Otro túnel amenaza Valladolid: ¿adiós al soterramiento sostenible del tren?

“Es el momento de volver a unirnos para crear un Valladolid acorde a los tiempos que corren, al margen de ideologías”

Alfon Arranz

Aunque no me gusta la política, aquí voy a hacer una excepción por mi querida Valladolid. Mi punto de vista es exclusivamente el de un vecino. Los últimos años hemos imaginado el soterramiento, tal y como nos lo habían anunciado, anhelando que la ciudad castellana fuera ya una población integrada en el siglo XXI con su tren bajo tierra. Fuimos capaces de soterrar un río en el siglo XIX, pero algunos no son capaces de ejecutar un paso subterráneo, aunque sea de kilómetro y medio de vía ferroviaria.

Ahora el sueño parece que se esfuma definitivamente: una céntrica calle, Panaderos, será destruida con pico y pala en unas semanas para que la atraviese una de las soluciones urbanas más ruidosas y oscuras del siglo XX, un túnel para peatones y tránsito de vehículos que poco o nada aporta, existiendo un paso semejante a poco más de cien metros en la paralela calle Labradores.

Los vecinos a uno y otro lado de las vías no quieren el túnel; los propietarios de las tiendas y otros negocios tampoco; las asociaciones y comunidades de propietarios, aún menos. Entonces, yo me pregunto: ¿quién lo quiere? ¿Quién tiene tanto interés en perforar a estas alturas, destrozando el mítico viaje de aguas de Argales, obra de ingeniería hidráulica que se encuentra con nosotros desde el siglo XVI? Si Sherlock Holmes vivía en Baker Street, acaso sea ésta una señal para que tomemos la gorra y la pipa e investigamos los “misterios” de la calle Panaderos.

La operación es parte de lo que se ha bautizado como “integración urbana del ferrocarril”, siendo más bien lo contrario. La Plataforma para el Soterramiento del Ferrocarril de Valladolid ha realizado tantos informes favorables para poder modernizar el paso del tren con las vías bajo tierra, que no deja de sorprender la decisión final de los ediles. Máxime cuando muchas otras ciudades han adoptado esta solución: Gerona, Lérida, Barcelona, San Feliu, Moncada y Reixach, Málaga, Murcia, Córdoba, Logroño, Elche, León, Cádiz, Vigo, Langreo, Madrid, Zaragoza. En otras localidades se está realizando el proyecto o el estudio informativo. Más de 13.000 firmas de los vallisoletanos piden al Ayuntamiento que retome el proyecto existente de soterramiento.

Además de estas consideraciones urbanísticas, también hay alternativas económicas: soterrar por tramos, elaborar pasos en lugares más anchos o, simplemente, dejarlo como está por el momento; desde luego, que es preferible cualquier cosa antes que un túnel, no precisamente barato, para abrir en canal una calle, que es tanto como romper la paz y la tranquilidad de quienes habitan sus casas.

Es el momento de volver a unirnos para crear un Valladolid acorde a los tiempos que corren, al margen de ideologías. O dicho de otra forma: la vida cotidiana de los vecinos de Valladolid no puede ni debe depender de una sola decisión política sin consensuar. Así que los ciudadanos de esta ciudad esperamos y deseamos de corazón que el gobierno municipal retome aquella iniciativa que fue aceptada como bandera de progreso urbanístico y promesa electoral -”Las obras del soterramiento empezarán antes del 30 de junio de 2012″-, como prometió el entonces candidato y ahora alcalde de Valladolid.

Qué mejor ejemplo que reconsiderar la que sin duda es la mejor solución para unos vecinos que durante tantos años han ido pagando sus hipotecas, creando sus negocios de la nada y sembrando sus vidas, viéndolas crecer durante generaciones en ese huerto de todos que es la calle.

Soñábamos con peatones que caminaban por encima del tren, recuperando un espacio de tránsito tan necesario y que les corresponde, un espacio que habitan y en el que conviven.

Cuando pensamos en el Valladolid del futuro, la división ferroviaria de una ciudad nos aleja cada vez más hacia el pasado; nos distancia, en definitiva, de las grandes urbes del presente y, por supuesto, del futuro.

La calle es la memoria viva de nuestros bisabuelos, abuelos, padres y de todos los que hacemos de Valladolid una de las capitales más hermosas y atractivas de Europa. Destruir el paisaje y alterar la armonía del paisanaje con una ruidosa tuneladora, al estilo de tiempos pretéritos, no es muy moderno ni sostenible que digamos. Y mucho menos hacer que los ciudadanos del futuro atraviesen al otro lado de una metrópoli “moderna” por un pasaje tan antiguo... dividida definitivamente en dos.