agradecer que hace unos días también se conmemoró los cuatrocientos y un años del fallecimiento de Miguel de Cervantes, que como ya pasó ‹‹su año (2016)››, algunos ya no se acuerdan de él hasta dentro de otros cientos de años. No obstante, hay algún vecino que todavía no se ha acabado de enterar de la fiesta, pues la última conversación que llegó a mis oídos en un bus fue: ‹‹Ah, ¿pero ya cumple doscientos años el estadio del Real Valladolid?>›.

Estragos de un sistema educativo pletórico.