Emmett Till, el crimen racista que lo cambió todo en Estados Unidos

El precedente más inmediato del caso George Floyd sigue siendo un asesinato sin resolver

Estados Unidos arde y, de nuevo, es el racismo el culpable. La muerte injustificada, casi podríamos hablar de asesinato, del ciudadano negro George Floyd fruto de la brutalidad ejercida por el policía de Minneapolis Derek Chauvin ha provocado una oleada de protestas en numerosas ciudades estadounidenses. Pero, por desgracia, no es un caso aislado. A lo largo de las últimas décadas han sido numerosos los crímenes que han tenido lugar solo por odiar a una raza. Probablemente el más brutal de todos fue el que tuvo como víctima a un muchacho de 14 años llamado Emmett Till.

El 28 de agosto de 1955, el joven, procedente de Chicago, pasaba las vacaciones de verano en la casa de unos familiares cerca de Money, un pueblo de Mississippi. Nunca se ha aclarado qué ocurrió, pero cuatro días antes había coincidido en una tienda con una chica de 21 años de nombre Carolyn Bryant. Hoy en día todavía pervive la especulación sobre ese encuentro: Emmett habría intentado coquetear con ella e, incluso, silbarla al verla pasar a su lado. Igualmente se ha dicho que intentó agarrarla por la cintura y darle un beso. Que un negro se atreviera a algo así en la muy racista región del Mississippi era un escándalo, algo que Carolyn no dudó en explicarle a su violento marido Roy Bryant.

Roy, en compañía de su medio hermano J.W. Milam, decidió darle a una lección al chico y fueron hasta la casa de su tío abuelo donde lo apresaron. A Emmett Till lo mataron de todas las maneras que se puede matar a un hombre. Golpearon su cara hasta hacerlo irreconocible con toda la saña y el odio propio del supremacismo blanco, hasta el punto de arrancarle uno de sus ojos. Mutilaron el cuerpo y luego dispararon a la cara para finalmente arrojar el cuerpo al río Tallahatchie. Enrollaron en su cuello alambre de espino y un pesado ventilador con la esperanza de que el cadáver desapareciera en el agua para siempre, pero no tuvieron suerte porque fue descubierto flotando tres días más tarde. Se había demostrado que el ser negro en el sur de Estados Unidos era peligroso.

La madre del adolescente, Mamie Elizabeth Till-Mobley, fue la encargada de reconocer lo que quedaba de Emmett. Hasta ese momento, las noticias sobre el racismo en Mississippi apenas tenían eco en la prensa estadounidense y, desde luego, no merecían espacio alguno en los periódicos del sur. La segregación racial se había convertido en una norma para muchos y el movimiento negro todavía no disponía de un líder. La única manera de poder dar visibilidad a esa tragedia era mediante la fuerza de la imagen. Tras ver el estado en el que había quedado el cuerpo de su hijo, una vez trasladado a una funeraria de Chicago, la madre de Emmett se puso en contacto con David Jackson, el fotógrafo de la revista “Jet”. Mamie quería que todo el mundo supiera qué habían hecho con Emmett y Jackson lo recogió con escalofriante detalle con su cámara. De esta manera, el mundo pudo ver impreso el rostro desfigurado por la violencia racista expuesto en una fría sala de una funeraria. La cosa no acabó ahí: el féretro se exhibió abierto para que todos vieran lo que habían hecho con un adolescente de 14 años.

El asesinato de Emmett Till trascendió y no quedó relegado a un suceso local. Fue la primera llamada de atención de que algo grave estaba pasando en Estados Unidos por culpa de juzgar por el color de la piel. Si había alguna duda de ello, el juicio que tuvo lugar en septiembre de 1955 reforzó todo eso. Roy Bryant y J.W. Milam fueron absueltos de secuestro y asesinato. El jurado, compuesto por blancos, reconoció que si tardó un poco en dar su veredicto fue porque necesitó un descanso mientras deliberaban. Unos meses más tardes, los dos hombres admitieron en las páginas de la revista “Look” que habían matado a Till, pero no hubo nuevos cargos contra ellos.

Aquella fue la llama para el nacimiento del movimiento por los derechos civiles y para que empezaran a salir a escena figuras históricas como Rosa Parks, Martin Luther King jr. o Malcolm X. En Alabama empezó el boicot a sus autobuses por separar a los viajeros por el color de su piel. Por su parte, el caso se ha intentado abrir con el paso de los años, la última vez el pasado año. Los dos asesinos ya no viven, pero una placa recuerda en el Museo de los Derechos Civiles de Tennesee la confesión de Milam en ese asesinato: “¿Qué más podía hacer? Pensó que era bueno como cualquier blanco”. El pasado año el FBI volvió a investigar la tragedia, la primera de muchas y que desemboca en la muerte de George Floyd.