Economía

Inteligencia Artificial, una gran realidad encaminada a un mundo más rápido

Desde el AIR Institute trabajan aplicando la informática en ámbitos como el Internet de las Cosas o la IA para transferir sus investigaciones a la sociedad

Juan Manuel Corchado, presidente del AIR Institute
Juan Manuel Corchado, presidente del AIR InstituteDavid ArranzIcal

Una barrera de parking que abra automáticamente tras leer la matrícula de un coche, el asistente de voz de la televisión del salón, los smartphones o aplicaciones médicas como la cirugía robótica Da Vinci. La Inteligencia Artificial (IA) está en boca de todos, pero no llegó hace un año con Chat GPT, sino que forma parte de un día a día del que ya es indispensable.

“Es como un virus que te entra y hasta que no te mata, no te das cuenta de que te ha matado. Si no, está ahí, haciendo su trabajo”, explica el director del AIR Institute, Juan Manuel Corchado, en relación a una tecnología que “lleva muchos años siendo una gran realidad en muchos ámbitos de nuestra vida sin que nosotros lo sepamos”, y que viene encaminada a crear un mundo más rápido casi imposible de frenar.

Gracias a su modelo de lenguaje, la IA es capaz de relacionar conceptos tras un entrenamiento, de entender problemas, memorizarlos y resolverlos. Pero, como cualquier algoritmo, también puede manipular los resultados. “La Inteligencia Artificial tiene la capacidad de tratar a todo el mundo por igual o de discriminar en función del contexto”, continúa Corchado, lanzando la pregunta de si es algo bueno o malo.

Lo que deja claro, es que a partir de ahora “el mundo va a ir mucho más rápido”. Y va a hacerlo en todos los aspectos, evolucionando de manera distinta a lo que hacía. Un escenario ante el que se plantean diferentes hipótesis: liberará carga de trabajo, habrá más tiempo para el ocio, o, por el contrario, unos trabajarán más y otros se quedarán sin empleo. “El que no se adapte está perdido”, sentencia el experto.

Pero la ventaja actual de la Inteligencia Artificial es que ha ido avanzando hasta ponerse al alcance de cualquiera. “Antes era una cosa difícil. Tenías que entenderla conceptualmente, conocer las matemáticas y saber programar”, continúa Juan Manuel Corchado. Ahora, quien más y quien menos ha trasteado con Chat GPT, lanzándole alguna pregunta y sorprendiéndose, o no, con su respuesta.

Desde el lanzamiento de Facebook, la red social tardó en alcanzar los dos millones de usuarios unos seis años. Chat GPT lo hizo en dos meses. “Aquí el que le pilla el toro es porque se queda quieto. Hay que moverse un poquito, pero no es difícil”, anima Corchado ante una invitación a indagar en un mundo en el que todavía se puede aprender de cero y colocarse en un nivel muy alto de conocimiento. Subirse a un barco que ya ha partido, pero que no debe percibirse como algo malo, sino como una tecnología que ya permite “crear sistemas extraordinariamente potentes y buenos”.

Air Institute

Contando con la ventaja de la moda de la Inteligencia Artificial, desde el Air Institute han apostado por esta tecnología como el punto fuerte de su trabajo, compaginándolo con otros ámbitos de la informática como el Internet de las Cosas y la ciberseguridad. El centro, que inició su andadura hace poco más de cinco años para complementar al grupo de investigación de la Usal Bisite, forma parte de la red de centros tecnológicos de Castilla y León NODDO.

Por ello, tienen la vista puesta en la investigación aplicada, para transferir a la sociedad los productos que realizan, y poder facilitar trabajo a las empresas colaboradoras y que las instituciones puedan confiar en que su resultado final cuenta con todos los elementos necesarios para ponerse en el mercado.

Unos productos enfocados al desarrollo de las ciudades inteligentes, los Smart Grid, o la industria conectada, también llamada industria 4.0 o 5.0, además de contar con una unidad trabajando en temas de bioinformática y neurociencia, textiles inteligentes o la tecnología blockchain. Para ello cuentan con tres sedes, una recién estrenada en el barrio de Puente Ladrillo en Salamanca y cedida por el Consistorio charro, donde cuentan con 80 trabajadores, otra en Béjar y, por último, una más en el Parque Científico de la Universidad de Valladolid.

En total, alrededor de un centenar de personas que destacan por ser una plantilla joven. Y, además, desde el centro prevén poder duplicar el número de personal de cara a los dos próximos años, creciendo “de forma sostenible y de manera que no comprometa la viabilidad del centro”, señala su director.

Dentro de las paredes del Air Institute se han creado, a lo largo de estos años, plataformas para poder construir ciudades inteligentes a nivel de gestión de datos, para tratar datos genómicos encaminados a facilitar la identificación de tumores o cánceres, sistemas de ciberseguridad o han desarrollado sistemas de análisis de datos utilizados por implantes cerebrales que pueden recoger la aparición de episodios de epilepsia en pacientes.

Marca Salamanca Tech

Encaminados a encontrar un lugar para los ingenieros e ingenieras que deseen desarrollar su labor profesional en Salamanca, desde el Air Institute forman parte de la marca Salamanca Tech, una idea que surgió para potenciar a la capital del Tormes como un lugar atractivo para la industria y para los profesionales. “Queríamos visualizar que Salamanca es una ciudad en la que la industria de la informática, la industria tecnológica es cada vez más potente”, explica Corchado.

Además, muestra su convicción en que la ciudad cuenta con potencial para poder atraer a empresas del sector, conocedores de la mano de obra disponible. Por ello, ahora, su objetivo es difundir todo este concepto a nivel nacional e internacional, para posicionarse como ciudad inteligente y tecnológica, poniendo en valor las empresas informáticas con las que cuenta la ciudad.